El derecho de sucesiÃn de Manuel Camacho

RamÃn Alfonso Sallard

El 28 de noviembre de 1993, Manuel Camacho se enterà con asombro que el elegido por Carlos Salinas para sucederlo en la presidencia de la RepÃblica era Luis Donaldo Colosio, su pupilo, y no Ãl, su igual desde la Ãpoca estudiantil.

El regente capitalino habÃa aceptado participar en el proceso sucesorio con las reglas no escritas del antiguo rÃgimen polÃtico âla principal era que el presidente en turno elegÃa sucesor–, pero cuando el resultado no le fue favorable, las desconociÃ. No solo se negà a acudir con Colosio a felicitarlo, como lo hicieron todos los demÃs miembros del equipo salinista, sino que, ademÃs, hizo pÃblica su inconformidad, lo cual representaba una grave y doble indisciplina, segÃn la ortodoxia imperante entonces en el priismo.

Camacho y Marcelo Ebrard, secretario de Gobierno del DF, renunciaron a sus cargos en la capital del paÃs, despuÃs de negociar con el presidente su traslado a la SecretarÃa de Relaciones Exteriores, el primero como titular y el segundo como subsecretario. Los propios actores polÃticos y sus cercanos contarÃan tiempo despuÃs lo que sucediÃ, ya sea en artÃculos o entrevistas periodÃsticas, en ensayos y libros, o bien, en declaraciones ministeriales rendidas ante la FiscalÃa Especial del caso Colosio.

Con matices, las fuentes coinciden: Camacho creÃa tener derecho a la sucesiÃn no sÃlo por su estrechÃsima relaciÃn amistosa y polÃtica con el presidente desde varias dÃcadas atrÃs, sino tambiÃn porque el ideÃlogo del salinismo era Ãl, no su compadre Carlos Salinas. AdemÃs, claro, de ser su principal operador polÃtico. O eso creÃa Ãl.

Lo que resulta indiscutible es que Manuel Camacho fue el creador del âgrupo compactoâ salinista, cuyo objetivo fue la toma del poder presidencial en MÃxico por parte de una nueva generaciÃn de priistas reformistas educados en el extranjero. Su idea fue planteada pÃblicamente, por primera ocasiÃn, en la ediciÃn de enero-marzo de 1974 de la revista Foro Internacional de El Colegio de MÃxico. En su ensayo denominado Poder: Estado o âFeudos PolÃticosâ el entonces profesor de esa instituciÃn hizo una severa crÃtica al âempirismo polÃticoâ de la clase gobernante y propuso crear âun grupo dirigente, con fuerte cohesiÃn internaâ para lograr la toma del poder presidencial.

Camacho concibià ââla necesidad de formar un grupo compacto, organizado, eficaz en cuanto claridad y capacidad de direcciÃn. Si un grupo de esta naturaleza llegara a ocupar los centros neurÃlgicos del poder econÃmico y polÃtico del Estado, se contarÃa con la cohesiÃn necesaria para dirigir las acciones polÃticas de acuerdo a una lÃnea fundamentalâ.

La idea del acadÃmico fue puesta en prÃctica durante los gobiernos de Josà LÃpez Portillo y Miguel De la Madrid, aunque ya desde la segunda mitad de la dÃcada de los 60, en medio de las fuertes protestas juveniles, un grupo de estudiantes de la UNAM âCamacho, Josà Francisco Ruiz Massieu, Emilio Lozoya, RaÃl y Carlos Salinas, entre otrosâhabÃa decidido ir a contracorriente de la rebeldÃa imperante en la Ãpoca, formar una asociaciÃn civil y afiliarse corporativamente al PRI para transformar al rÃgimen desde dentro. Al terminar sus estudios de licenciatura, la mayorÃa de estos jÃvenes se fueron a estudiar diversos posgrados al extranjero y a su retorno se integraron a diversas instituciones acadÃmicas y al gobierno, principalmente a las Ãreas econÃmicas y financieras.

Camacho estudià una maestrÃa en asuntos pÃblicos en Princeton. A su regreso al paÃs, ocupà una plaza de profesor en El Colegio de MÃxico. Mientras, Salinas continuaba sus estudios de posgrado en Harvard. Con la idea de consolidar el âgrupo compactoâ, de carÃcter transexenal, ambos se incorporaron al sector pÃblico durante el gobierno de Josà LÃpez Portillo, aunque Camacho ya habÃa tenido una breve experiencia previa en la SecretarÃa de la Presidencia escribiendo discursos polÃticos.

Salinas, hijo de un ex secretario de gabinete que aspirà a la Presidencia de la RepÃblica en los aÃos 60, fue designado en 1982 como secretario de ProgramaciÃn y Presupuesto por el presidente entrante, Miguel de la Madrid. Camacho, quien inicialmente se desempeÃà como subsecretario en esa misma dependencia, se hizo cargo de la SecretarÃa de Desarrollo Urbano y EcologÃa (SEDUE) en 1986, con la encomienda de reconstruir la Ciudad de MÃxico, devastada por el terremoto del 19 de septiembre de 1985.

DespuÃs de varios aÃos de labor metÃdica y cohesionada del âgrupo compactoâ ideado por Camacho, finalmente, el 3 de octubre de 1987, fue postulado como candidato presidencial del PRI para los comicios del siguiente aÃo el secretario de ProgramaciÃn y Presupuesto, Carlos Salinas de Gortari. El priista ganà las elecciones, calificadas por la oposiciÃn en su conjunto como fraudulentas. El propio De la Madrid reconocerÃa la adulteraciÃn de resultados aÃos despuÃs de abandonar Los Pinos.

Frente a la indignaciÃn, las protestas desbordadas y el reclamo de triunfo para CuauhtÃmoc CÃrdenas, protagonista de una gran ruptura en el PRI que habÃa acercado a los sectores nacionalistas de ese partido con la izquierda social y parlamentaria en torno a su candidatura, Camacho encontrà soluciÃn al problema al establecer con el PAN un pacto de cogobernabilidad que, aun cuando no fue signado formalmente, funcionà en los hechos. El operador de Salinas logrà que el partido de la derecha aceptara legitimar en el ejercicio del poder al priista, a cambio de que Ãste impulsara una serie de reformas polÃticas y econÃmicas que estaban en la agenda de AcciÃn Nacional. Esta negociaciÃn fue reconocida por las partes en diversos libros, artÃculos y entrevistas. Desde 2021 ambos partidos se han coaligado para comicios federales, al igual que en varios estados de la RepÃblica.

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El conflicto Camacho-Colosio se hizo explÃcito a partir del domingo 28 de noviembre de 1993.

Aquel dÃa, ante el cÃmulo de rumores que circulaban en las redacciones de los medios de comunicaciÃn de todo el paÃs, el regente capitalino intentà hablar temprano con el presidente. Sin embargo, su amigo de toda la vida y compadre âle bautizà a uno de sus hijosâno le recibià la llamada. No podÃa: se encontraba, en esos momentos, reunido con los directivos del PRI, ultimando los detalles del destape de Colosio, que se harÃa pÃblico minutos despuÃs. Por televisiÃn y desde Cuernavaca, donde pasaba el fin de semana con sus hijos, Camacho pudo seguir la parafernalia del ungimiento de Donaldo. Hasta el Ãltimo momento, por razones polÃticas y personales que se remontaban a 28 aÃos de convivencia, el regente de la ciudad de MÃxico creÃa que el presidente le hablarÃa para informarle de su decisiÃn, en cualquier sentido que Ãsta fuera. Se equivocÃ.

Cuando ya todo habÃa pasado, al filo del mediodÃa, Salinas se comunicà con Ãl por vÃa telefÃnica. El tono de Camacho era seco: se sentÃa engaÃado. Le reclamÃ, de entrada, que no le hubiera tomado la llamada por la maÃana. El presidente respondià que estaba en los detalles de la sucesiÃn. SabÃa que su amigo se encontraba molesto, y por ello pidià que se reunieran ese mismo dÃa, por la tarde o noche. Camacho se negÃ: dijo que no tenÃa prisa. Salinas insistiÃ. Le respondià que lo verÃa hasta el dÃa siguiente, por la maÃana.

En el curso del dÃa, el perdedor de la nominaciÃn presidencial priista recibià diversas llamadas que lo conminaban a presentarse en Los Pinos. Por la tarde le hablà Colosio, amable como siempre. Le preguntà si no lo iba a felicitar. Camacho le respondià que con Ãl no habÃa problema, pero que no harÃa absolutamente nada hasta no hablar con el presidente.

En cuanto Luis Donaldo colgÃ, el regente capitalino tomà una nueva llamada de Salinas. Le dijo que su presencia era muy importante al lado de Colosio, pues tales eran las reglas del sistema. El diÃlogo subià de tono. Hubo recriminaciones de ambos lados hasta que el presidente le advirtià que Ãl no podrÃa responder por todas las reacciones que habrÃa en contra suya. El destinatario respondià que sabrÃa de dÃnde provenÃan y actuarÃa en consecuencia.

Manuel Camacho se trasladà a la ciudad de MÃxico ese mismo domingo y se reunià con su equipo mÃs cercano en el departamento de Enrique MÃrquez. Acudieron Marcelo Ebrard, Alejandra Moreno Toscano, Roberto Salcedo, Diego ValadÃs y Manuel Aguilera. Los dos Ãltimos estaban a favor de apoyar la decisiÃn del presidente, despuÃs de negociar polÃticamente con Ãl. Originalmente no estaban invitados Aguilera ni ValadÃs, pero ellos llegaron solos, pasadas las diez de la noche, ante el asombro de Camacho:

–ÂQuiÃn les dijo que estÃbamos aquÃ? ÂCÃmo nos encontraron? âinterrogà el regente, segÃn Enrique MÃrquez, su asesor polÃtico y anfitriÃn de aquel encuentro, que recogià en detalle lo ocurrido aquellos aciagos dÃas en el libro Por quà perdià Camacho.

–Manuel, no te olvides que somos el senador y el procurador del DF ârepuso ValadÃs en broma.

Los reciÃn llegados pidieron hablar aparte con Camacho. Todos sabÃan que ellos tambiÃn habÃan sido requeridos por Salinas, como Ebrard, para que trataran de persuadirlo de acudir al besamanos. Poco antes de que arribara al departamento de MÃrquez el candidato derrotado, Marcelo habÃa relatado al anfitriÃn, a Salcedo y a Moreno:

–Me llamà el presidente al mediodÃa âcomentÃ, conteniendo su indignaciÃn–. Me dijo, primero, que yo era muy joven, que tenÃa mucho futuro. DespuÃs, confesà que Manuel era un polÃtico completo. Le interrumpÃ: âÂEntonces por quà no fue Ãl?â

Salinas, tenso y nervioso, respondiÃ:

–Un dÃa te lo explicarÃ.

âMe pidià que hablara con Camacho âcontinuà Ebrardâpara que tratara de convencerlo de que fuera con Colosio. Aguilera y Diego tambiÃn fueron llamados a Los Pinos para que trataran de ayudar en ese mismo sentido. Simplemente me dediquà a reiterarle las razones de Manuel, la forma en que seguÃamos concibiendo los problemas del paÃsâ.

Cuando Camacho, Aguilera y ValadÃs regresaron de la habitaciÃn contigua a la que MÃrquez los habÃa conducido para que hablaran a solas, los enviados no habÃan logrado convencer al disidente para que acudiera a felicitar a Colosio. La discusiÃn se abrià a todos. Cada quiÃn opinÃ. Se analizaron diversos escenarios: renuncia, permanencia en el DF, rompimiento para pasar a la oposiciÃn, negociar con Salinas un nuevo cargo. Les dieron las dos de la maÃana y los colaboradores seguÃan hablando ante un callado, triste y pensativo regente.

Para las cuatro la decisiÃn estaba tomada. Camacho habÃa sido derrotado, pero asumirÃa una posiciÃn digna. Iba a negociar, no una secretarÃa, sino una forma de permanecer en el gobierno para no precipitar una crisis mayor. AdemÃs, pretendÃa ganar el respeto a la diferencia polÃtica.

La conversaciÃn con el presidente, como ocurriÃ, girarÃa en torno a cinco puntos: 1) No serÃa factor de desestabilizaciÃn. 2) No tenÃa nada en contra de Donaldo, y sà contra el grupo de intereses que le respaldaba. 3) ApoyarÃa explÃcitamente a Colosio, sin ir al saludo, y como parte de una explicaciÃn polÃtica. AceptarÃa ir a Relaciones Exteriores, pero harÃa pÃblica su posiciÃn polÃtica 5) En caso de que no hubiera respeto a su posiciÃn, a su persona o a su equipo, romperÃa con el gobierno.

Camacho llegà a Los Pinos casi sin dormir, a las ocho de la maÃana. La reuniÃn con Salinas fue difÃcil. Nunca habÃa visto asà su amigo âsegÃn contarÃa despuÃs–: enojado, duro, decidido a cualquier cosa. Pero la propuesta fue aceptada. Camacho a Relaciones Exteriores; Fernando Solana, su titular, a la SEP; y Ernesto Zedillo, el secretario de EducaciÃn, a la coordinaciÃn de la campaÃa de Colosio. Antes de que se dieran a conocer todos estos movimientos, Salinas aceptà que Camacho emitiera un mensaje; despuÃs de algunas modificaciones, finalmente aprobà el texto.

En el salÃn Independencia del Departamento del Distrito Federal, aquel 29 de noviembre, el regente capitalino dio a conocer su renuncia al cargo y leyà un breve discurso que rompià la tradicional ortodoxia del rÃgimen:

âLos tiempos âdijoâestÃn cambiando en MÃxico. Aspirà a ser candidato del Partido Revolucionario Institucional a la presidencia de la RepÃblica. He meditado lo que debo hacer y decir. He calculado cuÃles son mis opciones y, entre ellas, cuÃl es la que, a mi juicio, es la mejor para la unidad y el fortalecimiento de nuestra vida democrÃtica.

âLa opciÃn es clara: No creo que la mejor manera de hacer avanzar la democracia en MÃxico sea polarizando la vida con rupturas o desprendimientos.

âMi compromiso es con la naciÃn, con las instituciones, con una conducciÃn responsable de la economÃa, con una polÃtica que refleje el interÃs de las mayorÃas y no sÃlo de los grupos de interÃs, con el mantenimiento del orden por vÃas legales y legÃtimas y con el avance de la democracia.

âEsta maÃana visità al presidente. Le informà que mi decisiÃn polÃtica era apoyar a su gobierno para la mejor conclusiÃn de las importantes tareas que ha llevado a cabo su administraciÃn. Le informà tambiÃn que el dÃa de ayer me comuniquà con el licenciado Luis Donaldo Colosio. Le deseÃ, por el bien de la RepÃblica y de nuestro partido, Ãxito en su campaÃaâ.

No fue suficiente para los colosistas, que no le perdonaron a Camacho su ausencia en el besamanos. Tres semanas despuÃs, durante una gira por JapÃn, Salinas le explicà al gobernador de Sonora, Manlio Fabio Beltrones, la razÃn del nombramiento y de su tolerancia ante la indisciplina: âConozco bien a Manuel. Es mejor tenerlo dentro del gabinete que fuera. Un secretario de Estado, a seis meses de la elecciÃn, ya no puede ser presidenteâ.

TambiÃn a Jorge CastaÃeda, quien lo entrevistà para su libro La herencia, Salinas de Gortari le explicà sus razones:

–Manuel me hablà por telÃfono momentos antes de que el partido hiciera la postulaciÃn. Yo no le pude tomar la llamada en ese momento; seguÃa con gran cuidado cÃmo se desarrollaba todo, y una vez que el partido postula a Colosio, le llamo y me dice: âSà que se va a postular a Donaldoâ. Le dije: âYa lo postularonâ. Entonces me dijo: âÂPor quà no supe yo antes?â. Le respondÃ: âManuel, porque el PRI no avisaâ y le comentÃ: âpero Manuel, me parece muy importante que pases a saludar a Donaldoâ. Me respondiÃ: âPues no lo voy a saludar hasta que antes pueda platicar con el presidenteâ. Frente a eso, lo invitÃ: âPues vente maÃana en la maÃana y platicamosâ. TodavÃa le volvà a hablar ese dÃa en la tarde, acompaÃado de un destacado colaborador de Luis Donaldo (en realidad, Ernesto Zedillo aÃn no era designado oficialmente coordinador de la campaÃa), para decirle que era importante que fuera a ver al candidato Colosio; pero se negÃ, aduciendo que Ãl querÃa platicar antes conmigo.

âAl dÃa siguiente, lunes 29 de noviembre, platicamos con franqueza y con respeto. Le hice ver que una vez que el partido habÃa tomado su decisiÃn, y dado que se veÃa que Ãl no estaba participando con ningÃn entusiasmo, me parecÃa que no podÃa permanecer en el Departamento del Distrito Federal. Entonces lo invità a que siguiera colaborando conmigo, y frente a los cambios que se estaban dando, producto del reacomodo natural de responsabilidades ante la integraciÃn del nuevo equipo de campaÃa, le propuse el Ãrea de EducaciÃn, que yo sabÃa que siempre le habÃa interesado, o la de Relaciones Exteriores, que habÃa sido su especialidad acadÃmica. Ãl aceptà colaborar como secretario de Relaciones Exteriores. En realidad, su actitud no representÃ, ni mucho menos, una crisis interna en el partido, el cual, por cierto, estaba ya consolidando su apoyo a Luis Donaldo, sin una manifestaciÃn personal de Ãl, la cual se pudo conducir sin problemas mayores. AsÃ, la postulaciÃn de Luis Donaldo Colosio sucedià sin desprendimientos de militantes ni de organizaciones en el partidoâ.

El escenario de sucesiÃn sin ruptura, sin embargo, se modificà por completo a partir del 1 de enero de 1994. Ni en la peor de sus pesadillas Salinas pudo anticipar un levantamiento armado indÃgena, como el que se registrà en Chiapas durante las primeras horas de ese dÃa, justo cuando entraba en vigor el Tratado de Libre Comercio de NorteamÃrica, su mÃximo legado al paÃs.

La guerra en Chiapas, el surgimiento del EjÃrcito Zapatista de LiberaciÃn Nacional (EZLN) y la irrupciÃn mediÃtica de un lÃder militar carismÃtico como el subcomandante Marcos, colocaron a Salinas entre la espada y la pared. Fue tan grande el impacto de la nueva guerrilla en todo el mundo, que Salinas, el mago de la propaganda hasta entonces, perdià estrepitosamente la guerra mediÃtica en una semana, aunque en el campo de batalla el rival no tuviese oportunidad alguna de victoria, dada la disparidad de recursos bÃlicos de ambas partes.

Millones de personas se movilizaron en MÃxico y en el mundo para parar la masacre. El desconcierto inicial y la condena a la guerrilla, incluso de la izquierda electoral, dio paso rÃpidamente a la solidaridad con el movimiento, en cuanto empezaron a conocerse las imÃgenes de indÃgenas asesinados por soldados bien equipados, mientras Ãstos portaban rifles de madera. AdemÃs, el discurso de reivindicaciÃn de los pueblos originarios esgrimido por su lÃder enmascarado y carismÃtico, que pronto se transformà en Ãcono de la resistencia contra el neoliberalismo en todo el mundo, obligaron a Salinas a hacer un alto unilateral al fuego, al tiempo que realizaba cambios en su gabinete y nombraba al mÃs hÃbil operador polÃtico de su equipo como negociador del gobierno frente a la guerrilla que le habÃa declarado la guerra.

Asà fue como Manuel Camacho se convirtià en Comisionado para la Paz en Chiapas, el 10 de enero de 1994. Renuncià a la SecretarÃa de Relaciones Exteriores, cuya titularidad ocupà solamente por 43 dÃas, y Ãl y su equipo se trasladaron de inmediato a San CristÃbal de las Casas para buscar contacto con los zapatistas y establecer una mesa de negociaciÃn inmediata. Marcelo Ebrard aparecià a su lado como coordinador de asesores del gobierno salinista.

Luis Donaldo Colosio le manifestà personalmente al presidente Salinas su desacuerdo con el nombramiento de Camacho. Para empezar, se dio a conocer el mismo dÃa en que el sonorense iniciaba formalmente su campaÃa presidencial. Dado el comportamiento previo de su adversario polÃtico, no tenÃa duda de que aquella oportunidad serÃa aprovechada al mÃximo, como en efecto ocurriÃ, para que Camacho mantuviera viva su aspiraciÃn al mismo cargo que ambos habÃan disputado al interior del PRI. El presidente tambiÃn lo sabÃa y, sin embargo, le dio tribuna a su compadre y Ãl no la desperdiciÃ.

Lo que ocurrià despuÃs sÃlo fue consecuencia del enrarecido clima polÃtico que Carlos Salinas de Gortari propicià con sus decisiones.

Por Redaccion

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