Los idus de marzo 30 aÃos despuÃs (IV)

Por RamÃn Alfonso Sallard

En abril de 1996, el fiscal Pablo Chapa Bezanilla filtrà a los medios sus conclusiones del caso Colosio ante el temor de que sus apreciaciones fueran rechazadas por sus superiores, como efectivamente ocurriÃ. El documento, publicado en dos partes por Proceso en sus ediciones 1015 y 1016, entrelaza las declaraciones ministeriales de varios colosistas: Guillermo Hopkins, Josà Luis Soberanes, Samuel Palma, Federico Arreola y Alfonso Durazo, entre otros. A partir de estas declaraciones, la dependencia estimà necesarias las comparecencias ministeriales de Manuel Camacho SolÃs, Josà MarÃa CÃrdoba Montoya y Carlos Salinas de Gortari. En efecto se realizaron ese mismo aÃo, pero Chapa ya no pudo hacer los interrogatorios porque fue removido del puesto antes de que ocurrieran.

Unos pÃrrafos de aquellas conclusiones:

En Huejutla, Hidalgo, el 10 de enero de 1994, Luis Donaldo Colosio Murrieta inicia su campaÃa. Todos sus colaboradores coinciden en que es en Hidalgo donde el candidato se entera que ese mismo dÃa Manuel Camacho SolÃs fue nombrado por el presidente de la RepÃblica, con tÃtulo honorario, comisionado para la Paz y ReconciliaciÃn en el estado de Chiapas.

Esa misma noche, en Ciudad Valles, San Luis PotosÃ, el candidato a la presidencia le manifestà a Guillermo Hopkins que estaba muy molesto por la decisiÃn que el presidente habÃa tomado al responsabilizar a Manuel Camacho SolÃs de una tarea tan trascendente. âCarlos Salinas de Gortari nunca me dijo que Camacho serÃa comisionado, me afirmà que lo utilizarÃa en las negociaciones como secretario de Relaciones Exterioresâ; âlas circunstancias de mi campaÃa cambian rotundamente, espÃrate a leer la prensa del Distrito Federalâ, manifestà el candidato.

La molestia de Colosio fue tan evidente que comentà a algunos de sus colaboradores y amigos la posibilidad de renunciar a la candidatura âÂQuà pasa si renuncio?â, preguntà el candidato. Samuel Palma contestÃ: âNo sà lo que se deriva de ello; probablemente el candidato sustituto sea Camacho SolÃsâ. A lo anterior, Luis Donaldo respondiÃ: âPrecisamente por eso no renuncioâ.

âEl candidato le manifestà a Guillermo Hopkins que, si pensaba en la renuncia, era por el hostigamiento que despuÃs se vendrÃa…â

Antes del nombramiento de Camacho, Salinas valorà la posibilidad de otorgarle al secretario de GobernaciÃn la responsabilidad de actuar como mediador. Sin embargo, esa opciÃn fue desechada al poco tiempo. Las razones: organizar la elecciÃn presidencial y coordinar los diÃlogos para la paz, eran tareas que requerÃan, cada una, dedicaciÃn total. Entonces no habÃa un problema, sino dos.

Jorge Carpizo parecÃa el mÃs viable para GobernaciÃn. HabÃa sido rector de la UNAM, ministro de la Suprema Corte de Justicia de la NaciÃn, presidente fundador de la ComisiÃn Nacional de Derechos Humanos y, en esos momentos, se desempeÃaba como titular de la PGR, un puesto que usualmente destruÃa prestigios y carreras. El jurista, no obstante, gozaba del respeto de diversas organizaciones no gubernamentales y tenÃa una importante presencia pÃblica. Sin duda, para los partidos polÃticos serÃa mucho mÃs digerible que el rudo Patrocinio GonzÃlez Garrido, pues no militaba en ninguna organizaciÃn.

El otro personaje, el que harÃa mancuerna con el nuevo secretario de GobernaciÃn para resolver los dos problemas formulados por el presidente aquella primera semana de enero, tenÃa nombre y apellido y toda la clase polÃtica del paÃs lo conocÃa: Manuel Camacho.

De hecho, Salinas ya tenÃa dÃas ponderando la peticiÃn reiterada que le habÃa hecho su amigo de toda la vida para que lo nombrara mediador en Chiapas. Ãl fue uno de los primeros que se enterà del problema: a las pocas horas del levantamiento, le hablà a Los Pinos para contarle cÃmo su suegro, Manuel Velasco SuÃrez, ex gobernador de aquella entidad, le habÃa narrado en detalle la ocupaciÃn de San CristÃbal, donde se encontraba. Ofrecià trasladarse de inmediato al lugar del conflicto, pero su propuesta fue rechazada porque la presencia del secretario de Relaciones Exteriores podÃa representar un mensaje equivocado dentro y fuera del paÃs.

A diferencia de Carpizo, las crÃticas a Camacho âfueron mÃs sutilesâ por parte de los mismos miembros conspicuos del partido en el poder, contà Salinas al tiempo. âSe afirmaba que nombrarlo a Ãl âaÃadiÃâera el equivalente a ârevivir un lastre polÃticoâ; ademÃs, dadas sus relaciones con el obispo Samuel Ruiz y su tendencia a quedar bien con la oposiciÃn, se decÃa que Ãl estaba atrÃs del levantamiento de Chiapas. Y lo peor: que su presencia como comisionado tenÃa efectos adversos sobre la candidatura de Colosioâ.

Camacho ciertamente introducÃa tensiones, pero era peor que anduviera suelto. Tensaba al mismo presidente. NingÃn otro colaborador se habrÃa atrevido a presionarlo como lo habÃa hecho su amigo â-precisamente por ostentar esa condiciÃnâel 8 de enero. Mucho menos amenazarlo con renunciar al gabinete, con plena conciencia de que una decisiÃn de tal naturaleza, en medio de la psicosis social por el alzamiento armado y los bombazos, sÃlo profundizarÃa la crisis polÃtica que vivÃa el paÃs y trasladarÃa de inmediato sus efectos al terreno econÃmico (caÃda de la bolsa, fuga de capitales, devaluaciÃn, alza de las tasas de interÃs y otros).

âMÃs tarde, la acciÃn eficaz de Carpizo y Camacho obligà a amainar las crÃticas. Pero no las intrigasâ, apuntà Salinas. Y explicÃ: âEra una decisiÃn muy difÃcil, porque si bien Camacho se habÃa destacado por su habilidad negociadora, su calidad de precandidato presidencial perdedor implicaba un riesgo para la campaÃa reciÃn iniciada. Sin embargo, considerà que la prioridad era encauzar el conflicto por la vÃa del diÃlogo y evitar que la propagaciÃn de los combates afectara la realizaciÃn de los comicios para presidenteâ.

SegÃn su versiÃn, Colosio âescuchà mis argumentos y entendiÃâ. TambiÃn mostrà sensatez y buen humor:

–Lo Ãnico que le pido âle dijoâes que no designe a Camacho secretario de GobernaciÃn, pues teniendo la responsabilidad oficial de organizar las elecciones ÂpodrÃa tener tambiÃn la pretensiÃn de negociarlas!

NO SE HAGAN BOLAS: EL CANDIDATO ES COLOSIO

En medio de rumores sobre la sustituciÃn de Colosio por Camacho, y hasta de una eventual postulaciÃn del comisionado por parte del PARM o del Partido Verde Ecologista de MÃxico –cuyo candidato Jorge GonzÃlez Torres declinarÃa a su favor–, la campaÃa de Luis Donaldo seguÃa sin prender ni despegar. Las crÃticas periodÃsticas provocaron que el sonorense explotara el 24 de enero: âÂDesangelada la campaÃa? Quienes digan eso no entienden, no quieren comprender que son otros los tiempos, otras circunstancias, otras estrategiasâ.

Tan grave era la percepciÃn de la opiniÃn pÃblica que el presidente Salinas se vio obligado a aclarar las cosas ante secretarios de su gabinete, diputados, senadores y dirigentes del PRI, a quienes convocà a Los Pinos el 27 de enero para soltarles a bocajarro su ya famosa frase: âNo se hagan bolas, el Ãnico candidato del PRI a la presidencia de la repÃblica es Luis Donaldo Colosioâ.

El conjuro de Salinas no ahuyentà la candidatura fantasma de Camacho, a quien la maledicencia popular empezà a identificar como el subcandidato, en franca alusiÃn al subcomandante Marcos, lÃder de los guerrilleros con quien negociaba en Chiapas. Por el contrario: la experiencia de la poblaciÃn en sexenios anteriores indicaba que a los polÃticos debÃa de leÃrseles al revÃs, como cuando EcheverrÃa dijo que no habrÃa devaluaciÃn o como cuando LÃpez Portillo asegurà que defenderÃa el peso como un perro. En ese sentido, la intervenciÃn del mandatario generà un efecto contraproducente.

El 31 de enero, Proceso resumià lo que le ocurrÃa a Colosio con una frase lapidaria en su portada, que incluÃa una fotografÃa del priista en close up: âUn mes en el limboâ. La nota firmada por Gerardo Galarza y RaÃl Monge era contundente:

âRebasado por los acontecimientos de Chiapas, opacada por decisiones presidenciales, acosada por rumores, especulaciones y temores, con actos fugaces y superficiales, la campaÃa del candidato del PRI a la presidencia de la RepÃblica transcurre entre la indiferencia y hasta el choteo de buena parte de la poblaciÃn, a pesar de que el partido oficial echà mano ya de las âprÃcticas polÃticas premodernasâ, supuestamente desterradas.

âEn apenas 20 dÃas, Luis Donaldo Colosio ha visitado una tercera parte de los estados de la RepÃblica. Sus giras se han desarrollado en medio de la desorganizaciÃn, la improvisaciÃn, el desinterÃs de los militantes, la retÃrica sin eco, el dispendio, las extremas medidas de seguridadâ.

En el frente externo, las crÃticas le llovÃan a Colosio. La oposiciÃn panista y perredista le pegaba con todo, igual que varios analistas polÃticos independientes. Lo seÃalaban como âcandidato de la continuidad y del continuismoâ, âcandidato sin vida propiaâ, âreelecciÃn mental de Salinasâ, âpersonaje sin fuerza y sin carismaâ, âinstrumento para instaurar un nuevo maximatoâ, entre otros.

Josà Luis Soberanes, en su declaraciÃn ministerial filtrada a la prensa en abril de 1996, seÃalà que el nombramiento de Camacho ârompià una regla no escrita del sistema polÃtico mexicano, al habilitar para una eventual sustituciÃn de la candidatura a una persona que habÃa sido uno de los finalistas importantes antes del 28 de noviembreâ. Todos los colaboradores de Colosio coincidieron con eso. Entonces fue cuando se inicià âla campaÃa contra la campaÃaâ, segÃn definiciÃn acuÃada por ellos mismos.

A partir de ese momento âconcluyà el fiscal Pablo Chapa en el informe que presentà al procurador y al presidenteâotro enemigo a vencer fue la prensa. Teresa RÃos, la secretaria privada del candidato, relatà que los colaboradores de Colosio se percataron pronto de que su campaÃa no se conducÃa como solÃa suceder anteriormente; Camacho tenÃa mÃs notas periodÃsticas que el candidato. Federico Arreola opinÃ: âNo es posible que este partido tan fuerte no haya podido conseguir que los actos del candidato a la presidencia salieran destacados en la prensa nacional, cuando en la local las actividades del licenciado Colosio era lo mÃs importante. Realmente se apreciaron dos campaÃas: la de la prensa nacional, que era gris y mala, y la de la prensa local, en la que se reflejaba una buena campaÃa. Los periodistas nacionales que cubrÃan la gira no se explicaban por quà en sus medios no le daban importanciaâ.

SegÃn los colaboradores de Colosio, los actos proselitistas del candidato eran multitudinarios y de carÃcter festivo, al contrario de lo que la prensa nacional destacaba, al hablar de una campaÃa âdesangelada, floja, que no penetraba, que no impactaba, mientras la realidad y las encuestas electorales daban cuenta de una circunstancia totalmente opuestaâ. De nuevo Federico Arreola: âLa primera semana se sentÃa una contracampaÃa para minimizar la del licenciado Colosio, pero en la segunda semana ya habÃa casi el convencimiento de que Luis Donaldo Colosio serÃa sustituido por Manuel Camacho SolÃaâ.

Esta situaciÃn inquietaba de manera particular al candidato. Incluso, revelà el informe del fiscal especial, el sonorense llegà a expresarle a Salinas su preocupaciÃn de ser sustituido. El mandatario, ârestÃndole importancia al sentir de Colosio, le respondià que eso sucedÃa cada seis aÃos, que no tenÃa razÃn para preocuparseâ.

Los medios afines al gobierno y al PRI, en cambio, enfocaban todas sus baterÃas al comisionado para la paz. Sus columnistas lo describÃan asÃ: âpolÃtico irresponsable que antepone sus intereses personales a los intereses superiores de la naciÃnâ; âpriÃsta indisciplinado cuya ambiciÃn por el poder le impide resignarse a no ser el candidato del tricolorâ; âhombre desleal al presidente y al partido, que a espaldas de ambos sigue aspirando a la Presidencia de la RepÃblicaâ; âleal sÃlo a sà mismo, impone tiempos y cadencias al conflicto chiapaneco para robarle cÃmara al presidente y a Colosioâ. Y asà por el estilo.

El 24 de febrero, el presidente salià en defensa de Camacho, ante la rudeza de sus crÃticos, como ya lo habÃa hecho, casi un mes antes, a favor de Colosio. Pero los priistas, lejos de validar la recomendaciÃn de enero, se hicieron mÃs bolas que nunca al escuchar a decir a Salinas que no habÃa indisciplina del comisionado en Chiapas. Por el contrario, su trabajo lo desarrollaba con âplena dedicaciÃn, plena lealtad y compromiso, y tambiÃn con un gran patriotismoâ. Con eso, una vez mÃs, el mandatario hizo crecer la figura del ex regente capitalino y aumentà el nerviosismo del sonorense y de sus seguidores.

LA MARGINACIÃN DE ZEDILLO

La campaÃa del sonorense navegaba entre la divisiÃn feroz de su equipo, la indiferencia de Salinas âocupado como estaba en resolver el problema de Chiapas–, la interferencia de Josà CÃrdoba âque querÃa imponer a varios de sus colaboradores, segÃn los colosistasây la sombra de Camacho.

El 25 de enero, un dÃa despuÃs de que Colosio rechazara pÃblicamente el adjetivo âdesangeladaâ para calificar su campaÃa, Ernesto Zedillo y Josà Luis Soberanes se reunieron con sus respectivos equipos de trabajo para evaluar lo que estaba ocurriendo. La junta se efectuà en el segundo piso del edificio dos del CEN del PRI. AllÃ, Soberanes y los suyos responsabilizaron a Zedillo del deslucimiento de la campaÃa y dieron voz a la queja de funcionarios medios del partido, que deploraban la decisiÃn del ex secretario de EducaciÃn de rebajarles en un 40% su salario.

Como resultado de aquella reuniÃn de evaluaciÃn, el coordinador general de la campaÃa colosista dejà de asistir a las giras del candidato, y aunque oficialmente mantuvo su nombramiento, en la prÃctica Soberanes empezà a desempeÃarse como responsable de la campaÃa electoral. Una especie de coordinador sustituto, coordinador en las sombras o subcordinador, en un paralelismo revelador del papel que los colosistas y el propio candidato deploraban en Manuel Camacho, a quien prÃcticamente identificaban como subcandidato, candidato alterno o candidato sustituto del PRI a la presidencia de la RepÃblica.

CesÃreo Morales y Samuel Palma, Ãste Ãltimo jefe de asesores de Donaldo, en el libro Colosio: la construcciÃn de un destino, que vio la luz pÃblica en julio del 95, y del cual son coautores, escribieron:

âLas exigencia reiteradas de Colosio respecto de la calidad de los actos de campaÃa tenÃan como destinatario constante a Guillermo Hopkins. Entre ellos existÃa una relaciÃn resuelta y un conocimiento cercano, pero Colosio redoblaba sus demandas a la gente de su confianza, por lo que Hopkins, que habÃa estado presente en las tres campaÃas de Colosio a cargos de elecciÃn popular, recibÃa nuevas exigencias, sorteaba con destreza una interlocuciÃn siempre difÃcil y sin complacencias entre dos sonorenses y apuraba respuestas y soluciones inÃditas en la organizaciÃn de los actos.

âAl mismo tiempo, el partido se movilizaba en toda la RepÃblica: reuniones con la dirigencia en los estados, con los consejos polÃticos, revisiÃn de las estrategias, encuentro con los promotores del voto realizadas, todo ello coordinado por Josà Luis Soberanes que encabezaba el Programa de la CampaÃa del PRI (…)â

Alfonso Durazo, a su vez, confirmà la tendencia de Colosio: âSu eficacia no se agotaba en la de sus colaboradores formales: los sustituÃa sin relevarlos. No creaba instancias paralelas, pero sà alternas y por la vÃa de los hechos buscaba conductos, y aÃn instancias que le daban resultadosâ.

La marginaciÃn de Zedillo y el crecimiento interno de la figura de Soberanes, fue interpretada por los colosistas, y por algunos observadores cercanos, como el inicio de un distanciamiento entre Colosio y el âgrupo de interÃsâ auspiciado e impulsado por el nÃmero dos de Los Pinos, Josà CÃrdoba Montoya. La lÃgica parecÃa imperar: Soberanes y Colosio se conocÃan desde jÃvenes, cuando ambos estudiaban en el TecnolÃgico de Monterrey. Tan cercana era la relaciÃn que el colaborador del sonorense se habÃa convertido, pocos aÃos atrÃs, en padrino de bautizo del niÃo Luis Donaldo Colosio Riojas. Era, pues, compadre del candidato.

La pugna entre Zedillo y Soberanes estallà el 8 de febrero cuando se reunieron nuevamente, al frente de sus respectivos equipos, para evaluar la campaÃa. Volvieron a culparse mutuamente de los problemas. El coordinador acusà a los colosistas de no evolucionar y de porfiar en una campaÃa al estilo tradicional, con el acarreo y los vicios de siempre. Soberanes y su gente reclamaron que el grupo de Zedillo, ademÃs de derrochar dinero en el alquiler de un edificio en el sur de la ciudad, pretendÃa imponer en la campaÃa âmodelos europeos y estadounidenses, ajenos a la idiosincrasia mexicanaâ.

Mientras esto sucedÃa al interior del equipo colosista, Manuel Camacho no negaba que seguÃa aspirando a la candidatura presidencial. El comisionado para la paz concedià una entrevista al diario estadounidense The Wall Street Journal que se publicà el 18 de febrero. En ella explicà que la percepciÃn pÃblica sobre su eventual candidatura lo ayudaba en su posiciÃn negociadora con el EZLN. Esta interpretaciÃn escandalizà a los colosistas.

LA REVANCHA DE MANUEL CAMACHO

A pesar del escepticismo de la mayorÃa de los integrantes del gabinete salinista, Camacho logrà sentar a la mesa de negociaciÃn a los zapatistas. Las Jornadas para la Paz y la ReconciliaciÃn en Chiapas se realizaron del 21 de febrero al 2 de marzo en la catedral de San CristÃbal de las Casas. En ese lapso, la atenciÃn nacional e internacional se volcà en esos diÃlogos. Diariamente, al terminar cada sesiÃn, se informaba a los medios de todo el mundo los avances en las negociaciones.

DespuÃs de 11 dÃas, las partes llegaron a un principio de acuerdo. Los compromisos gubernamentales ante las demandas del EZLN fueron incluidos en un documento que se dio a conocer el 2 de marzo en San CristÃbal de las Casas. El compromiso de Camacho ante Salinas de lograr resultados mediante una guerra relÃmpago o blitzkrieg en un mÃximo de sesenta dÃas, se habÃa cumplido puntualmente, incluso con anticipaciÃn. El plazo vencÃa el 10 de marzo. Consecuentemente, lo que el presidente esperaba de su amigo era que se retirara del cargo, que se dedicara a viajar y que regresara a MÃxico despuÃs de las elecciones de agosto.

El 4 de marzo, dos dÃas despuÃs de que se anunciaran los acuerdos con los zapatistas, Salinas presidià una reuniÃn de gabinete a la que invità al exitoso negociador. Ahà les pidià a todos dar cabal cumplimiento a los compromisos asumidos por el gobierno de la RepÃblica y el gobierno estatal; girà instrucciones concretas a cada uno de los encargados de despacho y, desde luego, elogià el desempeÃo de su amigo.

Camacho, sin embargo, tomà la palabra y les reprochà a sus ex compaÃeros de gabinete que no hubieran creÃdo en Ãl durante los aÃos anteriores. Salinas contà despuÃs que fue necesaria su intervenciÃn, a fin de matizar aquella âreacciÃn visceralâ que mucho sorprendià a los secretarios. Con ello intentaba evitar que âse rompiera la armonÃaâ y se incumplieran los acuerdos.

Casi de manera simultÃnea, mientras se realizaba la reuniÃn de gabinete en Los Pinos, al sur de la ciudad, en las instalaciones del IFE, Luis Donaldo Colosio registraba su candidatura presidencial ante el organismo electoral, acompaÃado por la dirigencia en pleno de su partido, adeptos y familiares.

La nube de reporteros que cubrÃa el evento todavÃa esperaba alguna sorpresa de Ãltima hora: el registro de Camacho en lugar de Colosio. Pero no ocurriÃ. A pesar de ello, en la tumultuosa conferencia de prensa posterior, algunos periodistas atosigaron al sonorense con preguntas sobre la posible candidatura del comisionado para la paz.

âEl PRI ya tiene candidatoâ, puntualizà Colosio, y luego subrayà que Camacho, como priista, estaba cordialmente invitado a la fiesta de aniversario del partido, el domingo 6, en el Monumento a la RevoluciÃn.

Al dÃa siguiente del registro, el 5 de marzo, y junto con la informaciÃn alusiva, El Universal, diario propiedad de Juan Francisco Ealy, amigo cercano y partidario de Luis Donaldo, publicà en primera plana una columna de FÃlix Fuentes en la que criticaba la actitud del comisionado para la paz y denunciaba presuntos actos de corrupciÃn de Alejandra Moreno Toscano, colaboradora cercanÃsima de Camacho que formaba parte de su equipo en Chiapas. Los seÃalamientos aludÃan al desempeÃo de la doctora en historia como secretaria de Desarrollo Social del DF durante la gestiÃn como regente del comisionado para la paz.

En respuesta, Camacho desairà a Colosio. No asistià a la celebraciÃn del aniversario nÃmero XLV del PRI, fiesta en la que el candidato pronuncià su famoso discurso del 6 de marzo con el que presuntamente habrÃa iniciado su distanciamiento del presidente de la RepÃblica. Por primera vez omitià el nombre de Carlos Salinas en sus arengas. La apologÃa del maestro empezaba a quedar atrÃs.

El dÃa 8, Colosio criticà el programa Hoy no Circula, implementado por el regente Camacho en el Distrito Federal, durante una entrevista radiofÃnica. En respuesta a una radioescucha expresÃ:

âTenemos que atacar de frente y de raÃz la corrupciÃn que hay en los centros de verificaciÃn. Tenemos que analizar programas y erradicar la demagogia, como por ejemplo en el Hoy no circula, que fue contraproducente, a mi juicio, porque aumentà el nÃmero de vehÃculos circulando en la ciudad de MÃxico y eso todo mundo lo sabeâ.

Ese mismo dÃa, The Wall Street Journal publicà en primera plana un anÃlisis sobre âlas fuertes tensiones en el escenario polÃtico mexicano, en tanto Camacho decide si se lanza como candidatoâ.

El diario estadounidense destacà que los simpatizantes del comisionado para la paz podÃan mantener vivas sus posibilidades hasta el 21 de julio, suponiendo que no se convirtiera en candidato declarado para el martes (15 de marzo). El registro podÃa lograrse hasta un mes antes de las elecciones (21 de agosto), convenciendo a otro candidato de que renunciara.

El texto institucional del periÃdico neoyorkino revelÃ:

âObservadores polÃticos afirman que, debido a que Camacho es la Ãnica amenaza real para Colosio, ha sido intimidado para que se salga de la contienda. Y dicen que estas acciones intimidatorias han provenido de los polÃticos de lÃnea dura del PRI y de otros que han podido amasar grandes fortunas comerciando con sus influencias y que tienen un interÃs obvio en asegurarse de que el PRI permanezca en el poder.

âEntre las acciones de hostigamiento contra Camacho estÃn el inicio de auditorÃas de casi cada proyecto que Ãl y sus colaboradores efectuaron en la jefatura del Departamento del Distrito Federal. Los oponentes de Camacho tambiÃn se han esforzado para que sean destituidos de sus puestos muchos de los directores que dejà Camacho cuando renunciÃ. Otro sÃntoma de guerra contra Camacho son las columnas polÃticas en los principales diarios del paÃs, atacando a colaboradores del ex regente. Y mientras tanto, ante la inseguridad del escenario polÃtico, el mercado de valores mexicano ha perdido mÃs del 10% de lo ganado el aÃo pasadoâ.

AÃos despuÃs, en las indagatorias del caso Colosio, quedarÃa constancia de las presuntas amenazas de muerte formuladas por varias personas en contra de Camacho. El afectado mencionà concretamente a RaÃl Zorrilla CosÃo, responsable de Relaciones PÃblicas de la campaÃa colosista, mismo puesto que conservà con el candidato sustituto, Ernesto Zedillo.

A la acusaciÃn de Camacho, Zorrilla respondiÃ:

âEs totalmente falso y fuera del orden (…) se basa en supuestos chismes (…) Se me hacen sumamente graves sus aseveraciones y una vez mÃs denotan su personalidad protagÃnica y megalÃmana. Soy un hombre suficientemente inteligente para no hacer una aseveraciÃn de esta naturaleza porque sà las repercusiones que puede tener. Una vez mÃs enfatizo que ese seÃor miente (…) en cambio, yo sà con hechos sà que a partir de los sucesos del velorio del licenciado Colosio, comentà al seÃor Emilio AzcÃrraga y al seÃor Gabriel AlarcÃn, que eso no se iba a quedar asà y que yo se las iba a pagarâ.

ÂZÃ-CA-LO, ZÃ-CA-LO, ZÃ-CA-LO!

Todo apuntaba a la ruptura cuando el comisionado para la paz cità a conferencia de prensa, el viernes 11 de marzo de 1994, en el hotel Sttouffer Presidente, para âdefinir su posiciÃn polÃticaâ. La cita era a las 2:30 pero no llegarÃa sino hasta una hora despuÃs. El ex regente se habÃa reunido previamente con Salinas en Los Pinos, de 1:15 a 2:15 de la tarde. Antes de que llegara a la residencia oficial, habÃa hecho lo propio el secretario general del PRI, Josà Luis Lamadrid.

La informaciÃn rÃpidamente se difundiÃ. Varios reporteros decidieron no esperarse a la conferencia de prensa y se apostaron frente a la puerta uno de Los Pinos, ubicada por Parque Lira. Ahà aguardaron a Camacho. Cuando saliÃ, acompaÃado por Marcelo Ebrard, su brazo derecho, le preguntaron atropelladamente: âÂVa a decir cosas importantes? ÂYa se decidiÃ? ÂPor fin se lanzarÃ?â. Sonriente, sin ocultar el gusto por la expectativa que habÃa creado, el ex regente contestÃ: âNos vemos a las tres y cuarto. Si no van ustedes se lo van a perderâ.

Rostro muy distinto tenÃa el presidente. Llegà muy serio, desencajado, media hora mÃs tarde de lo programado, a una reuniÃn con empresarios exportadores y funcionarios del Ãrea comercial de su gobierno, en el salÃn Carranza de la residencia oficial.

La seriedad de Salinas, lo contento de Camacho y la estancia de Lamadrid en Los Pinos, despertaron todo tipo de especulaciones entre los reporteros que cubrÃan las actividades presidenciales. Crecieron cuando varios que varios empleados del Ãrea de prensa fueron llamados con urgencia por su jefe, Josà CarreÃo CarlÃn, para darles instrucciones y enviar cÃmaras y micrÃfonos a la conferencia del comisionado.

Cerca de las tres y media de la tarde, el ex regente capitalino arribà al hotel donde formularÃa su mensaje, entre gritos de apoyo de empleados, huÃspedes, comensales y curiosos. Con paso firme cruzà las puertas de cristal de la entrada y se dirigià al salÃn donde ya lo esperaba un tumulto. En aquella ocasiÃn, ni la espera de mÃs de una hora irrità a los representantes de los medios nacionales y extranjeros. Un nutrido aplauso recibià al comisionado, acompaÃado por gritos de aliento.

ParecÃa mÃs un mitin que una conferencia de prensa. Entre los reporteros habÃa una buena cantidad de partidarios de Camacho que se habÃan colado al evento. Ãl, sonriente, posaba para los fotÃgrafos y camarÃgrafos. Lo hacÃa con gusto: se notaba que estaba en su ambiente. âPor favor, dejen que los de atrÃs puedan tomar sus placasâ, pedÃa el propio Camacho, su rostro cubierto por las cÃmaras.

Reconocià de entrada, casi al empezar a leer el texto previamente preparado, âel apoyo decididoâ del EjÃrcito Mexicano a favor de la soluciÃn polÃtica en Chiapas. Inmediatamente despuÃs, denunciÃ: âSe ejercen presiones para que este comisionado se retire de la vida polÃtica del paÃsâ.

Y se lanzà por ese camino:

âHoy se dice que Camacho puede crear problemas, cuando la tarea de este comisionado siempre ha estado y estarà en contribuir a la estabilidad econÃmica, polÃtica y financiera del paÃs.

âHoy se quiere presionar a este comisionado inventando problemas administrativos a quienes son hoy sus colaboradores en Chiapas, cuando es del conocimiento pÃblico la honradez con la que se manejaron las decisiones en los altos niveles de la administraciÃn del gobierno de la ciudad de MÃxico. Precisamente quienes filtran esas informaciones falsas son quienes sà estÃn asociados y defienden la corrupciÃnâ.

La primera interrupciÃn de los asistentes. Se desataron los vivas y los aplausos. El ex regente respondià entonces a las crÃticas que habÃa hecho Colosio al programa Hoy no Circula, pero sin mencionar su nombre:

âHoy se dice que si Camacho toma una decisiÃn en contra, se afectarÃn los intereses del PRI, pero no se considera que algunos de los programas que Ãl encabezà en la ciudad de MÃxico siguen teniendo el apoyo mayoritario del Distrito Federalâ.

El evento era ya, a esas alturas, un desorden. FotÃgrafos y camarÃgrafos se abrÃan paso en el salÃn, a codazos y empujones, buscando un mejor lugar para captar las imÃgenes de la estrella. En la pugna, un fotÃgrafo y un camarÃgrafo a punto estuvieron de liarse a golpes.

âA ver âinterrumpià Camacho su discurso–, vamos a aplicar aquà un poquito de conciliaciÃn, compaÃeros. Voy a llegar a la parte mÃs buena y me voy a tener que ir sin decirlaâ.

Las carcajadas y los aplausos atemperaron los Ãnimos exaltados de los rijosos. Entonces se puso serio el mediador y continuà con sus definiciones:

âNo, no acepto que algunos me quieran convertir en el factor que explique las ineficiencias de otros. Camacho ha demostrado lealtad al presidente de la RepÃblica y efectividad en las tareas que se le han encomendado. Tomo mis decisiones de acuerdo con lo que considero mÃs Ãtil a los intereses de MÃxico, de la naciÃnâ.

Aludiendo a Colosio puntualizÃ:

âCamacho no serà problema para que las candidaturas cumplan su responsabilidad de consolidar las campaÃas y demostrar su efectividad a los ojos del pueblo. El espacio siempre ha estado libre. Lo que no estoy dispuesto a hacer, es dejar de ejercer a plenitud mis derechos ciudadanos (…) Yo no puedo, por una razÃn de cÃlculo o en atenciÃn a presiones, cancelar mi vida en la polÃtica y lo que en la polÃtica representoâ.

En esa lÃnea, âpara garantizar la estabilidad polÃtica y econÃmica del paÃsâ, el comisionado subrayà la necesidad de âadoptar con resoluciÃn el trÃnsito ordenado hacia la democraciaâ, pues lo que habÃa demostrado Chiapas era que, âsi las fuerzas de la moderaciÃn y del cambio democrÃtico y pacÃfico no se fortalecen, la defensa de los grupos de interÃs harà mucho mÃs difÃcil la gobernabilidad, al generar divisiones profundasâ.

Camacho advirtià que no actuarÃa âpor presiones ni de manera precipitadaâ y que su funciÃn era âcontribuir a la unidad y participar en la transiciÃn democrÃtica de MÃxicoâ. Entonces planteà las opciones que veÃa en su futuro:

âUn camino que yo considero hoy lo mÃs conveniente serÃa si se apoyan las reformas al IFE y al Cofipe, de tal suerte que se cumpla debidamente el acuerdo para la paz, la justicia y la democracia que suscribieron los partidos polÃticos y los candidatos a la presidencia, y si se dan las condiciones para que yo pueda contribuir a dar garantÃas a la transiciÃn democrÃtica, despuÃs de cumplir con mi misiÃn en Chiapas, mi papel serÃa apoyar la transiciÃn democrÃtica en MÃxico y defender sus resultados.

âOtro camino: Si no se avanza en la democracia, y si en vez de acuerdos hay polarizaciÃn, si se quieren conculcar mis derechos polÃticos como ciudadano, entonces, despuÃs de cumplir mi misiÃn en Chiapas, tomarÃa la decisiÃn polÃtica necesaria para hacer avanzar la democracia y propiciar la unidad de MÃxicoâ.

Un aplauso unÃnime irrumpià en el salÃn. Y se desataron los gritos de adhesiÃn. El comisionado salià del salÃn en medio del tumulto, prÃcticamente en vilo. La crÃnica de Carlos Acosta y RaÃl Monge, reporteros alejados de la sospecha y de la prÃctica dÃcil del periodismo, es mÃs que elocuente:

âPoco faltà para que lo llevaran en hombros. Escena de apoteosis, el recorrido hasta su auto, a las puertas del hotel: jaloneos, codazos, tropiezos, golpes, histeria…con tal de estar junto a Camacho que, sudoroso pero radiante y con un evidente gozo Ãntimo reflejado en el rostro, disfrutaba su poder de convocatoria y veÃa cÃmo muchos, realmente muchos periodistas, perdÃan momentÃneamente esa condiciÃn para convertirse en francos simpatizantes suyos.

âLos gritos de ZÃ-ca-lo, ZÃ-ca-lo y Ca-ma-cho, Ca-ma-cho de los propios periodistas, sintetizaban el Ãnimo pro camachista de la jornada. Grabadoras y cÃmaras nunca se despegaron de Camacho en ese recorrido. Como si hubiera sido insuficiente su largo discurso, las preguntas se sucedÃan en cascada, atropelladas. E inquirÃan, entre broma y veras, ponderar su relaciÃn con Colosio, su posible separaciÃn del PRI, su candidatura por el Partido Verde, el Hoy no Circula, si se quitarà Marcos el pasamontaÃas, si va a demandar a los columnistas que lo atacan, si quiere ser senador, donde anda su novia que no aparece desde antes del destape, que si le ha declarado la guerra al presidente, cÃmo veÃa CÃrdenas, que si se va a ir del paÃs.

âY como pudo, subià a su vehÃculo en el que lo esperaban la doctora Moreno Toscano, EnÃquez Cabot, Ignacio MarvÃn, Roberto Salcedo. El automÃvil partià rumbo a Jardines de Vista Hermosa, delegaciÃn Cuajimalpa, en donde resideâ.

LA CONFRONTACIÃN SALINAS-CAMACHO EN LOS PINOS

Dos horas antes del inicio de la conferencia de prensa, Camacho sostenÃa un acre desencuentro con el presidente en la residencia oficial de Los Pinos. Los detalles de la reuniÃn fueron corroborados despuÃs por los propios protagonistas y, de manera indirecta, por Josà CÃrdoba y Jorge Carpizo. Sus testimonios pueden encontrarse en el Tomo IV de las conclusiones de la FiscalÃa Especial del Caso Colosio.

–ÂExpresà al licenciado Carlos Salinas âpreguntà el Ministerio PÃblicoâalguna opiniÃn sobre la campaÃa del licenciado Luis Donaldo Colosio?

–DespuÃs de que regresà de Chiapas ârespondià Camacho–, era uno de los temas que se discutÃan centralmente, sobre todo vinculado con la posibilidad que manejaban los medios de que yo pudiera ser candidato a la presidencia de la RepÃblica. Ese tema era el tema de discusiÃn general y prÃcticamente todos los sectores lo mencionaban.

–ÂQuà comentarios le hizo el licenciado Carlos Salinas a raÃz de lo anterior?

–La principal preocupaciÃn que me externaba el presidente Salinas era que en los medios polÃticos se habÃa creado la impresiÃn de que yo querÃa ser presidente de la RepÃblica.

Salinas de Gortari, relatà Camacho, le pidià que se pronunciara de manera categÃrica en el sentido de que no tenÃa aspiraciones a la presidencia. âEse fue el punto central desde la primera platica que tuve con Ãl, despuÃs de las negociaciones de paz en San CristÃbalâ.

–Precise por favor cuÃl fue su respuesta ârequirià la fiscalÃa.

–El dÃa 11 de marzo habÃamos quedado âcontà Camachoâque yo harÃa una declaraciÃn pÃblica al respecto, con la que yo estaba de acuerdo. Pero en esos dÃas ocurrieron una serie de hechos que me llevaron a fijar una posiciÃn como la que presentà en la conferencia de prensa.

âYo fijaba mi posiciÃn âcontinuà mÃs adelante–: PreferÃa ser un factor que empujara la transiciÃn a la democracia (es decir, no querÃa ser candidato, querÃa utilizar mi prestigio polÃtico para asegurar la paz y hacer los cambios en el paÃs), pero no estaba dispuesto a restringir mis derechos ciudadanos (por la vÃa de las presiones y las amenazas), ni a permitir que se expusiera el proceso de paz en su conjuntoâ.

Carlos Salinas describe un alto nivel de tensiÃn, al punto incluso de la ruptura:

âLe pedà al licenciado Manuel Camacho que se pronunciara con claridad sobre su concentraciÃn exclusiva en las tareas como comisionado para la paz, pero Ãste respondià que pensaba hacer una declaraciÃn pÃblica en la que seÃalarÃa grupos, personas e intereses que eran contrarios a su labor y desempeÃo como comisionado (…) Le dije que afirmaciones sin sustento sÃlo daÃaban el clima de armonÃa pÃblica, iban en demÃrito de su actuaciÃn (…) que si se empeÃaba en hacer una declaraciÃn sin sustento, inmediatamente anunciarÃa su remociÃn como comisionado para la pazâ.

La versiÃn de CÃrdoba, que platicà con el presidente, al tÃrmino de la reuniÃn del 11 de marzo:

âMe comentà que habÃa sido una reuniÃn muy difÃcil (…) que lo sentÃa muy sensible a crÃticas que se habÃan expresado en torno a su gestiÃn como comisionado para la paz y a su papel en el escenario polÃtico nacional, que esa sensibilidad lo habÃa llevado a incorporar en el proyecto del texto que sometià a su consideraciÃn, algunas frases inconvenientes que el presidente le solicità omitir (…) Me dijo que habÃa tenido que hablar con el licenciado Camacho con cierta firmezaâ.

A Jorge Carpizo, Salinas le comentà que habÃa tenido dificultades con Camacho por declaraciones que Ãste pensaba hacer. El presidente las considerà âinconvenientesâ y exigià a su subordinado que excluyera âciertos pÃrrafosâ.

La crÃnica de Carlos Acosta y RaÃl Monge, corrobora la modificaciÃn del texto que pronuncià el comisionado para la paz en Chiapas, el 11 de marzo: âa la mitad del discurso, parte del cual corrigià antes de leerlo….â

Y la declaraciÃn ministerial de Manuel Camacho:

âSe lo presentà (el comunicado) antes de darlo a conocer y fue motivo de una profunda confrontaciÃn personal. Las palabras exactas no las recuerdo. El presidente me exigià que hiciera esa declaraciÃn (que ya no aspiraba a la presidencia). Me amenazà si no lo hacÃa. Le dije que yo por esa fuerza no me iba a doblar y que yo estaba dispuesto a hacerlo, pero no en las condiciones que se me querÃan imponer, sobre todo despuÃs del trabajo que habÃamos hecho para frenar la guerra en Chiapas, y que entre otras cosas habÃa tenido un efecto favorable en la campaÃa del PRI (…) esto, en contra de todas las versiones que despuÃs podrÃamos aclarar respecto a la campaÃa contra la campaÃa. Le dije al presidente que mi objetivo no era la candidatura, que mi objetivo era que se firmara la paz, pero que con esos mÃtodos yo no iba a hacer lo que me pedÃan.

âEl presidente sabÃa que la paz era mi flanco dÃbil y entonces vino la amenaza mayor: o tà aceptas, o dejas de ser comisionado para la paz. Lo cual significaba que se venÃa abajo todo el proceso. Me pidià que hiciera algunos cambios al documento. Algunos los tomà en cuenta, otros no, y asà lleguà al hotel Presidente, donde los medios esperaban una candidatura, con la posiciÃn anticlimÃtica de decirles que yo preferÃa ser un factor a favor de la transiciÃnâ.

EL ENCUENTRO CAMACHO-COLOSIO

Salinas se habÃa convertido en rehÃn no de su amigo, sino de su propio manejo del poder. Se habÃa enredado en sus propias maquinaciones. A esas alturas le quedaba muy claro. La Ãnica salida para resolver el problema era convertirse Ãl mismo en mediador y parar el pleito entre Camacho y Colosio. La Ãnica forma de lograr este propÃsito era sentarlos frente a frente hasta que resolvieran sus diferencias. El caso es que ambos ganaran con la negociaciÃn.

Se pactÃ, entonces, la famosa cena del 16 de marzo entre ambos, en casa del entonces delegado polÃtico en Azcapotzalco, Luis FernÃndez MartÃnez del Campo. La trama de esa historia es la siguiente:

âConversamos (Donaldo y Ãl) âdijo Salinas en su declaraciÃn ministerialâde cÃmo coadyuvar a que el licenciado Camacho terminara con sus ambigÃedades y se concentrara en su trabajo como comisionado, y coincidimos en que una manera de lograrlo era con este trato directo con el licenciado Colosio hacia Ãl, personalâ.

–La reuniÃn que el 16 de marzo tuvieron tanto el candidato como el comisionado Âfue producto de una instrucciÃn o sugerencia del declarante a alguno de los protagonistas de dicha reuniÃn? âpreguntÃ, circunspecto y formal, el fiscal Luis RaÃl GonzÃlez PÃrez.

–Fue resultado de un diÃlogo con el licenciado Colosio ârespondià Salinas, con todo el protocolo del caso–. No quiero decir que haya sido lo Ãnico que decidià al licenciado Colosio, pero testifico lo que conozco

MartÃnez explicà los entretelones del encuentro:

âEl dÃa 10 de diciembre de 1993 tuvimos una conversaciÃn Manuel Camacho y yo y me dijo que estarÃa entregado a la tarea que le habÃa encomendado el presidente. (…) le propuse que se buscara un encuentro con Colosio (…) sabiendo que yo era amigo de Colosio, y si se daban las condiciones, serÃa conveniente que se abriera un espacio para que platicaran. El 17 de diciembre Colosio estuvo en una verbena popular en Azcapotzalco y el 18 coincidà con Ãl en una cena en la casa de Enrique Jackson. Platicamos y al dÃa siguiente me llamà por telÃfono y quedamos de tener a la brevedad un encuentro (…) se pospuso por mucho tiempo por las actividades propias que realizÃbamos (…) tuvimos varios acercamientos telefÃnicos (…) pero fue hasta el mes de marzo, despuÃs del dÃa 6, cuando Ãl me llamà y tuvimos una larga conversaciÃn en el PRI, en donde Ãl me dio a escoger las fechas que considerara pertinentes para el encuentro (…) posteriormente Camacho en la misma forma me dio su agenda y fui yo el que definià el encuentro el dÃa 16 de marzo en mi domicilioâ.

El mayor GermÃn GonzÃlez Castillo, responsable de la seguridad personal de Colosio, relatà en su declaraciÃn ministerial:

âVenÃamos de un evento en Toluca y dentro de la agenda venÃa seÃalada una reuniÃn en las calles de Gelatti. Llegamos y todavÃa no estaba ahà Camacho SolÃs. Se encontraba el que era delegado en Azcapotzalco (…) me salà y me quedà en la camioneta. Como a los veinte minutos llegà Camacho SolÃs. Cuando salià lo Ãnico que me dijo fue: âvÃmonosâ. (…) yo pienso que el licenciado Colosio al salir estaba cansadoâ.

El anfitriÃn contà que Ãl estuvo presente solamente al inicio de la conversaciÃn. La cena entre Camacho y Colosio durà de las 21:35 horas a las 23:50, aproximadamente. En dos o tres ocasiones fue llamado por alguna cortesÃa de Luis Donaldo, pero MartÃnez fue ajeno al diÃlogo que hubo entre ellos. Cuando concluyà la cena fue la Ãltima vez que lo llamaron. El ex regente le dijo: âHemos terminadoâ. Y luego le pidià que acompaÃara a Donaldo a su auto.

Para el comisionado, el encuentro con su rival polÃtico fue muy fructÃfero. Lo interpretà como un armisticio. Incluso comentà con el anfitriÃn del encuentro que el sonorense le habÃa ofrecido la opciÃn de ser senador por el Distrito Federal o secretario de GobernaciÃn en su administraciÃn. TambiÃn habÃan comentado su impresiÃn de que CÃrdoba estaba detrÃs de las campaÃas periodÃsticas.

Los camachistas interpretaron aquel encuentro como la deposiciÃn definitiva de las armas por ambas partes, pero la versiÃn de los colosistas fue muy distinta, segÃn se puede apreciar de sus declaraciones.

Alfonso Durazo: âLa apreciaciÃn del declarante es que los resultados no fueron alentadores, es mÃs, no alteraron de fondo el nivel de la tensa relaciÃn que prevalecÃa entre ellosâ.

Carlos Salinas lo sintetizà con una frase de Colosio, cuando le preguntà por el resultado del encuentro:

–Ya ve como es Manuel. Me dediquà a escuchar.

Por Redaccion

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