Ramón Alfonso Sallard

Las cosas por su nombre

En su carrera posterior a Washington, Roy Cohn se estableció como el abogado de referencia para todos aquellos que querían vencer al sistema utilizando las zonas grises de la ley. No vendía experiencia legal, sino un servicio indispensable para los corruptos: eludir las reglas. Este era exactamente el servicio que Donald Trump requería para superar una demanda federal por discriminación. Lo mismo concluyeron, en sus respectivos asuntos, figuras de la alta sociedad neoyorquina como el propietario de los Yankees, los dueños del club nocturno Studio 54, la Arquidiócesis Católica Romana de Nueva York y varios jefes del crimen organizado como Tony Salerno y Carmine Galante.

La clientela de Cohn revelaba claramente su visión transaccional de la ley. No era un ideólogo, sino un mercenario que utilizaba tácticas despiadadas para obtener resultados. Sus conexiones y la instrumentalización del miedo hicieron del ex fiscal un elemento igualmente atractivo para los jefes de la mafia que necesitaban intimidar a los testigos y para los promotores inmobiliarios como Trump, que requerían presionar y/o extorsionar a funcionarios para eludir la ley.

La vida personal de Cohn fue tan polémica y truculenta como su actividad profesional. Llevó una vida de lujos y evadió impuestos de forma crónica, acumulando una deuda con el IRS de más de 7 millones de dólares. Exhibió una contradicción central: su homosexualidad, que no solo negaba públicamente, sino que perseguía a otros por la suya. El desafío final fue negar una realidad biológica: a pesar de ser diagnosticado con SIDA en 1984, enfermedad que había despreciado públicamente, insistió hasta su muerte en 1986 que padecía cáncer de hígado. Este acto fue la aplicación final y trágica de su propia regla: «no admitas nada, niégalo todo».

Pero la derrota final de Roy Cohn ocurrió en junio de 1986, semanas antes de su muerte:  la Corte Suprema del Estado de Nueva York lo inhabilitó para ejercer la abogacía. A pesar de haber sobrevivido a tres acusaciones federales por soborno, extorsión y fraude en las décadas de 1960 y 1970, lo que reforzó su sentido de invencibilidad, esta vez las pruebas en su contra eran contundentes e inobjetables.

Los actos que llevaron a la inhabilitación del ex fiscal no fueron complejas maniobras legales, sino actos crudos y personales de fraude contra clientes vulnerables. Los cargos específicos incluían mentir en su solicitud para el colegio de abogados de D.C. y malversar fondos de clientes. El acto más reprobable fue obligar a un cliente moribundo, el multimillonario Lewis Rosenstiel, a firmar una modificación a su testamento para nombrar a Cohn albacea de su patrimonio. El panel disciplinario calificó su conducta de «no ética», «no profesional» e «inexcusable», centrándose en violaciones fundamentales del deber profesional.

El final ignominioso de la carrera de Roy Cohn no fue producto de complejas maquinaciones políticas y legales difíciles de procesar, sino de su avaricia personal y de su ausencia de límites éticos básicos. Estos rasgos, que lo hicieron vulnerable, son los mismos que exhibe hoy Donald Trump, su discípulo más avezado.

La relación entre Roy Cohn y el actual presidente de Estados Unidos surgió de una crisis legal. En 1973, el Departamento de Justicia de ese país presentó una trascendente demanda de derechos civiles en contra Donald Trump, su padre Fred y la empresa de ambos. La dependencia alegó discriminación racial sistemática en el alquiler de viviendas. El caso del gobierno era sólido, pues existían pruebas irrefutables de que las solicitudes de inquilinos negros se marcaban con una «C» de «colored» (de color).

El racismo manifiesto de los Trump violaba inobjetablemente la Ley de Vivienda Justa de 1968. Por ello, los abogados convencionales de la familia aconsejaron llegar a un acuerdo. Pero el joven Donald, de 27 años entonces, en lugar de aceptar, buscó un camino diferente. Se reunió con Roy Cohn en el exclusivo club nocturno de Manhattan, Le Club, para pedirle consejo. Obtuvo la respuesta que buscaba, y a partir de entonces la adoptó como estrategia de vida ante cualquier adversidad: pelea en los tribunales y después, independientemente del resultado, declara tu victoria.

Inmediatamente, Cohn pasó a la ofensiva. Presentó una contrademanda de 100 millones de dólares contra el gobierno por difamación, calificando la investigación de «irresponsable» y «sin fundamento». Aunque la contrademanda fue desestimada y los Trump finalmente firmaron un decreto de consentimiento en 1975 (sin admitir culpabilidad), Cohn le enseñó a Trump una lección crucial: la percepción pública puede ser más importante que la realidad legal. El actual presidente de Estados Unidos, siguiendo el ejemplo de su mentor, se declaró ganador del litigio, versión que sostiene hasta la fecha. Este evento marcó el momento en que Trump encontró su «brújula moral».

La relación que se desarrolló fue simbiótica. Para Trump, Cohn proporcionó un modelo de cómo ejercer el poder. Para Cohn, Trump fue el protegido definitivo, un «meteorito en ascenso» que podía llevar sus métodos a un nuevo nivel de influencia. Cohn no fue solamente el abogado de Trump, sino que también fue su arquitecto ideológico y táctico, inculcándole un conjunto de principios operativos que se convirtieron en la base del propio manual de Trump. Estas reglas, descritas consistentemente en múltiples fuentes, son las siguientes:

Regla 1: Nunca te rindas ni te entregues: ataca, ataca, ataca. El principio fundamental es estar siempre a la ofensiva. Cuando te acusen, ataca de inmediato y con saña la credibilidad, los motivos y el carácter del acusador. Reformula la narrativa, pasando de la defensa al ataque. Ejemplos: los resultados electorales que dieron la victoria a Joe Biden y la toma del Capitolio por parte de sus seguidores.

Regla 2: No admitas nada: niégalo todo. Nunca te disculpes ni cedas en ningún punto. No reconozcas ninguna fechoría, independientemente de las pruebas. Esto obliga al acusador a probar cada una de sus afirmaciones, creando una percepción pública de fuerza inquebrantable. Ejemplos: el juicio en el que fue condenado por 34 cargos de índole sexual y su extensa presencia en los archivos Epstein.

Regla 3: Pase lo que pase, proclama la victoria. Controla la narrativa pública. Incluso en una derrota o un acuerdo, declara que has ganado. La percepción pública es a menudo más importante que el resultado real de un proceso legal. Ejemplos: las proclamas diarias de victoria sobre Irán, que diariamente responde con misiles, y que cerró el estrecho de Ormuz, abierto a la navegación hasta que EU e Israel decidieron agredir sin motivo a los persas.

La carrera empresarial de Trump se convirtió en una aplicación práctica y un perfeccionamiento del manual de Cohn. No sólo en su abogado, sino también su mentor y confidente, asesorándolo en todo, desde contratos inmobiliarios hasta su acuerdo prenupcial con Ivana Trump. El futuro presidente estadounidense internalizó el litigio como herramienta eficaz de intimidación y apalancamiento, según puede constatarse en sus numerosas demandas contra socios, ciudades y críticos. Es decir, aprendió a usar la ley para estafar.

Trump aprendió también de Cohn a cultivar relaciones con los medios de comunicación para construir una imagen pública de éxito inquebrantable. Esta habilidad fue vital para sobrellevar tormentas financieras, incluidas seis bancarrotas corporativas que involucraron sus casinos y hoteles. En lugar de ser vistos como fracasos, Trump los presentó como ejemplos de su astucia empresarial, utilizando las leyes de bancarrota a su favor.

La carrera empresarial de Trump constituyó un campo de entrenamiento mediante el cual perfeccionó las tácticas de Cohn. Ese espacio lo preparó para el escenario político. El modus operandi heredado es el que define su presidencia. Los paralelismos son directos y están bien documentados. Lo que quizá Trump no ha contemplado es que su avaricia manifiesta y su falta de ética, pueden llevarlo a un final de vida tan ignominioso como el que padeció su mentor. Su acelerado desmoronamiento público se puede observar en tiempo real.

Por Redaccion

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