Ramón Alfonsdo Sallard
Las cosas por su nombre
El alto el fuego entre Estados Unidos e Irán después de cuarenta días de guerra asimétrica dejó varias lecciones y clarificó las cosas en materia militar, estratégica, política, económica y mediática. En todas y cada una de estas áreas la capitulación de Estados Unidos frente a la antigua Persia fue contundente y sonora, a pesar de la narrativa victoriosa que ha intentado imponer sin éxito la Casa Blanca.
Empero, la mayor derrota personal e institucional debe ser atribuida al presidente de Estados Unidos, que se desquició penosamente frente a la resistencia iraní, al punto de amenazar con el exterminio de esa civilización milenaria en fecha y hora determinada. Al dar marcha atrás de nuevo, Donald Trump quedó nuevamente exhibido y en ridículo. El orate naranja, en efecto, ya no produce miedo sino risa. O, en el mejor de los casos, pena ajena.
Identificar hoy a Donald Trump como un orate no es excesivo. En el mejor de los casos, resulta aplicable la segunda acepción de la RAE: “Persona de poco juicio, moderación y prudencia”. Pero su conducta actual coincide más con la primera definición: “Persona que ha perdido el juicio”. La RAE reconoce también, como sinónimos de orate, los siguientes: loco, demente, perturbado, enajenado, lunático, chiflado, maniático.
Pero vamos por partes. Van los primeros ocho apuntes:
1) La agresión militar de EU e Israel contra Irán se basó en premisas falsas generadas por la presunta “inteligencia” sionista. New York Times documentó puntualmente la trama, avalada también por el ex director del Centro Nacional de Contraterrorismo de ese país, Joe Kent, quien renunció a su puesto por tal motivo e hizo públicos sus argumentos. La premisa mayor era que si descabezaban al régimen, la población se levantaría en contra de su gobierno y apoyaría la incursión militar extranjera. La premisa menor era que Irán estaba desarrollando armas nucleares, lo cual se ha demostrado que es absolutamente falso (tal cual ocurrió antes con Irak).
2) EU e Israel se equivocaron por completo al analizar la capacidad de respuesta del enemigo. Creyeron que podían destruir en cuestión de días su fuerza aérea, su fuerza naval, sus defensas aéreas y radares y su capacidad misilística. La sorpresa fue mayúscula. Casi cien oleadas de misiles y drones contra objetivos estratégicos de Israel y EU en la zona, así lo demuestran. Incluso el propio Trump reconoció estar asombrado ante la respuesta de Irán. Varios de los aviones y baterías antiaéreas destruidas en ese país eran, en realidad, señuelos.
3) EU subordinó sus intereses estratégicos a una visión religiosa expansionista de Israel. El gobierno de Netanyahu tiene la misión de reconstruir el Gran Israel, según lo ha explicado con toda claridad desde hace décadas, lo cual implica absorber territorios de varios países vecinos, e incluso desaparecerlos como naciones independientes. Esta visión, sin embargo, afecta a los países musulmanes “aliados” de EU en la zona, sobre todo a las monarquías árabes que sostienen la economía global mediante el petrodólar. Algunos de estos países han tomado distancia, quizá irreversible, con su otrora aliado y protector.
4) EU mostró al mundo que no es un interlocutor confiable, pues atacó a traición dos veces mientras realizaba negociaciones diplomáticas con Irán. La segunda vez se tenía ya, incluso, un borrador del acuerdo aceptado por ambas partes. Por si fuera poco, la agresión no se centró exclusivamente en objetivos militares, sino que tuvo como propósito principal el magnicidio del jefe de Estado iraní (Alí Jamenei) y el asesinato selectivo de la cúpula política, militar y de inteligencia del país persa. Estos eventos constituyen claros crímenes de guerra establecidos en diversos instrumentos del derecho internacional vigente.
5) EU exhibió sin querer que su costoso aparato militar, particularmente su flota naval, es hoy obsoleta frente a las nuevas y más económicas tecnologías de guerra (drones y misiles) desarrolladas por Irán y otros países. Los ostentosos portaaviones norteamericanos ejemplifican claramente este cambio radical. Los armatostes que antes asustaban con su sola presencia hoy deben mantenerse alejados de la zona de conflicto, pues pueden ser hundidos con facilidad por el enemigo si se acercan a distancia de ataque. El propio Trump reconoció que su portaaviones más grande fue bombardeado con más de 100 misiles. Y aunque no se reconocieron oficialmente los daños, atribuidos a un incendio en la cocina, lo cierto es que ese buque se encuentra en reparación en Grecia, la cual durará alrededor de un año.
6) EU reveló que su tecnología “invisible” de última generación en aviones caza como el F-35, en realidad puede ser detectada y abatida con tecnología más elemental (sensores de sonido) e incluso analógica. Aunque existe evidencia de un número indeterminado de aeronaves de diverso tipo y capacidades destruidas por Irán, los daños materiales y humanos han sido minimizados por la Casa Blanca, lo cual configura claramente un encubrimiento que podría llevar a juicio al secretario de Guerra, Pete Hegset, pero también al presidente Trump una vez que deje el cargo. Una de las razones del encubrimiento es que su tecnología presuntamente infalible, ya no podrá ser vendida tan fácilmente, y a precios onerosos, a los países bajo su influencia.
7) EU demostró en el campo de batalla que sus bases militares ubicadas en Asia Occidental son absolutamente vulnerables a los contraataques militares iraníes. La destrucción sistemática de estas instalaciones por parte de los persas, lo cual incluye radares costosísimos y baterías antiaéreas Patriot, que son también sumamente caras y de escasa producción, dejaron totalmente a oscuras sus capacidades defensivas. Pero ese estado de cosas no solamente afectó de manera directa a EU y a Israel, sino también a los países árabes que aceptaron este tipo de instalaciones militares en sus territorios. Lejos de protegerlos contra el enemigo, los convirtió en objetivos legítimos. Consecuentemente, varios de los afectados iniciaron movimientos para cerrar las bases norteamericanas, pues ya demostraron su inutilidad en el terreno de los hechos. En las circunstancias actuales constituyen un verdadero problema, no una solución.
8) La presunta invulnerabilidad de la “Cúpula de hierro” israelí quedó hecha añicos a base de misiles disparados desde Irán y desde otros territorios donde operan milicias afines al Estado persa. El costosísimo aparato de defensa de Israel, diseñado e implementado por Estados Unidos, es hoy una auténtica coladera. La estrategia iraní fue saturar con drones y misiles de bajo costo el sistema antiaéreo sionista hasta disminuir, e incluso agotar, su reserva de misiles defensivos. Desplegó entonces una oleada de ataques con misiles hipersónicos y de última generación, cuya efectividad ha dejado pasmados a los agresores. Hoy Tel Aviv y el puerto de Haifa se asemejan más a Gaza, destruida sistemáticamente por Israel, de manera impune, durante más de dos años. Al quedar clara la vulnerabilidad del Estado sionista, sus enemigos regionales lo han empezado a atacar conjuntamente, y de manera coordinada, desde distintos puntos de Irán, Líbano, Irak, Yemen y Siria. Los misiles, cohetes y drones ya no son interceptados como antes por las bases militares estadounidenses o de aliados de la OTAN en la región, asentadas todas en países árabes y/o musulmanes. Esto representa un peligro existencial para Israel, que no existía antes de la agresión conjunta de esa país y de EU a Irán.
