Los idus de marzo 30 aÃos despuÃs (V)

Por RamÃn Alfonso Sallard

El 19 de marzo de 1994, el coordinador general de la campaÃa presidencial priista, Ernesto Zedillo, le envià una carta de cinco cuartillas a Luis Donaldo Colosio en la que le propone establecer âun pacto polÃticoâ con el presidente Carlos Salinas y âacordarâ con Ãl cÃmo se harÃa la crÃtica a su gobierno, percibida por la opiniÃn pÃblica como âdemoledoraâ, a partir del discurso del 6 de marzo –âveo un MÃxico con hambre y sed de justiciaâ– en el Monumento a la RevoluciÃn. Su anÃlisis se divide en cuatro puntos: el presidente, Manuel Camacho, el equipo de campaÃa y el PRD (comparto al final el texto Ãntegro de la carta).

Al este Ãltimo partido lo califica como âoposiciÃn errÃtica que no trabaja Ãnicamente para ganar los votosâ, pues se comporta âcomo una fuerza que va por el desorden, el conflicto poselectoral y una negociaciÃn en la que obtengan algo de lo que no les darà la vÃa electoralâ. Por ello le sugiere a su jefe âmontarnosâ en el acuerdo de civilidad que, en esos dÃas, habÃan firmado todas las fuerzas polÃticas contendientes, con el propÃsito de âneutralizar al PRDâ y âlavar culpas pasadasâ.

Al equipo de campaÃa, presuntamente bajo su coordinaciÃn, Zedillo no le otorga crÃdito alguno. Por el contrario, advierte âclaras deficienciasâ, âcalidad insuficiente en los recursos humanosâ y âfalta de coordinaciÃnâ, entre otras cosas. En su opiniÃn, el equipo de campaÃa y el PRI requerÃan una reestructuraciÃn a fondo, al igual que la implantaciÃn de una nueva disciplina de trabajo.

A la yugular se le va a Manuel Camacho. SegÃn su criterio, el comisionado para la paz en Chiapas âbusca desde la sustituciÃn directa del candidato del PRIâ, hasta convertirse en 1995 en el lÃder de una fuerza opositora importante y decisiva en el curso del paÃs. âSus opciones âcontinÃa– pasan tambiÃn por ser candidato de un partido distinto al PRI, o beneficiario de la presidencia como resultado de una negociaciÃn poselectoralâ. Por ello urge a Colosio a empujar al disidente a la oposiciÃn: âNo es conveniente que siga siendo oposiciÃn activa sin tener los riesgos y dificultades de una oposiciÃn declarada y formalâ.

Al presidente Salinas, en cambio, Zedillo lo halaga hasta la ignominia. Incluso escribe âSeÃor Presidenteâ con mayÃsculas, en forma claramente reverencial. Razona: âComo es de esperar, y legÃtimo desde cualquier punto de vista, la prioridad del SeÃor Presidente es concluir satisfactoriamente su mandato. Asà servirà mejor al paÃs y a su enorme orgullo de hombre de Estado (…) La combinaciÃn de la soledad del 6 aÃo, la pÃrdida, anulaciÃn o distanciamiento de hombres de confianza y la tarea calculada y deliberada de algunos, dan una mezcla sumamente propicia para que vaya perdiendo importancia en el Ãnimo presidencial el cuidado de la sucesiÃn. DespuÃs de todo, Ãl debe pensar que su parte mÃs importante, la de, en su oportunidad, apoyar tu candidatura, ya la cumpliÃ, y que con ese impulso inicial la tarea por cumplir es esencialmente tuya. Es de esperar que se està dando una influencia muy tenaz para desacreditar el valor de tus capacidades y de tu lealtadâ.

En otra parte de la misiva, Zedillo apremia a Colosio:

âTal como te lo propuse desde enero, debe establecerse clara y precisamente una alianza polÃtica con el SeÃor Presidente. Debes ofrecer toda tu lealtad y apoyo para que Ãl concluya con dignidad su mandato; no debes pedirle mÃs que su confianza en tu lealtad y capacidad, externarle tu convicciÃn de que Ãl ya cumplià con la parte mÃs importante de la sucesiÃn y que ahora harÃs tà lo que a ti te corresponde; que como parte de la estrategia de campaÃa se requiere un candidato que la gente sepa que no serà manipulado por el presidente Salinas, pero que goza de su confianza y aprecio, y para eso es necesario que haya un acuerdo explÃcito sobre cÃmo se producirà esa percepciÃn en la opiniÃn pÃblica. Cada vez que haya que seÃalar tareas pendientes y deficiencias del Gobierno, mediarà notificaciÃn previa y se serà receptivo a observaciones sobre la forma de decirlo. Insisto, mi propuesta de celebrar este pacto es independiente de mi admiraciÃn y agradecimiento por el SeÃor Presidente. Es una recomendaciÃn elemental, yo dirÃa de libro de texto, de estrategia polÃticaâ.

EL RECLAMO DE ZEDILLO POR LA DIFUSIÃN DEL DOCUMENTO

El diario Reforma publicà Ãntegra la carta de Zedillo a Colosio el 3 de octubre de 1995. La difusiÃn del documento significà un terremoto polÃtico. Desde Los Pinos, donde operaba el ex vocero colosista LiÃbano SÃenz, en su nueva funciÃn de secretario particular del presidente, atribuyeron la filtraciÃn a Alfonso Durazo, ex secretario particular de Luis Donaldo, quien habÃa sido designado el dÃa anterior como secretario de DivulgaciÃn y Propaganda del CEN del PRI. Su presidente, Santiago OÃate, habÃa anunciado su nombramiento en la vÃspera mediante un comunicado de prensa. el 2 de octubre de 1995.

El miÃrcoles 4 de octubre, Reforma publicà una carta de inconformidad enviada por el presidente de la RepÃblica al dueÃo y director general del diario, Alejandro Junco de la Vega. En ella el mandatario expresà su âmÃs profunda inconformidadâ por la difusiÃn de una misiva âpersonalâ al candidato, y luego argumentÃ:

âNo encuentro ninguna razÃn moralmente vÃlida para revelar una comunicaciÃn estrictamente privada hecha desde la perspectiva de una relaciÃn de trabajo, amistad y comunicaciÃn de ideales, que sÃlo concernià al lic. Colosio y a un servidor. Considero que la publicaciÃn de la carta viola las mÃs elementales reglas de la Ãtica periodÃstica que ustedes mismos han sustentado de tiempo atrÃsâ.

TodavÃa mÃs:

âTan lamentablemente como la publicaciÃn de la carta, es el uso que ustedes le dan para introducir, en medio de los elementos informativos de la nota, algunas insinuaciones y conjeturas respecto a un crimen que sigue agraviando a todos los mexicanos y que no descansaremos hasta que se aclare plenamente y se haga justiciaâ.

Junco respondià en entrevista con Proceso (No. 988, 09/10/95): âpara mà no està ni cerca de ser discutible la publicaciÃn de ese documentoâ. Y aÃadiÃ: âen el asunto de si nosotros tenemos o no razÃn de haber publicado la carta, desde luego respeto la manera de pensar del presidente, pero nosotros pensamos que tenemos no solamente el derecho sino la obligaciÃn. Desde el momento que estuvo en nuestras manos el documento de Zedillo, Reforma tenÃa dos opciones: la autocensura o cumplir con nuestra responsabilidad frente al lector. Desde luego que dado que nuestra misiÃn es informar, elegimos lo segundoâ.

En la misma publicaciÃn, Alfonso Durazo terciÃ: âEs ciertamente un documento personal, mas no Ãntimo […] es un documento privado, pero de una gran trascendencia pÃblica, y en ese sentido no me parece que el diario Reforma haya faltado a ninguna elemental o elaborada Ãtica periodÃstica […] Me parece que es un documento de gran valor, sin cuyo contenido no se entiende o no se entenderÃa un tramo importante de la historia del paÃsâ.

AsegurÃ, ademÃs, que la carta de Zedillo a Colosio, âprueba la ruptura entre el presidente y el candidatoâ, base de una de las âhipÃtesis fundamentalesâ de la investigaciÃn, sumamente arraigada en el Ãnimo de la opiniÃn pÃblica: âque la autorÃa intelectual del crimen radicà en los personajes que ocuparon Los Pinos en aquel tiempo, especÃficamente Josà CÃrdoba Montoya y Carlos Salinasâ.

El sonorense negà haber sido Ãl quien filtrà la carta a Reforma, pero confirmà que, mediante declaraciÃn ministerial, rendida dos meses atrÃs ante al fiscal especial Pablo Chapa Bezanilla, entregà cinco cajas del archivo de Colosio con documentos diversos, entre los que se encontraba la carta de Zedillo.

Durazo explicà en aquella ocasiÃn que habÃa decidido no aceptar el cargo en el CEN del PRI, al que lo habÃa invitado OÃate âse lo escribià en su carta de renuncia–, para estar en libertad de responder, puntualmente, a cada uno de los seÃalamientos o imputaciones que se hicieran en su contra.

NOMBRAMIENTO DE ZEDILLO: LAS SOSPECHAS

Los colosistas no sÃlo temieron que su candidato fuera reemplazado por Manuel Camacho, tras su papel protagÃnico en Chipas: antes les despertà las mismas reservas su coordinador de campaÃa, pues veÃan esta posiciÃn como una candidatura alterna tramada por Josà CÃrdoba. Asà lo revelà en su momento el periodista regiomontano Federico Arreola, quien vivià muy de cerca las entretelas de la sucesiÃn y de la campaÃa, en virtud de su cercana amistad con el sonorense, a quien acompaÃaba a todos lados. Era de la comitiva permanente.

El 7 de diciembre de 1993, poco despuÃs del destape, el articulista escribià en Reforma:

âHay que ser sinceros: ni los priistas ni la opiniÃn pÃblica han aceptado con entusiasmo el nombramiento de Ernesto Zedillo como coordinador de la campaÃa electoral de Luis Donaldo Colosio […] A Zedillo se le considera un hombre inteligente y profesionalmente muy capacitado, pero no se le ven aptitudes para desempeÃar un puesto, el de dirigir una campaÃa presidencial, que exige la mayor vocaciÃn polÃticaâ.

En el mismo artÃculo, Arreola calificà al coordinador de la campaÃa colosista como âtecnÃcrataâ y se refirià largamente a su formaciÃn. Le causaba gracia que le gustara usar su tÃtulo de doctor. Lo que mÃs le preocupaba, sin embargo, era el tema de la sustituciÃn:

âMÃs grave que el ser calificado de imposiciÃn de CÃrdoba, es para Zedillo, y desde luego para Colosio, el hecho de que se està viendo al coordinador de la campaÃa como un candidato alterno. Esto significa que los dirigentes del sistema polÃtico mexicano pusieron a Ernesto Zedillo fuera del gabinete presidencial, de tal forma que no estuviese impedido por la ley para ser Ãl mismo candidato en caso de que Luis Donaldo tuviese que renunciar, por cualquier razÃn, a su candidatura.

âEn la misma direcciÃn se està comentando otra posibilidad: la del erasmazo. ÂQuà es esto? Erasmo Garza, popular ex alcalde de Guadalupe, Nuevo LeÃn, fue nominado en 1991 candidato a diputado federal, llevando como suplente al colosista AgustÃn Basave BenÃtez. Todos los nuevoleoneses sabÃan, excepto Erasmo, que el entonces lÃder del PRI, Colosio, y el gobernador SÃcrates Rizzo, habÃan llegado a un acuerdo: dejar que Erasmo hiciera la campaÃa (si la hacÃa Basave, perdÃa por desconocido) y luego obligarlo a renunciar para que ocupase su lugar el ahora diputado Basave BenÃtez. No pocas personalidades en la actualidad estÃn considerando, espantadas, esta opciÃn: que el sistema le està preparando a Colosio un erasmazo…â

Al dÃa siguiente de la publicaciÃn de este artÃculo, el 8 de diciembre, Colosio se convirtià formalmente en candidato presidencial. Hubo una multitud en la ConvenciÃn Nacional del PRI. Pero en la noche sÃlo estuvieron poco mÃs de 50 personas en la casa del sonorense en el sur de la ciudad de MÃxico. Formaban el nÃcleo duro del colosismo. Los amigos de antaÃo, los colaboradores de aÃos, los reciÃn llegados y los aliados polÃticos. Ahà estaban Ernesto Zedillo y Josà CÃrdoba, compartiendo la cena con sus detractores, entre los que se encontraba Federico Arreola. Todos brindando por el futuro.

Al final, se quedà un grupo reducido con Donaldo y Diana Laura: El compadre Nikita Kyriakis, empresario nogalense, y la comadre, su esposa; el tambiÃn sonorense Francisco SÃnchez y su mujer; Hilda Elisa Riojas, hermana mayor de Diana Laura, y su marido Fernando CantÃ. TambiÃn estuvo el suegro de Kyriakis, Ãlvaro Corella Olivas. Fue Ãl quien le preguntà al candidato:

–ÂPor quà el doctor Zedillo y no otras personas mÃs allegadas? Por ejemplo, Josà Luis Soberanes.

Colosio respondià de manera contundente:

–A Zedillo lo considero la persona mÃs brillante del gabinete.

Dijo todavÃa mÃs:

–Si algo me llegase a suceder durante la campaÃa, el doctor Zedillo es la persona idÃnea para reemplazarme.

LA PETICIÃN DE COLOSIO A FEDERICO ARREOLA

Ocurrià la guerra en Chiapas y el nombramiento de Manuel Camacho como comisionado para la paz. Los reflectores, nacionales e internacionales, se trasladaron a esa entidad del sureste mexicano. Furiosos se pusieron los colosistas por la rehabilitaciÃn del ex regente. Al mismo tiempo, los integrantes del equipo de campaÃa se quejaban cada vez mÃs, y de manera pÃblica, del coordinador general. Un nuevo artÃculo de Federico Arreola, esta vez en El Financiero, el 9 de febrero del 94, ahondà las diferencias:

âÂQuà pasa con Ernesto Zedillo? Desde que Ãl fue nombrado coordinador de la campaÃa de Colosio, ha sido muy criticadoâen realidad Zedillo ha sido uno de los sparrings favoritos de los periodistas desde que redactà aquellos polÃmicos libros de historia para la escuela primaria. Don Ernesto, de plano, no se entiende con los profesionales de la comunicaciÃn.

âDe ahà surge la pregunta que inquieta a tanta gente preocupada por la campaÃa de Luis Donaldo Colosio: si una campaÃa electoral es, fundamentalmente, un proceso de comunicaciÃn, ÂtenÃa sentido que el candidato priista nombrara jefe de la misma a alguien que, la verdad sea dicha, nomÃs no nacià para comunicar nada?

âNo estoy proponiendo, de ninguna manera, que se le quite a Zedillo su puesto de coordinador de la campaÃa del PRI. Esto de seguro no es posible, y quizà ni siquiera es conveniente. Lo Ãnico que he hecho es repetir lo que casi todos los observadores dicen: que Ernesto Zedillo Ponce de LeÃn no nacià para la polÃtica partidistaâ.

En marzo de 1996, Federico Arreola, entonces director de Diario de Monterrey, hablà del pleito con Ernesto Zedillo. En declaraciones a La Jornada, publicadas el dÃa 19, revelà que en diciembre de 1993 se sumà al ambiente de los colosistas âque querÃan quitar a Zedilloâ, pero reconocià que fue âmuy injustoâ en algunos de sus artÃculos, por los que el mismo Colosio le reclamÃ, ya que, desde principios de 1993, meses antes del destape, âDonaldo me comentà que en caso de ser candidato llamarÃa a colaborar a Zedilloâ.

Arreola precisà su papel al lado de Colosio:

âYo era su amigo y cuando lo nombraron candidato me invità a acompaÃarlo en las giras para platicar. SÃlo eso. A Donaldo le gustaba platicar conmigo y para eso me invità y por esa razÃn viajaba yo en el mismo aviÃn, en el autobÃs y en los hoteles, generalmente quedÃbamos en habitaciones cercanasâ.

Cuando la pugna entre colosistas y Zedillo crecià de nivel, Donaldo llamà a Arreola y le pidià un favor:

–Mira âle dijo Colosio al periodista–, tà escribe lo que quieras sobre Zedillo y sigue el juego que quieras. Pero vas a decirle a Zedillo que yo no te he autorizado ninguno de tus artÃculos en los que haces referencia a su papel en la campaÃa y quiero que se lo expliques tà mismo, porque Ãl piensa que el responsable de lo que escribes soy yo. Tà sabes que no es asÃ.

âLuego de que hables con Zedillo âsiguià la recomendaciÃn del candidatoâvas y le dice a Hopkins, Soberanes y Palma que no voy a cambiar de coordinador. Les dices que primero los voy a cambar a ellos antes que a Ernesto. Y que sà que no lo quieren por una razÃn: porque no los deja despilfarrar el dineroâ.

LA RECOMENDACIÃN DE BLANCORNELAS A ZEDILLO

ÂPor quà Zedillo no fue a Baja California? JesÃs Blancornelas supo de sus argumentos. Lo relatà en el libro El Tiempo Pasa: De Lomas Taurinas a Los Pinos, en el cual compartià crÃditos con los reporteros HÃctor Javier GonzÃlez Delgado, Adela Navaro Bello y Francisco Javier Ortiz Franco. Blancornelas, al igual que Zedillo, se consideraban bajacalifornianos por adopciÃn. Apelando a ese punto de identidad, el segundo pidià su opiniÃn al primero, sabedor tambiÃn de que el periodista conocÃa a la perfecciÃn el pulso polÃtico de la entidad. Lo invità a su oficina del sur de la ciudad de MÃxico, donde se encontraron el 19 de marzo, precisamente el mismo dÃa en que està fechada la carta que Zedillo le envià a Colosio.

Blancornelas esperaba encontrar aquella oficina de Cuicuilco repleta de polÃticos, pero no habÃa en aquel momento ni uno solo. Los pasillos estaban desiertos. Primero una mujer guapa le pidià que anotara su nombre en una tarjeta y luego de verificar la cita, le franqueà el paso y le indicà el elevador. Cuando el visitante llegà al piso indicado, otra atractiva mujer lo condujo a una antesala de paredes grises y grandes fotos de la campaÃa presidencial colosista. Hasta que un ayudante abrià la puerta indicÃndole que pasara.

La de Zedillo era una amplia oficina donde, contrario al centro del Distrito Federal, el cielo se veÃa limpio. El lugar se encontraba bastante iluminado. Una gran pintura de Emiliano Zapata al fondo. En las paredes, grises tambiÃn, y sobre los muebles, fotos y mÃs fotos de la campaÃa. âSeguramente tantas como se pudieron colocarâ, estimà el periodista tijuanense.

El coordinador de la campaÃa presidencial priista se encontraba en mangas de camisa. En cuanto vio a su invitado abandonà el escritorio para invitar a la plÃtica en un sofà que el reciÃn llegado calificà de âmuy burÃcrata, de esos tipos viejones de P.M. Steeleâ. Infaltable su corbata roja. Dio la impresiÃn de acatarrado, pero no parecÃa que estuviera atiborrado de trabajo. No habÃa papeles acumulados en su Ãrea de trabajo. El telÃfono, en silencio. Ni secretarias o ayudantes llevando mensajes en tarjetas. DespuÃs de algunos comentarios vagos en torno al estado que los adoptà a ambos, pero en el cual sÃlo uno de ellos seguÃa viviendo, surgià la pregunta:

–ÂUsted cree que debo acompaÃar al candidato en su gira por Baja California?

–Creo que no debe ir âle respondià Blancornelas.

–ÂPor quÃ? âinterrogà Zedillo.

El hombre del semanario Zeta razonÃ:

Primero, porque si acompaÃa a Colosio van a decir que es un mensaje para que se entienda claramente: que Ernesto Zedillo serà el candidato a gobernador del estado.

Segundo, que si acompaÃaba al candidato, la oposiciÃn prenderÃa focos rojos, âporque Ernesto Rufo Appel cree que si usted es el candidato, ganarà las lecciones estatales de 1995â.

Y tercero, porque se supone que en esa gira los reflectores son para Colosio y nadie mÃs: âsi usted va, a lo mejor se le acerca mÃs gente que al candidatoâ.

Tan cortÃs como siempre, escuchà sin interrumpir; absorbià todo y agradecià el comentario. Hubo otros temas sin mayor importancia. Se despidieron con una recomendaciÃn de Zedillo: âai le encargo a Fernando Castro Trentiâ, uno de sus amigos en Tijuana.

El lunes 21 por la noche, Zedillo se comunicà vÃa telefÃnica con Blancornelas a su casa de Tijuana. Le informà que lo habÃa pensado bien y que no acompaÃarÃa a Colosio en la gira por Baja California.

LA SUSTITUCIÃN DE ZEDILLO Y LA MARGINACIÃN DE CÃRDOBA

Lo cierto es que, desde enero, el candidato del PRI transcribiÃ, en tarjetones tamaÃo media carta, diversas listas de sustituciones en su grupo de colaboradores mÃs cercanos. Algunas de ellas contienen tachones y anotaciones de puÃo y letra de Luis Donaldo.

Los documentos, publicados por El Financiero bajo la firma de Josà Reveles, poco despuÃs de que se diera a conocer la carta de Zedillo a Colosio, tambiÃn fueron entregados por Alfonso Durazo a la FiscalÃa Especial, cuando comparecià ante su titular Pablo Chapa Bezanilla. Formaban parte de aquellas cinco cajas, con documentaciÃn diversa de Luis Donaldo, que puso a disposiciÃn de las autoridades.

En el grueso expediente del caso Colosio se guardan copias certificadas de dos documentos escritos a mÃquina, bajo el tÃtulo âAcuerdo con el C. Presidenteâ, con la anotaciÃn: âSe presenta la necesidad de realizar algunas adecuaciones de nombramientos en el partido y algunos otros en el gobiernoâ.

El sonorense planteaba distintas variantes, pero los movimientos claves tenÃan que ver con Josà CÃrdoba y Ernesto Zedillo. Ya habÃa resuelto solicitar que el poderoso funcionario de origen francÃs dejara su cargo en la oficina de la presidencia; en su lugar propondrÃa al coordinador de la campaÃa presidencial o al abogado Santiago OÃate. La segunda opciÃn para Zedillo era la regencia capitalina, en sustituciÃn de Manuel Aguilera. Lo acompaÃarÃa LiÃbano SÃenz como contralor del DF.

Colosio pensaba dejar acÃfala la coordinaciÃn de su campaÃa, distribuyendo sus responsabilidades entre varios colaboradores, que a su vez requerirÃan los siguientes nombramientos en el CEN priÃsta: Juan S. MillÃn en la secretarÃa de organizaciÃn, Eduardo Robledo en la direcciÃn operativa y Santiago OÃate en la secretarÃa general, en lugar de Josà Luis Lamadrid, el otro hombre de confianza de CÃrdoba incrustado en el equipo colosista.

Para el cargo de Lamadrid en el PRI — pasarÃa a ocupar la presidencia de la Gran ComisiÃn de la CÃmara de Senadores–, hay dos borradores mÃs en los que se anotan varios nombres: en el primero, ademÃs de OÃate, se aÃaden Manlio Fabio Beltrones y Emilio Gamboa. En el segundo, dedicado exclusivamente al PRI, Colosio tachà a Eduardo Robledo en la secretarÃa general y escribià al lado las iniciales J.F.R.M (Josà Francisco Ruiz Massieu) y S.O.L. (Santiago OÃate Laborde). En la ComisiÃn PolÃtica Nacional puso un signo de interrogaciÃn despuÃs del nombre de Fernando GutiÃrrez Barrios, y en la ComisiÃn Nacional de ConcertaciÃn y Debate PÃblico, suprimià Santiago OÃate y escribiÃ: âFco. Labastidaâ y âEloy CantÃâ.

En marzo de 1994, como solÃa hacerlo, Colosio sondeà a Salinas vÃa CÃrdoba. MÃs que mandarle un mensaje o consultarlo, lo que hizo fue preparar el terreno para una decisiÃn que resultarÃa desagradable al presidente y al propio CÃrdoba, quien sà filtraba los recados y la informaciÃn, segÃn le convenÃa.

Y es que, al abandonar Zedillo y Lamadrid la campaÃa, CÃrdba se quedarÃa sin alfiles en el tablero de la campaÃa presidencial priista. Por ese motivo, Colosio prefirià implicarlo en los cambios: ya sea comprometiÃndolo con ellos al ser su heraldo frente a Salinas, o bien, induciÃndolo a silenciar el mensaje con el riesgo implÃcito del reproche posterior, al no actuar de buena fe como intermediario, tal como ocurriÃ.

En el libro La herencia, Jorge G. CastaÃeda consultà a diversos colaboradores de Salinas, de CÃrdoba y de Colosio para reconstruir estos acontecimientos. Cito dos fragmentos de aquel volumen:

âSin ser âla razÃn de la propuestaâ, como lo recuerda Alfonso Durazo, la inhabilitaciÃn de Zedillo para aspirar a la presidencia –al volver al gabineteâtambiÃn era âuna consecuencia contemplada, conscienteâ. Otra posibilidad avizorada implicaba colocar a Zedillo como vicegobernador del Banco de MÃxico, la vieja casa de donde provenÃa el ex secretario de EducaciÃn; allà se encaminarÃa a suceder a Miguel Mancera cuando Ãste se jubilara en 1997. En cualquiera de los casos, Zedillo abandonaba la coordinaciÃn de la campaÃa, sin pleito ni ruptura con Colosio y conservando su afecto y admiraciÃn, pero con un claro balance negativo […]

âSalinas y Emilio Gamboa, cada vez mÃs un emisario colosista ante el presidente âa pesar de las crecientes asperezas con su antiguo amigo, aÃn podÃa hablarle con una franqueza inaccesible a los demÃs colaboradores de Colosio–, conversa, segÃn ciertas fuentes, el sÃbado 19 de marzo: la reuniÃn es tensa. De acuerdo con otras fuentes, Gamboa y CÃrdoba tambiÃn conversaron Ãcidamente en esos dÃas, en una cena en casa de terceros; la tesis atribuida a Salinas de dicho encuentro hubiera sido: Colosio tiene que sentir el rigor de la fuerza salinista, y los lÃmites del distanciamiento los determina Salinas, no Colosioâ.

EL RECLAMO DE DIANA LAURA A SALINAS

Para corroborar la tesis de que Donaldo pensaba cambiar al coordinador de su campaÃa, los colosistas esparcieron el relato de lo ocurrido poco tiempo despuÃs de la postulaciÃn de Zedillo, cuando el presidente Salinas visità a la viuda de Colosio en su casa de Tlacopac.

Lo primero que escuchà de ella fue un reclamo abierto por el desenlace del drama vivido durante esos dÃas. En particular deplorà el empeÃo de asociar al candidato sustituto con su esposo. Le recordà al presidente que Ãl ya habÃa decidido remover a su coordinador de campaÃa, pues no embonaba con los demÃs colaboradores, y si bien Colosio le conservaba afecto y respeto, preferÃa que fuera ubicado en otro cargo de la administraciÃn pÃblica. Pensaba solicitarle a Salinas el enroque en su prÃxima cena, programada para ese lunes o martes, antes de la semana santa.

SegÃn Jorge CastaÃeda, en su libro La herencia, âfrente a la perplejidad de Salinas, Diana Laura alegà que Colosio le habÃa enviado un mensaje al respecto a travÃs de Josà CÃrdoba, es decir, por la misma vÃa de siempre. Salinas protestà que nunca recibià el recado; CÃrdoba lo habÃa desinformadoâ.

Poco tiempo despuÃs, Salinas le reclamà a Josà CÃrdoba su proceder, lo cual derivà en un altercado verbal, que algunos ex colaboradores de ambos ubican en el hangar presidencial del aeropuerto capitalino. CÃrdoba nunca aceptà haber callado el mensaje y justificà su comportamiento aduciendo una mala interpretaciÃn del presidente en relaciÃn con el informe rendido. A escasos dÃas del incidente, el funcionario mÃs cercano al presidente fue removido de su cargo, como lo querÃa el asesinado candidato presidencial, y nombrado representante de MÃxico ante el Banco Interamericano de Desarrollo en Washington.

CastaÃeda se lo preguntà directo a Salinas:

–ÂHubo antes del asesinato de Colosio un entendimiento, ya sea con usted, ya sea con alguien de su equipo mÃs cercano, de que el doctor Zedillo dejaba la coordinaciÃn de la campaÃa?

–ÂEn quà fecha? ârevirà Salinas.

–Poco antes de que falleciera Colosio âaclarà CastaÃeda.

–En marzo, no supe.

–ÂEn febrero?

–No, no supe.

–ÂEn enero?

–No, no supe.

–ÂNunca fue algo que conversaron?

–Que Ãl y yo conversÃramos, no. No, ni se lo propuse ni me lo propuso en las conversaciones que tuvimos.

En su libro MÃxico, un paso difÃcil a la modernidad, publicado en 2000, Carlos Salinas de Gortari insiste en esta versiÃn:

âOtro evento que tensà momentÃneamente mi relaciÃn con la seÃora Colosio fue la postulaciÃn del candidato sustituto del PRI a la presidencia. Cuando se conocià su designaciÃn, Diana Laura conversà conmigo. Con la franqueza que la caracterizaba, me preguntÃ: âÂpor quà Zedillo?â. Le respondà que encontraba la mejor explicaciÃn en los elogios que Donaldo le habÃa hecho cuando lo presentà como su coordinador de campaÃa. En ese momento se le endurecià el rostro y me dijo: âPero si Donaldo ya no querÃa a Zedillo como su coordinador de campaÃa, y querÃa que lo movieran al Banco de MÃxico, que era un Ãrea de su especialidadâ. Entonces el asombrado fui yo. Le dije que nunca supe de ese deseo de Donaldo. Ella agregÃ: âTe lo iba a ratificar personalmente en la cena a la que te habÃa invitado en nuestra casa despuÃs de la gira por Baja California y Sonoraâ. Terminà con esta afirmaciÃn que cumplià despuÃs: âNo pienso ir a votar por Ãlâ. Me quedà helado. No supe a tiempo esta determinaciÃn de Colosio, que sin duda hubiese pesado en la designaciÃn del candidato sustituto a fines de marzo de 1994â.

Carta de Ernesto Zedillo a Luis Donaldo Colosio del 19 de marzo de 1994:

SeÃor candidato:

Considero indispensable externarte algunas reflexiones. Lo hago por este medio para ordenar mejor las ideas y tomarte menos tiempo. Es oportuno dado que estamos cerca de concluir el primer recorrido por el paÃs y ademÃs el entorno de la campaÃa continÃa siendo particularmente complejo.

Quiero iniciar con algo estrictamente personal. A la luz de lo ocurrido en estos meses, la convicciÃn que tuve hace ya algunos aÃos de que tà debieras ser el prÃximo Presidente de MÃxico se ha reafirmado profundamente. Hoy me congratulo mÃs que nunca de haber tomado muy pronto una decisiÃn muy firme y no haber especulado con ninguna otra posibilidad. Es quizÃs mÃs desde esta situaciÃn, que como parte del equipo de campaÃa, que deseo expresarte mis puntos de vista, aunque irremediablemente mi experiencia de estos Ãltimos meses los alimentan.

Reitero primero lo muy sabido. Las condiciones de campaÃa han resultado ser sustancialmente distintas a las que, quizÃs imprudentemente, previmos en diciembre. Yo supe que una vez descontando la nueva pluralidad mexicana, esta campaÃa contarÃa con las condiciones mÃs propicias en varios sexenios. En los hechos y atendiendo a la situaciÃn polÃtica, Ãsta serà la contienda presidencial de mayor dificultad en varias dÃcadas. Los amplios grados de libertad que tuvimos en diciembre, sencillamente desaparecieron a partir del primero de enero y mÃs seÃaladamente el 10 de enero. La mayor dificultad obliga a asumir una actitud rigurosamente crÃtica. En lo que a mà respecta, debo admitir que en las condiciones de diciembre me parecià sensato ser sumamente condescendiente y hasta indiferente respecto a decisiones cuya racionalidad entonces no entendà o no compartÃ. Naturalmente, despuÃs del 10 de enero mi visiÃn en la tarea ha variado radicalmente, pero sin que ello haya permitido superar las condiciones que se fijaron en diciembre para contender con una situaciÃn muy distinta. No tiene caso repasar lo sucedido. Lo importante es elucidar lo que se enfrenta de ahora en adelante y proponer soluciones. A riesgo de incurrir en exageraciones, es conveniente perfilar el escenario menos favorable, ya que Ãste es el que debe guiar cualquier estrategia de campaÃa.

La situaciÃn que enfrentamos tiene como principales rasgos los siguientes:

1. Como es de esperar ây legÃtimo desde cualquier punto de vistaâla prioridad del SeÃor Presidente es concluir satisfactoriamente su mandato. Asà servirà Ãl mejor al paÃs y a su enorme orgullo de autÃntico hombre de Estado. En la lista de tareas para lograrlo, el cuidado de la sucesiÃn tuvo hasta el 10 de enero la mÃs alta prioridad. Las circunstancias âautÃnticas o inducidasâque ha ido enfrentando han variado esa jerarquÃa. Ahora el mantenimiento de la paz social y la estabilidad financiera son propÃsitos que aparecen de mucha mayor importancia que el cuidado de una sucesiÃn, digamos ortodoxa. Lo anterior, que es desde luego entendible, se ha acentuado por la influencia creciente de personas mal intencionadas en el Ãnimo del Presidente. La combinaciÃn de la soledad del sexto aÃo, la pÃrdida, anulaciÃn o distanciamiento de hombres de confianza y la tarea calculada y deliberada de algunos, dan una mezcla sumamente propicia para que vaya perdiendo importancia en el Ãnimo presidencial el cuidado de la sucesiÃn. DespuÃs de todo, Ãl debe pensar que su parte mÃs importante âla de, en su oportunidad, apoyar tu candidaturaâya la cumpliÃ, y que con ese impulso inicial la tarea por cumplir es esencialmente tuya. Es de esperar que se està dando una influencia muy tenaz para desacreditar el valor de tus capacidades y de tu lealtad. Por otra parte, es un hecho que a pesar de los acontecimientos de Chiapas, el Presidente conserva una enorme popularidad, que Ãl valora y tratarà de preservar frente al riesgo de otros acontecimientos negativos inesperados.

2. No obstante lo ocurrido el pasado 28 de noviembre, Manuel Camacho âantes o despuÃs del primero de eneroâdecidià continuar jugando un papel protagÃnico en la polÃtica nacional y ha actuado con un plan muy preciso para cumplir con ese objetivo, aprovechando y cultivando en todo momento las nuevas prioridades del SeÃor Presidente. Para tener ese papel protagÃnico ha visualizado diversas opciones. Desde la sustituciÃn directa del candidato del PRI, hasta convertirse a partir de 1995 en el lÃder de una fuerza opositora importante y decisiva en el curso del paÃs. Sus opciones pasan tambiÃn por ser candidato de un partido distinto al PRI, o beneficiario de la presidencia como resultado de una negociaciÃn poselectoral. Es obvio que de acuerdo a las ambiciones de Camacho, cualquiera de esas opciones es superior a la de esperar que el prÃximo presidente, si acaso, lo llame a algÃn puesto de su gabinete. Desde su perspectiva no tiene absolutamente nada que perder, ya que en el peor de los casos se contempla a sà mismo como un fuerte lÃder de la oposiciÃn con oportunidad de acceder desde ahà a la presidencia en el aÃo 2000.

3. Frente a la situaciÃn de incertidumbre y de mayor competencia, existen claras deficiencias en el partido y el equipo de campaÃa. Calidad insuficiente en los recursos humanos, falta de coordinaciÃn, una suerte de inconsciencia acerca de la situaciÃn que se enfrenta, y un aprovechamiento ineficaz de las fortalezas del Candidato son los problemas mÃs evidentes. Todo esto alienta las tentaciones de Manuel Camacho y acentÃa el riesgo de distanciamiento por parte del SeÃor Presidente.

4. El PRD, que se perfila con al menos la misma fuerza electoral que el PAN, es una oposiciÃn errÃtica que no trabaja Ãnicamente para ganar votos. Se comporta como una fuerza que va por el desorden, el conflicto poselectoral y una negociaciÃn en la que obtengan algo de lo que no les darà la vÃa electoral. SueÃan con una gran crisis en la que estrepitosamente se extermine el PRI o al menos, obtengan algunas posiciones de gobierno otorgadas por el prÃximo presidente a cambio de su apaciguamiento.

Considero que es de la mayor urgencia que se enfrente cada uno de los 4 aspectos anteriores. A reserva de proporcionarte mayores detalles, si asà lo deseas, mis principales recomendaciones respecto a cada uno de los 4 puntos, en el mismo orden son las siguientes:

1. Tal como te lo propuse desde enero, debe establecerse clara y precisamente una alianza polÃtica con el SeÃor Presidente. Debes ofrecer toda tu lealtad y apoyo para que concluya con gran dignidad su mandato; no debes pedirle mÃs que su confianza en tu lealtad y capacidad, externarle tu convicciÃn de que Ãl ya cumplià con la parte mÃs importante de la sucesiÃn y que ahora tà harÃs lo que a ti te corresponde; que como parte de la estrategia de campaÃa se requiere un candidato que la gente sepa que no serà manipulado por el Presidente Salinas, pero que goza de su confianza y aprecio, y para eso es necesario que haya un acuerdo explÃcito sobre cÃmo se producirà esa percepciÃn en la opiniÃn pÃblica. Cada vez que haya que seÃalar tareas pendientes y deficiencias del gobierno, mediarà notificaciÃn previa y se serà receptivo a observaciones sobre la forma de decirlo. Insisto, mi propuesta de celebrar este pacto es independiente de mi admiraciÃn y agradecimiento por el SeÃor Presidente. Es una recomendaciÃn elemental, yo dirÃa de libro de texto, de estrategia polÃtica.

2. Debe asumirse plenamente la oposiciÃn de Manuel Camacho. No es conveniente que siga siendo oposiciÃn activa sin tener los riesgos y dificultades de una oposiciÃn declarada y formal. Mucho menos debe aceptarse que continÃe ganando puntos con el SeÃor Presidente una persona que durante muchos aÃos lo ha engaÃado y abusado de su confianza. Conciliando en la medida de lo posible el propÃsito del logro de la paz en Chiapas, debe procurarse, a la brevedad, que opte por ser candidato de un partido de la oposiciÃn. Ãsta debe ser tu opciÃn mÃs atractiva. Estoy convencido que es la que darà menos problemas antes y despuÃs del 21 de agosto, incluyendo el sexenio 1994-2000. AdemÃs, derrotarlo en la elecciÃn darÃa una reserva de legitimidad de gran valor para la gobernabilidad que necesitarÃs como prÃximo presidente.

3. Debe mejorarse sustancialmente el desempeÃo de la campaÃa. Ello servirà para todos los propÃsitos. El principio para hacerlo ya lo dijiste el 6 de marzo. Hay que asumir plenamente la competencia. Para ello hay que hacer lo indispensable para tener un verdadero aparato de campaÃa (en el sentido riguroso de la palabra). Se requiere âel ejÃrcito, la disciplina y la estrategiaâ. Partamos de reconocer que estamos fallos en todo esto. ReestructuraciÃn del partido, del equipo de campaÃa, selecciÃn de candidatos (personas y mÃtodo) y la implantaciÃn de una nueva disciplina de trabajo son tareas urgentes.

4. El acuerdo reciÃn logrado, debe ser la base de un eficaz proyecto de neutralizaciÃn del PRD. Debemos montarnos en ese acuerdo para lavar culpas pasadas y construir una credibilidad de la que hasta ahora se carece. Debemos proclamar ese acuerdo como el paso definitivo hacia la construcciÃn de un sistema democrÃtico moderno en nuestro paÃs y expresarnos dispuestos a asumirlo hasta sus Ãltimas consecuencias. Si se actÃa con eficacia las probabilidades de Ãxito y de cualquier agresiÃn perredista serÃn muy reducidas.

Obviamente los cuatro puntos anteriores pueden ser desarrollados. CrÃeme que estoy profundamente convencido de lo que te expreso. En mis recomendaciones no hay interÃs personal alguno. Simplemente creo que es lo mejor para MÃxico

Fraternalmente.

Ernesto Zedillo

Por Redaccion

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *