Los idus de marzo 30 aÃos despuÃs

Por RamÃn Alfonso Sallard

El 21 de marzo de 1994 se desarrollaba en MÃxico, paralelamente, una guerra distinta de la que habÃa estallado en Chiapas. Se disputaba el poder polÃtico que monopolizaba el antiguo rÃgimen. Es decir, la conducciÃn del Estado mexicano. HabÃa cuatro protagonistas âCarlos Salinas de Gortari, Luis Donaldo Colosio, Manuel Camacho, Josà CÃrdoba Montoyaây un actor de reparto, que se mantenÃa de bajo perfil: Ernesto Zedillo. Entre ellos prevalecÃa, aparentemente, una batalla campal de todos contra todos, pero no era asÃ: habÃa bandos y alianzas que se hacÃan y deshacÃan conforme a la coyuntura imperante.

Lo cierto es que esa conflagraciÃn paralela se peleaba bajo los criterios establecidos por el general prusiano Karl von Klausewitz: âLa guerra no es mÃs que la continuaciÃn de la polÃtica del Estado por otros mediosâ. Dicho de otra manera: âLa guerra es un acto de fuerza para imponer nuestra voluntad al adversarioâ.

En ese contexto, Ernesto Zedillo recibià el 21 de marzo una llamada del presidente Salinas pidiÃndole que informara a Luis Donaldo lo siguiente: âen las prÃximas horas, Manuel Camacho declararà que no aspira a la presidencia de la RepÃblicaâ. La impresiÃn del coordinador de la campaÃa colosista, segÃn lo asentà en su comparecencia ministerial, fue que el comunicado âposiblemente se acordà ese mismo dÃaâ.

A su vez, Camacho precisÃ: âEvaluà todos los factores y el 21 de marzo, en el natalicio de Benito JuÃrez, con todos los datos me sentà solo a evaluar cuÃl era mi responsabilidad con Chiapas y con el paÃs y concluà que al dÃa siguiente harÃa la declaraciÃn…â

COLOSIO EN LA VÃSPERA DEL DÃA D

Hoy es lunes 21 de marzo de 1994.

Hoy, Colosio muestra un estado de Ãnimo oscuro, melancÃlico. Casi luctuoso. La razÃn principal, que no Ãnica, responde al nombre de Manuel Camacho SolÃs, su adversario polÃtico interno, que no ha cesado de hacerle sombra a su candidatura desde que se le nombrà comisionado para la Paz y la ReconciliaciÃn en Chiapas, el 10 de enero anterior, precisamente el mismo dÃa de arranque oficial de su campaÃa. Desde entonces està muy sensible, hosco e irritable. Varios de sus colaboradores han padecido su mal carÃcter, rasgo que se ha acentuado en los Ãltimos dÃas. Le duelen las rudas crÃticas de la prensa hacia su persona y las constantes comparaciones con su rival. TambiÃn influye en su comportamiento irascible un entorno familiar complicado: dos de sus seres mÃs queridos, su esposa y su padre, se encuentran en serio riesgo de morir a consecuencia del cÃncer. Por si fuera poco, su equipo de campaÃa se asemeja a un hervidero de grillos. Peor aÃn: la olla de presiÃn amenaza con reventar, por la exposiciÃn prolongada a la lumbre, y una imprevisible y sorpresiva falla en el mecanismo para desalojar el vapor.

Ayer fue tambiÃn un dÃa complicado para el sonorense, y no por falta de convocatoria o pasiÃn en sus eventos pÃblicos, sino por un material confidencial que llegà a sus manos. Aunque la carta està fechada el 19 de marzo y esta le fue enviada el mismo dÃa, apenas ayer la leyÃ. Hoy piensa darle una segunda lectura y quizà hasta una tercera. Està acostumbrado a hurgar entrelÃneas para dilucidar el idioma burocrÃtico.

Luis Donaldo ha sido, y es, un hÃbil practicante de la criptografÃa priista, accesible sÃlo para iniciados. Es lector, traductor, intÃrprete y redactor. Por eso sus textos, en ocasiones, parecen directos y hasta ingenuos, cuando en realidad esconden una deliberada y elaborada estrategia. Y es que las misivas entre polÃticos, al margen de filias y fobias, responden por lo regular a movimientos tÃcticos, y mÃs cuando el autor es el subalterno y el jefe el destinatario. Tal es el caso que lo ocupa, aunque en esta ocasiÃn no desempeÃa el rol de subordinado, como tantas otras veces, sino de superior, cabeza, lÃder, autoridad, seÃor…

Colosio conoce muy bien las tÃcticas y estrategias que mejor le acomodan en una u otra posiciÃn. No en balde es un apasionado de El arte de la guerra, es decir, del arte del engaÃo. La obra de Sun Tzu es su libro de cabecera. El milenario texto es su Biblia, el autor su profeta. PÃblicamente lo ha admitido, aunque no con esas palabras, pues siempre està pendiente de los matices. Por eso Ãl es el candidato, no otro.

La carta que le envià su coordinador de campaÃa, Ernesto Zedillo, inquietà al candidato presidencial del PRI. En ella, el autor plantea diversas medidas con las que Ãl no està de acuerdo en estos momentos, aunque eso no quiere decir que algunas, no todas, las comparta y las asuma en el futuro. En sus diagnÃsticos hay severos errores de apreciaciÃn, lo cual demuestra una lejanÃa preocupante entre las ideas de uno y otro. La misiva, ademÃs, ya fue leÃda o lo serà en breve, por dos personas mÃs, a quienes sin embargo no les expide copia oficial: Josà CÃrdoba Montoya, jefe de la Oficina de la Presidencia, y Carlos Salinas de Gortari. Donaldo lo sabe bien.

Ayer y hoy, Colosio ha recurrido a textos clÃsicos de la ciencia polÃtica y de la guerra para encontrar respuestas. No a los filÃsofos e idealistas, que escriben de cÃmo deberÃan ser las cosas, sino a los prÃcticos, a los realistas, a los pragmÃticos. A los que dicen cÃmo son en realidad y ofrecen ejemplos y soluciones. AdemÃs de Sun Tzu, tambiÃn lee a GraciÃn, a Maquiavelo, a Klausewitz, a AzorÃnâ No tiene tiempo para repasar sus obras, pero sà para tarjetas elaboradas por miembros de sus varios grupos de anÃlisis con resÃmenes y conceptos claves. Cada equipo, por supuesto, no tiene contacto entre sÃ, para evitar la contaminaciÃn de ideas. Ãl decide a quiÃn o a quiÃnes consultar, y cuÃndo.

Ayer y hoy, a partir de la carta que le envià su jefe de campaÃa, Colosio ha meditado lo que harà en los siguientes dÃas. PrÃxima la Semana Santa, piensa aprovechar ese espacio para hacer modificaciones en su equipo de trabajo, asà como tambiÃn para palomear las candidaturas priistas al Senado y la CÃmara de Diputados. SÃlo espera que Camacho se pronuncie, en cualquier sentido, para hacer ajustes a su estrategia. La demora no puede prolongarse mucho tiempo mÃs. Quizà es cuestiÃn de horas. Ambos lo saben. Y efectivamente la incertidumbre habrà de cesar pronto.

EL MAXIMATO QUE NO FUE

A mediados de la administraciÃn de Carlos Salinas de Gortari, algunas voces de su entorno repetÃan que un perÃodo sexenal serÃa insuficiente para que MÃxico, una cultura de sobrevivencia, se transformara en una cultura de desarrollo. A la usanza de otros paÃses como Estados Unidos, de cuya universidad nÃmero uno âHarvardâobtuvo el doctorado en economÃa polÃtica, el presidente tenÃa planeado a largo plazo su modelo de naciÃn. Pero ante la imposibilidad de prolongar el perÃodo de seis aÃos para el que fue electo, su obligaciÃn era escoger como sucesor a la persona que garantizara la continuidad del modelo, ademÃs de lealtad a su obra y a su persona.

Donaldo reunÃa todos los requisitos y, quizÃ, los excedÃa. Por eso se empezà a hablar de maximato. Sin embargo, que Colosio permitiera la tutorÃa de su mentor polÃtico una vez que arribara al poder, estaba por verse. Se lo dijo a ElÃas ChÃvez al concluir la mesa de negociaciÃn en Chiapas. El reportero de Proceso, que cubrÃa regularmente su campaÃa, le preguntÃ:

–DespuÃs de que su paisano Plutarco ElÃas Calles instaurà el maximato, otros presidentes intentaron âminimaximatosâ que no prosperaron porque los sucesores de estos presidentes se cortaron el cordÃn umbilical. ÂCuÃndo se lo cortarà usted?

Colosio solÃa iniciar sus respuestas con una sonrisa. Aquella ocasiÃn fue la excepciÃn. Muy serio, aclarÃ:

–Aspiro a gobernar MÃxico al lado de los mexicanos. Por lo tanto, que quede muy claro: No habrà nada ni nadie; sÃlo el poder de los ciudadanos, el poder de la sociedad serà lo que determine mis acciones como presidente de MÃxico.

–El presidente Salinas lo destapà a usted como candidato del PRI y luego lo ratificà con la frase de âno se hagan bolasâ. ÂNo afecta esto, desde un principio, la credibilidad que usted se propone conseguir en su campaÃa?

–Me gustarÃa dividir su pregunta en dos aspectos. En primer lugar, lo que respecta al PRI. En este punto quiero decirle que mi postulaciÃn se dio atendiendo a las reglas, costumbres y tradiciones que ha venido construyendo mi partido a travÃs del tiempo. Todos los que aspiramos a ser candidatos, por mi partido, aceptamos esas reglas. Mi candidatura, en mi partido, ha recibido el mÃs amplio consenso. Respecto a la credibilidad que pueda lograr mi candidatura, quiero decirle que este es un problema propio de la campaÃa y, precisamente, lo que me propongo es ganar la confianza, el apoyo y el convencimiento de la ciudadanÃa. Para obtener este resultado, tengo, y lo creo firmemente, la mejor propuesta. Por eso convoquà al debate.

–Usted ha dicho que el paÃs no se inventa cada seis aÃos — el reportero, con preguntas puntuales, querÃa una definiciÃn contundente–. ÂSignifica esto que en MÃxico seguirà rigiendo el salinismo?

–Debo explicarme: reconozco que el paÃs y la sociedad mexicana necesitan, quieren y demandan un cambio. Pero lo que la sociedad mexicana tambiÃn està reclamando es que ese cambio se dà sin desandar lo andado. Los mexicanos quieren que se exploren nuevos caminos y nuevas oportunidades, nuevas formas de proceder en la economÃa, en la polÃtica, en la forma de atender la cuestiÃn social. Pero todo esto sin saltos al vacÃo y sin aventuras polÃticas. Lo que la gente reclama en estos momentos, en este fin de siglo, en un mundo cada vez mÃs complejo, es certidumbre, certeza en el futuro. Lo que reclama es responsabilidad.

MÃs adelante, ElÃas le preguntà a Colosio:

–ÂPor quà la entorpecida relaciÃn pÃblica entre usted y el licenciado Manuel Camacho?

–Eso âatajà de inmediato el candidatoâmÃs que pregunta parece una aseveraciÃn. Lo que le puedo decir es que entre Manuel Camacho y yo existe respeto. Ãl es miembro de mi partido, es distinguido priista, està haciendo una excelente labor en la pacificaciÃn de Chiapas. Yo respaldo sus acciones, y, en lo personal, tiene mi afecto y mi amistad. Hemos sostenido conversaciones, no ahora solamente por el conflicto de Chiapas, sino de tiempo atrÃs. Somos dos personas que entendemos cuÃl es la situaciÃn por la que atraviesa el paÃs. Y entendemos perfectamente bien cuÃl es el papel que a cada uno de nosotros nos toca desempeÃar.

–Sin embargo, en la mente de muchos mexicanos està Camacho como un âcandidato de repuestoâ del PRI.

–Manuel Camacho, insisto, es un distinguido priista. Y el PRI ya tiene candidato. Esto es algo que tanto Ãl como yo entendemos perfectamente. Y la sociedad mexicana tambiÃn.

EL MISTERIOSO JOSÃ CÃRDOBA MONTOYA

Inteligencia pura. Tal es la definiciÃn de Josà MarÃa CÃrdoba Montoya que hizo su maestro Jacques Attali, asesor, en su momento, del presidente Francois Mitterrand, asà como tambiÃn responsable de la polÃtica econÃmica del Partido Socialista FrancÃs. Attali fue el modelo de CÃrdoba. Y, como Ãl, supo ser el hombre tras el hombre, el poder detrÃs del trono, la eminencia gris, el alter ego, la conciencia, el espejo, la pared del peloteo. Tuvo a su propio presidente âCarlos Salinas de Gortari–, en un paÃs distinto al que lo vio nacer. Aquà desempeÃà el papel de su vida y superà al maestro.

Nacià en La Ciotat, una poblaciÃn cercana a Marsella, el 1 de junio de 1950. Fue registrado como Joseph-Marie y durante mucho tiempo utilizà ese nombre. Asà aparece en el Diccionario biogrÃfico del gobierno mexicano, ediciÃn 1987, cuando ya tenÃa nueve aÃos en el paÃs. Pero en las subsecuentes impresiones (1989 y 1992) ya se presentà como Josà MarÃa.

âLos aÃos que vivà en Francia no permitieron que surgieran vÃnculos de arraigo e identificaciÃn con ese paÃsâ, declarà CÃrdoba al diario El Universal, el 10 de mayo de 1996, en el aniversario nÃmero once de su naturalizaciÃn. En efecto, el poderoso jefe de gabinete durante el sexenio de Carlos Salinas habÃa adoptado oficialmente la ciudadanÃa mexicana hasta el dÃa de las madres de 1985, no obstante que trabajaba en el gobierno desde 1979 y militaba en el PRI desde 1980.

Stanford fue el puente que condujo a Josà CÃrdoba a MÃxico. En esa universidad, una de las mÃs prestigiadas de Estados Unidos, el francÃs de origen espaÃol e impresionante currÃculum acadÃmico, conocià a Guillermo Ortiz MartÃnez, quien aÃos despuÃs serÃa subsecretario de Hacienda en la administraciÃn del presidente Salinas, secretario de Comercio y de Hacienda en el sexenio de Zedillo y tambiÃn gobernador del Banco de MÃxico, cargo que mantuvo con Vicente Fox.

Guillermo Ortiz y Josà CÃrdoba fueron roommates o compaÃeros de cuarto en Stanford. En aquella Ãpoca, el francÃs le dijo al mexicano que le interesaba, acadÃmica y laboralmente, ir a un paÃs del tercer mundo, concepto popularizado por el movimiento de los paÃses no alineados, liderados por la Yugoslavia del mariscal Tito. AÃos despuÃs, escribirÃan al alimÃn un ensayo denominado Aspectos deflacionarios en la devaluaciÃn del peso mexicano en 1976, cuando ambos eran ya profesores de El Colegio de MÃxico.

Invitado por Ortiz, CÃrdoba llegà a MÃxico casi para concluir el aÃo de 1978. Sus cartas de recomendaciÃn le abrieron las puertas de dos de las instituciones mÃs elitistas del paÃs: El Colegio de MÃxico y el Banco de MÃxico. En la primera se desempeÃà como profesor visitante e investigador econÃmico. En la segunda se hizo asesor de Francisco Gil DÃaz, quien pronto fue designado director de ingresos de Hacienda.

En El Colegio de MÃxico, CÃrdoba coincidià con los tambiÃn profesores e investigadores de esa instituciÃn Jaime Serra Puche, Emilio Lozoya Thalmann y Manuel Camacho SolÃs. Otto Granados RoldÃn era entonces alumno del centro acadÃmico fundado por Daniel CosÃo Villegas.

Pero su futuro en MÃxico quedarÃa sellado cuando fue recomendado a la SecretarÃa de ProgramaciÃn y Presupuesto, joven dependencia creada en diciembre de 1976 por el presidente Josà LÃpez Portillo para separar las tareas de ingreso y gasto del gobierno, y romper asà con el poder de la SHyCP, desde cuya titularidad habÃa brincado a la candidatura presidencial del PRI.

Lo recibià en 1979, despuÃs de muchas antesalas, el subsecretario de ProgramaciÃn, Francisco Labastida Ochoa, quien solamente hizo el enlace con otro funcionario menor de su propia estructura âCarlos Salinas de Gortari–, para que el acadÃmico francÃs fuera incorporado al equipo de la SPP.

Se decÃa ya, desde entonces, que Salinas era el brazo derecho del secretario Miguel de la Madrid, al que habÃa deslumbrado desde el principio con sus propuestas novedosas y audaces, ademÃs de que ambos habÃan cursado estudios de posgrado en la misma universidad, una de las mÃs elitistas de Estados Unidos: Harvard. El joven economista, que apenas rebasaba los 31 aÃos de edad, tenÃa entonces el cargo de director general de PolÃtica EconÃmica y Social, oficina encargada de la elaboraciÃn de estrategias para el desarrollo nacional.

Entre Salinas y CÃrdoba hubo de inmediato identificaciÃn plena. Eso fue determinante para que, a partir de 1980, el secretario Miguel de la Madrid aprobara el nombramiento del acadÃmico francÃs como director de PlaneaciÃn Regional, Ãrea dependiente del joven economista que se habÃa convertido en su brazo derecho. Lo paradÃjico fue que CÃrdoba apenas tenÃa dos aÃos de haber llegado a MÃxico, y nunca habÃa viajado por su territorio, pero serÃa el responsable de planear su desarrollo regional.

COLOSIO EN LA VÃSPERA DEL DÃA D (ii)

Hoy es 21 de marzo. Las tensiones entre el candidato y su adversario polÃtico han llegado a su mÃximo nivel. Un hecho resulta sintomÃtico: Ernesto Zedillo, acuartelado en MÃxico, recibe por la maÃana una llamada del presidente Carlos Salinas pidiÃndole que informe a Luis Donaldo, de gira por Baja California Sur, lo siguiente: âen las prÃximas horas, Manuel Camacho declararà que no aspira a la presidencia de la RepÃblicaâ. El jefe de la campaÃa cumple inmediatamente la encomienda, pero el candidato espera en vano el anuncio.

Este dÃa el tema està en boca de todos. Varios medios de comunicaciÃn recogen datos, opiniones y anÃlisis. El nÃmero 907 de Proceso, fechado el 21 de marzo, incluye, por ejemplo, una crÃnica de campaÃa de ElÃas ChÃvez, en la que el autor relata la actitud de Colosio de no combatir pÃblicamente a Camacho. Esta conducta le ha valido al sonorense, dÃas atrÃs, un abucheo en Monterrey, precisamente en su alma mÃter: el TecnolÃgico. La revista tambiÃn publica una nota de Vicente LeÃero en la que el candidato, en tono conciliador, aborda el tema de su rival polÃtico:

âHe trabajado con Manuel Camacho. Ha sido mi jefe; yo he sido su subalterno y aprendà mucho de Ãl. Fuimos compaÃeros en la SecretarÃa de ProgramaciÃn y Presupuesto. Seguimos siendo amigos âle gana la risa–. Bueno, un poco distanciadosâ Nos estimamos. De Ãl he recibido afecto y amistadâ.

Donaldo se muestra cuidadoso: âEspero que este affaire no llegue a mayores. Yo no impulsarà esa ruptura que ahora se da a nivel de prensaâ. TambiÃn tolerante: âLas circunstancias nos llevaron a que Ãl o yo pudiÃramos ser el candidato, o alguien mÃs. Fui yo… Todos deberÃamos sujetarnos a las mismas reglas, Âno es cierto? Criticables o no, pero son las reglas… ÂCÃmo me hubiera comportado yo, en su caso? ÂIgual que Ãl? No lo sÃ. Uno, como ser humano, es un claroscuro de contradiccionesâ.

Y hasta indulgente: âTrato de comprenderlo. No me gustarÃa verlo fuera del PRI. En el PRI deberà ocurrir una evoluciÃn polÃtica, y gentes como Ãl tendrÃan que estar ahÃ. Me gustarÃa tenerlo a mi lado, no frente a mÃâ.

ÂSerà efectivo el guiÃo? Esa es precisamente la pregunta del dÃa entre la clase polÃtica priÃsta, y muy particularmente en el equipo de campaÃa del candidato presidencial del PRI. Corren versiones en sentidos opuestos. Hay quienes esperan una respuesta positiva de Camacho a la mano extendida de Colosio, pero otros anticipan la ruptura.

El aniversario del natalicio de Benito JuÃrez se presenta como una ocasiÃn propicia para las definiciones polÃticas. Sin embargo, el comisionado para la paz en Chiapas deja pasar una vez mÃs la oportunidad. El dÃa transcurre sin novedad.

Pese a todo, Donaldo no puede hablar de desdÃn a su gesto pÃblico. El lapso es todavÃa muy corto para la respuesta, pero tiene claro que el plazo no debe de extenderse mÃs allà de la presente semana, pues la siguiente estarà en pleno proceso de ajuste de su equipo y en la definiciÃn de candidaturas al Congreso de la UniÃn. Ãl no puede ni debe seguir esperando indefinidamente. Claro, tampoco hay que precipitarse o actuar de manera visceral, pues decisiones tomadas en ese contexto suelen resultar contraproducentes.

Hoy, pese a la enorme sombra que le hace a su candidatura el comisionado para la paz, o precisamente por eso, Donaldo està obligado a guardar la calma. Hoy mÃs que nunca. A duras penas se contiene, aunque mÃs batalla para frenar a sus seguidores, deseosos de emprender de inmediato las acciones bÃlicas. Pero eso es lo que debe de hacer un polÃtico de su calado, que aspira a gobernar a los mexicanos. Es tiempo de demostrar su temple. Es hora de revelarse como un verdadero Hombre de Estado.

Esta noche, en la soledad de su cuarto de hotel en Baja California Sur, el candidato presidencial del PRI reflexiona una vez mÃs sobre el punto en que se encuentra el conflicto con Camacho. Precisamente entonces le viene a la mente Baltasar GraciÃn y El arte de la prudencia. No tiene el libro a la mano, pero en dÃas pasados alguien le entregà una tarjeta con una cita impecable de la obra. La lee:

âEl arte de dominar tus pasiones. Oponte a los ataques de la pasiÃn con reflexiÃn prudente. El primer paso para dominar una pasiÃn es reconocer que estÃs siendo atacado por ella. Este es el arte de artes. Debes de saber cÃmo y cuÃndo detenerlas. Es una gran prueba de sabidurÃa estar sereno durante un ataque de rabia o pasiÃn. Todo exceso de pasiÃn es una digresiÃn de la conducta racional. Para mantener control sobre las pasiones debes de mantener firmes las riendas de la atenciÃnâ.

CÃRDOBA DESPLAZA A CAMACHO DESDE LA CAMPAÃA DEL 88

En abril de 1988, junto con el entonces titular de SEDUE, Manuel Camacho, Josà CÃrdoba viajà a Estados Unidos a entrevistarse, en nombre del candidato presidencial priista, con quienes contenderÃan por el mismo cargo en aquel paÃs: el republicano George Bush, vicepresidente entonces, y el demÃcrata Michael Dukakis, gobernador de Massachussets. TambiÃn hablà con el senador Bill Bradley, un influyente polÃtico interesado en la deuda externa mexicana, que podÃa ser Ãtil en el futuro, como lo fue, al renegociarse en 1989.

Durante la campaÃa, quedà claro que CÃrdoba habÃa desplazado ya, en la cercanÃa de los afectos y de la estrategia polÃtica y econÃmica, al amigo de toda la vida de Salinas, compadre para mayor precisiÃn: Manuel Camacho. Eran tan cercanos desde su Ãpoca estudiantil, que incluso le dedicà su tesis de licenciatura, al igual que a su hermano RaÃl, âcompaÃero de cien batallasâ. Pepe, como ya le decÃa Carlos, fue determinante para bloquear a Manuel en su intenciÃn de coordinarle la campaÃa; en su lugar quedà Donaldo, el joven economista sonorense adscrito originalmente al grupo polÃtico que comandaba el francÃs de origen espaÃol naturalizado mexicano.

DespuÃs del 6 de julio de 1988, fecha de los cuestionados comicios que llevaron a Salinas al poder, Josà MarÃa viajà otra vez a Estados Unidos para sostener una nueva entrevista con George Bush. Los resultados se hicieron pÃblicos de inmediato: el candidato republicano a la Casa Blanca, mediante un discurso pronunciado ante la AsociaciÃn de Editores de PeriÃdicos, hablà por primera vez del libre comercio con MÃxico y sugiriÃ, veladamente, un eventual tratado en la materia.

El enviado de Salinas se convirtiÃ, asÃ, en el artÃfice de la reuniÃn de noviembre de 1988 entre los dos presidentes electos, la cual fue definida posteriormente como El consenso de Houston, para simbolizar el entendimiento pleno al que habÃan llegado ambas partes, y del cual derivarÃan beneficios concretos en materia polÃtica, econÃmica y comercial. Desde entonces, CÃrdoba fue visto por la Casa Blanca como un representante personal, una extensiÃn del presidente Salinas. Su presencia en Washington era indicativa de que el asunto interesaba en MÃxico, y al mÃs alto nivel.

Apenas 28 dÃas despuÃs de que Salinas tomà posesiÃn como presidente de MÃxico, la revista espaÃola Intervià (NÃmero 659) dedicà un amplio reportaje al nÃmero dos en la jerarquÃa polÃtica del nuevo gobierno. El tÃtulo fue âDe AlmerÃa a la vicepresidencia de MÃxicoâ. En el texto se describen los orÃgenes espaÃoles y los antecedentes familiares de Josà MarÃa, el segundo hijo de Josà CÃrdoba Caparros y Dolores Montoya. El padre, de profesiÃn abogado, se desempeÃà como funcionario en el ayuntamiento republicano de AlmerÃa, etapa que concluyà con el triunfo del franquismo.

En julio de 1989 hubo una nueva demostraciÃn de fuerza de Josà CÃrdoba. Se renegociaba entonces en Nueva York la deuda externa mexicana con representantes de mÃs de 500 bancos de todo el mundo. Josà Ãngel GurrÃa encabezaba a la delegaciÃn azteca, que se impuso como fecha lÃmite el 16 de aquel mes, pues el 20 el gobierno debÃa hacer un importante pago de intereses. Pero la fecha llegà y los acreedores seguÃan mostrÃndose inflexibles. La negociaciÃn se entrampà y Pedro Aspe, secretario de Hacienda, y GurrÃa, amenazaron con suspender el pago de intereses si no habÃa acuerdo.

Entonces, el hombre de confianza del presidente Salinas viajà de emergencia a Nueva York, para corregir y vigilar el rumbo de las negociaciones, hasta que se llegara a un arreglo. Un cable de Reuters, la agencia de noticias britÃnica, al principio de la nueva ronda de conversaciones, informÃ: âJosà CÃrdoba, uno de los mÃs cercanos asesores del presidente Salinas, està en contra de la suspensiÃn de pagos y podrÃa ser que se le dà autoridad sobre la negociaciÃn en lugar de Aspeâ.

Lo cierto es que Salinas aplicà una vieja estrategia: el policÃa bueno y el policÃa malo. El 20, la delegaciÃn mexicana se levantà de la mesa de negociaciones y Aspe suspendià todo contacto con el Grupo Asesor de Bancos y anuncià que regresaba a MÃxico. Intervino entonces el gobierno estadounidense, que presionà a los acreedores, y las conversaciones se reanudaron el 23. Ese dÃa, ya tarde, se firmà el acuerdo que redujo en varios millones de dÃlares el servicio y la deuda externa del paÃs. El presidente dirigià un mensaje a la naciÃn esa misma noche, desde su despacho de Palacio Nacional. Fue aquel en el que pidià a todos los mexicanos ponerse de pie y entonar el himno nacional.

Durante todo el sexenio, no hubo mÃs embajador mexicano ante la Casa Blanca que CÃrdoba. Fue Ãl quien viajà en secreto a Washington para iniciar las conversaciones sobre el Tratado de Libre Comercio. Con Bill Clinton como presidente electo, una vez mÃs, llevà la voz presidencial. A Samuel Berger, enviado estadounidense, le dijo que la situaciÃn polÃtica y econÃmica de MÃxico no aguantaba un retraso del TLC, le anuncià que Jorge MontaÃo serÃa el nuevo embajador y le informà cuÃndo ocurrirÃa el destape del candidato priista, esto Ãltimo con mÃs de un aÃo de anticipaciÃn. Los pormenores de esa entrevista, efectuada el 24 de noviembre de 1992, fueron revelados en MÃxico por los corresponsales Carlos Puig y Dolia EstÃvez, de Proceso y El Financiero, respectivamente.

El papel determinante que CÃrdoba jugà en la consecuciÃn del TLC, le fue reconocido en privado por el presidente ante el gabinete en pleno, durante una reuniÃn que se efectuà en Palacio Nacional, el 20 de noviembre de 1993, al concluir el tradicional desfile conmemorativo del inicio de la RevoluciÃn Mexicana. El Senado de Estados Unidos finalmente habÃa ratificado el tratado, lo cual era indispensable para que entrara en funcionamiento, y Jaime Serra Puche, el secretario del ramo, se llevaba las palmas pÃblicas. Pero en privado Salinas aÃadià tambiÃn el nombre de su brazo derecho, en reconocimiento a lo que âhabÃa sucedido en los hechosâ.

âCÃrdoba se convirtià en el centro del debate polÃtico nacional, que llegà al congreso, respecto de sus funciones extraconstitucionales y extralegales; jugà el papel de nÃmero dos en Los Pinos, aunque para muchos fue el nÃmero uno, todo ello con el beneplÃcito del propio Salinas que le gustaba jugar con la clase polÃtica poniendo en medio del presidente de la repÃblica y de los polÃticos a la figura dominante de CÃrdobaâ, asegurà Carlos RamÃrez en su libro El asesor incÃmodo.

TambiÃn describiÃ: âEn sus decisiones âpropias o en las de Salinas que hacÃa funcionar–, CÃrdoba actuaba con mente frÃa y sin complejos histÃricos; para Ãl, el desarrollo de MÃxico era una variable. Su funciÃn era de policymaker al estilo estadounidense; daba soluciones, no justificaciones. Se sentÃa el Kissinger mexicanoâ.

El Ãrea fuerte de Josà CÃrdoba era la econÃmica. El presidente se sentÃa orgulloso de ella. âEn el gabinete econÃmico habÃa cohesiÃn y talento. Me sorprendià que, incluso antes de iniciar mis viajes de trabajo al exterior, ya la prensa internacional lo habÃa seÃalado como uno de los mejores del mundoâ, escribià Salina en su libro de memorias.

Y CÃrdoba habÃa apuntalado ahà a dos de sus amigos Ãntimos: Ernesto Zedillo Ponce de LeÃn y Jaime Serra Puche. El primero fue designado secretario de ProgramaciÃn y Presupuesto y el segundo titular de la SecretarÃa de Comercio y Fomento Industrial. Un tercero, Pedro Aspe Armella, fue nombrado secretario de Hacienda y CrÃdito PÃblico. Con Ãl habÃa entendimiento y trato respetuoso, y ambos coincidÃan en el modelo econÃmico, pero no era incondicional suyo como los otros dos integrantes del gabinete econÃmico.

COLOSIO EN LA VÃSPERA DEL DÃA D(iii)

MaÃana, martes 22 de marzo, serà un gran dÃa. AÃn no lo sabe Luis Donaldo Colosio en la vÃspera, pero maÃana se sentirà pleno, feliz, afortunado. La emociÃn que habrà de embargarlo sÃlo podrà equipararse a la que sintià el sÃbado 27 de noviembre de 1993, cuando el presidente Carlos Salinas le confirmà su voluntad de convertirlo en el sucesor. El deseo del Gran Elector empezarÃa a hacerse realidad al dÃa siguiente, con el destape de su elegido como aspirante oficial del PRI a la Presidencia de la RepÃblica. Aquel fin de semana jubiloso, sin embargo, parecÃa tan lejanoâ

Los acontecimientos que sacudieron al paÃs a partir de enero, y la acumulaciÃn de angustia y tensiÃn, habÃan hecho olvidar a Donaldo aquel sentimiento de agitado entusiasmo. Pero retornarà nÃtido 115 dÃas despuÃs para embriagar de nuevo al candidato. A diferencia de entonces, serÃn tres los anuncios âuno pÃblico, dos de carÃcter privadoâque harÃn cambiar por completo su semblante sombrÃo. DespuÃs de escuchar las buenas nuevas regresarà el brillo perdido a sus ojos.

El candidato presidencial del PRI ciertamente ha logrado remontar dificultades y mejorar su imagen este Ãltimo mes. Marzo, en realidad, ha sido espectacular para su causa. Para no ir muy lejos: en todas las encuestas Colosio supera por amplio margen a sus contendientes del PRD y PAN, CuauhtÃmoc CÃrdenas y Diego FernÃndez de Cevallos, respectivamente. Sin embargo, para avanzar por el camino de la certidumbre polÃtica plena, requiere que Camacho decline explÃcitamente a sus aspiraciones presidenciales. Esos son los dos datos objetivos que arrojan casi todos los estudios de opiniÃn recientes. El comisionado para la paz, en efecto, se ha convertido en una filosa piedra en el zapato para el sonorense.

Aunque la crisis polÃtica propiciada por el alzamiento del EZLN ha sido contenida, buena parte de este resultado es atribuible a las artes negociadoras de Manuel Camacho. LÃgicamente, despuÃs del resonante Ãxito que obtuvo en los encuentros de San CristÃbal de las Casas, el comisionado para la Paz y la ReconciliaciÃn en Chiapas ha visto crecer como espuma su capital polÃtico, a tal punto que una eventual candidatura presidencial suya pudiera disputar seriamente la mayorÃa de los votos al aspirante oficial del PRI. Todos los anÃlisis de prospectiva asà lo indican. Donaldo lo sabe perfectamente, a diferencia de sus adeptos mÃs radicales, que subestiman la situaciÃn. De ahà la prudencia con la que ha enfrentado el problema.

El sonorense, tanto en su fuero interno como en las palabras que pronunciarà al respecto, habrà de mostrar quà tan trascendental es para su causa y su meta este acontecimiento, tan ansiosamente esperado durante hace casi dos meses y medio. Serà apenas comparable con el anuncio de otoÃo: de ahà la similitud de emociones. Significarà tambiÃn un premio pÃblico a la paciencia. AdemÃs, el anuncio esperado vendrà acompaÃado de dos regalos de Ãndole privada, cuyo impacto serà evidente de inmediato en su Ãnimo y en su desenvolvimiento pÃblico. Por tales razones Ãl creerà que la vida le sonrÃe de nuevo, por fin. Pero eso serà hasta el martes.

MaÃana, al concluir la jornada, cuando todo haya pasado, Colosio cenarà en un privado de la suite 5003 del hotel Executivo de CuliacÃn con el polÃtico sinaloense Heriberto Galindo QuiÃones. Ãste apreciarà eufÃrico al candidato por los acontecimientos del dÃa, que habrÃn de iniciar temprano. Lo contarà aÃos despuÃs en su declaraciÃn ministerial.

MaÃana, al concluir la jornada, el panorama habrà cambiado por completo, y para bien. En ese contexto, al aspirante presidencial le quedarà solamente un problema por resolver para declararse totalmente satisfecho: las peligrosas fisuras que existen en su equipo de trabajo. La soluciÃn, sin embargo, la tendrà ya en mente. Con la adrenalina aÃn alta por las emociones del dÃa, Donaldo terminarà de diseÃar el movimiento tÃctico que harà en la jornada siguiente, es decir, el miÃrcoles 23 de marzo. Para ello utilizarà a dos piezas de su ajedrez: Alfonso Durazo y Ernesto Zedillo. ÂCuÃl serà la encomienda a secretario particular? El jefe de campaÃa la conocerà en su momento.

MaÃana por la noche, durante la cena en la suite del hotel donde habrà de hospedarse, Donaldo hablarà ampliamente del tema con Heriberto Galindo, su invitado. Ante Ãl se mostrarà eufÃrico, pues los mÃtines de ese dÃa en CuliacÃn y MazatlÃn le parecerÃn apoteÃsicos. Esa es la palabra que utilizarà textualmente. Sin embargo, lamentarà que la opiniÃn pÃblica no podrà percibirlos de esa forma, porque su tiempo de televisiÃn habrà sido ocupado en agradecer a Camacho su declinaciÃn. El comentario darà pie a Galindo para abordar el tema del comisionado para la paz en Chiapas. Colosio reconocerÃ: âÂEstaba hasta la madreâ! ÂLiteralmente hasta la madre! Estaba hartoâ.

El sinaloense le preguntarà tambiÃn si habÃa pensado conminar pÃblicamente a su adversario para que tomara una decisiÃn en uno u otro sentido. El candidato responderÃ: âAbsolutamente sÃ. Estaba a punto de hacerlo. Si hoy Camacho no hubiera declinado formal y pÃblicamente, lo hubiese conminado yo esta misma semana a que se definiera de una vez por todasâ.

Con el anuncio de su adversario interno, Colosio se quitarà un gran peso de encima. En un instante eliminarà gran parte del estrÃs acumulado durante meses. Y no serà para menos, pues el obstÃculo mÃs peligroso en su trayecto a Los Pinos habrà sido superado por fin. Todos los anÃlisis internos y externos serÃn coincidentes en ese sentido.

La declinaciÃn de Camacho, empero, no serà la Ãnica razÃn del Ãnimo exultante de Donaldo. El candidato hablarà con Galindo solamente de los asuntos pÃblicos, no de los privados. Sin embargo, tambiÃn en este Ãmbito habrà recibido buenas nuevas en el transcurso de la jornada. De haber sabido el invitado la situaciÃn real, habrÃa comprendido mejor el nivel de tensiÃn de su interlocutor en la vÃspera. Pero Ãl lo encontrarà ya con buena parte de la presiÃn polÃtica y personal liberada.

MaÃana martes, Donaldo escucharà algo que deseaba oÃr desde meses atrÃs: su esposa podrÃa superar el cÃncer que la aqueja, y probablemente ocurrirà lo mismo con su padre. Ambos se encuentran afectados por la misma enfermedad, aunque una en el pÃncreas y el otro en la prÃstata. Los informes mÃdicos serÃn bastante optimistas, en particular con la joven consorte, contrariamente a los pesimistas pronÃsticos de principios de aÃo.

A don Luis, por su edad, aquellas estimaciones le daban pocas posibilidades de sobrevivir. Pero Diana Laura estaba peor, prÃcticamente desahuciada, pues diversos tratamientos no habÃan logrado frenar el avance del mal. SegÃn las proyecciones de principios de aÃo, la vida no le alcanzarÃa ni siquiera para ver el triunfo de su marido en agosto, mucho menos para estar presente en su toma de posesiÃn. Esta situaciÃn habÃa afectado severamente al candidato. Imaginar que sus dos hijos quedarÃan huÃrfanos de madre a los 8 (Luis Donaldo) y al aÃo y medio de edad (Mariana), le producÃa un dolor indescriptible.

Los nuevos informes mÃdicos, sin embargo, harÃn renacer la esperanza del candidato de conservar a su lado por mucho tiempo mÃs, a ambos seres queridos. ÂPodÃa alguien ser mÃs afortunado que Ãl?

Por Redaccion

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