Los idus de marzo 30 aÃos despuÃs
Por RamÃn Alfonso Sallard
Hubo todavÃa una gran cantidad de guardias de honor, con cuerpo presente, en la sede nacional del PRI. DespuÃs, el fÃretro fue trasladado a la agencia Gayosso de FÃlix Cuevas. AhÃ, Alfonso Durazo intentà convencer a Diana Laura de que desistiera en su propÃsito de abrir el fÃretro.
–Quiero verlo âinsistià ella en varias ocasiones.
–No, Diana. Mejor recuÃrdalo como lo viste la Ãltima vez. QuÃdate con esa imagen.
–Quiero verlo ârepitiÃ.
–ÂPor favorâ! ârogà Durazo.
–Quiero quedarme sola con Ãl.
–ÂNo, Diana!
–Cinco minutos nada mÃs.
Durazo hizo varios intentos mÃs para convencerla. No lo logrÃ. Con pesar, entendià que nada harÃa cambiar de opiniÃn a la viuda.
–Se harà lo que tà deseas âdijo sin convencimiento.
Alfonso se subià a una silla, a la mitad de la capilla ardiente, y solicità la atenciÃn de los presentes. Luego, inevitable el dolor en sus palabras, atravesà el silencio:
–Siempre interpretà correctamente los deseos de Luis Donaldo. En esta ocasiÃn no creo equivocarme si interpreto que Ãl habrÃa deseado quedarse a solas unos minutos con su esposa, para despedirse de ella. Les ruego a todos que abandonemos unos momentos la capilla.
En silencio, amigos, familiares, dolientes, abandonaron uno a uno el recinto. Alfonso fue el Ãltimo. Tras de sÃ, cerrà la puerta. Adentro quedà ella, sola, ante el cuerpo de su marido. Momentos antes le habÃa entregado la llave del ataÃd, sellado desde Tijuana.
Pasaron algunos minutos. La puerta se abriÃ. Diana Laura le pidià a Durazo que entrara, la voz apenas perceptible, agobiada por el dolor.
–ÂNo pude! âexclamÃ, con lÃgrimas en los ojos.
Alfonso la abrazÃ. Le pidià la llave del fÃretro y ambos se acercaron en su direcciÃn. Ãl temÃa encontrar el cuerpo de Donaldo como lo habÃa visto durante la autopsia: destrozado. ExistÃa, ademÃs, otro factor: el cadÃver habÃa sido preparado para un tiempo muy corto, pero la gran cantidad de dolientes obligà a prolongar el velorio; en otras palabras, podrÃa haberse iniciado ya el proceso de descomposiciÃn. Con esos temores, abrià la tapa del ataÃd.
–ÂEs Ãl!, ÂmÃralo! âexpresà Diana Laura, conmovida.
En efecto, Durazo pudo comprobar que la imagen que guardaban de Donaldo, anterior a la tragedia, era la misma que estaba ante sus ojos. Y no era solamente la magia del maquillaje: era Ãl, el mismo de siempre. Como si hubiera estado esperando a su esposa para decirle adiÃs. El Ãltimo adiÃs.
Diana Laura se inclinà ante el fÃretro, mientras Alfonso Durazo abandonaba discretamente la capilla ardiente, como tantas veces se habÃa retirado del lado de su jefe: sin hacer ruido, sin que se notara. Cerrà de nueva cuenta la puerta tras Ãl y ahà permanecià durante largos minutos, impidiendo cualquier intento por ingresar al lugar.
Cuando salià Diana Laura y el recinto empezà a llenarse poco a poco con la tristeza e indignaciÃn de los dolientes, ella llamà a Durazo a su lado y ambos se apartaron de la multitud. En un rincÃn, sentados en el piso, dieron rienda suelta al dolor compartido, llanto en silencio ella, mirando al vacÃo Ãl. La imagen proyectaba toda la desolaciÃn que ambos sentÃan. Eran, solamente, dos desvalidos que nada hablaban. No era necesario.
Diana Laura no supo cuÃnto tiempo pasÃ, pero un gran murmullo, que rÃpidamente crecià hasta convertirse en gritos, hizo que muchas personas se miraran entre sÃ, con el signo de interrogaciÃn reflejado en sus rostros. Un espontÃnea informà que Manuel Camacho se encontraba en el estacionamiento de la agencia funeraria.
Los gritos de âasesinoâ que le endilgaban algunos asistentes, se escuchaban al interior del recinto, cada vez con mayor nitidez. La viuda fue terminante:
–No quiero verlo.
El comisionado para la paz en Chiapas se dirigÃa con dificultad entre el tumulto, soportando insultos de toda Ãndole, rumbo a la capilla ardiente, dÃnde se encontraba el fÃretro del candidato presidencial asesinado. Antes de que pudiera acercarse a la viuda, Alfonso Durazo le impidià el paso. Se plantà de espaldas a Ãl y no lo dejà avanzar. Camacho le tocà el hombro y le preguntÃ, hosco:
–Usted es Durazo, Âverdad?
El secretario particular de Luis Donaldo girà su cuerpo y asintià con la cabeza, sin extender la mano a quien fuera rival de su jefe, la sombra del candidato durante toda la campaÃa. Camacho todavÃa insistiÃ:
–Quisiera que se le preguntara a Diana Laura si me autoriza a darle el pÃsame.
–No es necesario, don Manuel âatajà Durazo.
–Insisto âalcanzà a decir Camacho, con el rostro desencajado.
–No es necesario.
El lugar era un desorden. Gritos, insultos, jaloneos. Rostros que reflejaban la furia contenida. Algunos asistentes se acercaban al comisionado con intenciones nada buenas.
–Su presencia no es grata en este lugar âdijo con franqueza Durazo.
Camacho ya no insistiÃ. Sus cejas se elevaban, tras los lentes de armazÃn cuadrada, ligeramente caÃdos a la derecha. Sus ojos parecÃan de fuego. Su rostro no lograba ocultar la contrariedad y la frustraciÃn que dominaban su ser.
Alfonso Durazo lo tomà de un brazo y aÃadiÃ:
–Don Manuel, lo llevo a la salida.
El comisionado para la paz y sus acompaÃantes, dieron media vuelta y, escoltados por el ex secretario particular del candidato presidencial asesinado, abandonaron Gayosso. Tal vez fue lo que impidià alguna agresiÃn.
Lejos quedaba, en la memoria y el sentimiento, aquel primero de julio de 1991. En aquella ocasiÃn, Diana Laura y Luis Donaldo llegaron, alrededor de las siete de la noche, a la misma agencia Gayosso de FÃlix Cuevas. HabÃa muerto Guadalupe Velasco Siles, la esposa de Manuel Camacho.
Cuando el regente de la ciudad de MÃxico vio llegar al matrimonio Colosio, se apartà de inmediato de la larga fila de amigos y dolientes para ir a descansar un poco al pequeÃo privado que habÃa en la capilla. Ahà estarÃa con ellos durante cuatro, quizà cinco horas. Sin duda, Diana Laura y Luis Donaldo sentÃan el dolor de Camacho. Con afecto, lo estuvieron animando, reconfortando.
Diana Laura estaba particularmente conmovida, sensibilizada. Y es que ella padecÃa de cÃncer âel mismo que aÃos despuÃs habrÃa de causarle la muerteâ y en esos momentos recibÃa tratamiento en contra de la enfermedad que habÃa segado la vida de Lupita.
Al dÃa siguiente, cuando se realizà la misa de cuerpo presente, en la BasÃlica de Guadalupe, los Colosio acompaÃaron de nueva cuenta a Camacho. Resultaba notoria la ausencia de miembros del gabinete. El presidente Salinas se encontraba fuera del paÃs.
LA CARTA EXCULPATORIA QUE NO SE FIRMÃ
Ante el fÃretro de Luis Donaldo, los acontecimientos del 22 de marzo perdÃan valor.
Aquel dÃa, en conferencia de prensa efectuada en punto de las once treinta horas en el Hotel Presidente Chapultepec de la ciudad de MÃxico, Manuel Camacho finalmente hizo pÃblica su decisiÃn de no buscar una candidatura a la presidencia de la RepÃblica, allanando con ello el camino de Luis Donaldo. El candidato presidencial del PRI, por su parte, respondià con generosidad a la definiciÃn de su rival, esa misma noche, desde CuliacÃn, Sinaloa.
A la expresiÃn del comisionado para la paz en Chiapas ââsà quiero ser presidente, pero no a cualquier costoââel sonorense habrÃa de responder: âHe dicho en otras ocasiones, y lo reitero hoy, que, por sus convicciones, por su sensibilidad y por su capacidad negociadora, Manuel Camacho es el mejor hombre para construir una paz justa en Chiapas [â] El licenciado Camacho es una persona de gran capacidad y vocaciÃn polÃtica que le ha dado, y le seguirà brindando, importantes servicios al paÃsâ.
Horas antes de asistir a la funeraria donde se velaba a Luis Donaldo, en su oficina de Observatorio, Camacho se habÃa reunido con su equipo para analizar la situaciÃn. Contra la opiniÃn de la mayorÃa, Ãl decidià ir a Gayosso. Alguno de sus colaboradores le advirtiÃ, segÃn el libro de Enrique MÃrquez, Por quà perdià Camacho:
–Usted no debe ir. En la prensa nacional de hoy se hacen muchos comentarios inculpatorios contra usted. Sospechosamente, todos coinciden. Es bastante seguro que usted tendrà un mal recibimiento.
La periodista Isabel Arvide, en su libro Asuntos de familia, apuntarÃa tiempo despuÃs:
âCualquiera pudo haber visto que su presencia serÃa motivo de escÃndalo, que nadie estarÃa dispuesto a recibirlo con los brazos abiertos. ExcepciÃn del presidente Salinas de Gortari que, ante la consulta del comisionado para la paz, lo conminà a asistir. El sentido comÃn, la peticiÃn de sus colaboradores, no tuvieron la fuerza suficiente para detenerlo. Su amigo, para el 24 de marzo âCSG seguÃa siendo su amigo y su jefe al que se le pide âlÃneaâ–, le habÃa dicho que fueraâ.
Dos fragmentos del Tomo I del informe final del caso Colosio no dejan lugar a duda:
âLa presencia de Camacho SolÃs en Gayosso el 24 de marzo de 1994, donde se llevà a cabo la velaciÃn del cuerpo del licenciado Colosio, produjo reacciones que le demostraron animadversiÃn, lo que provocà que Manuel Camacho le pidiera a Carlos Salinas fuera el conducto para solicitar a Diana Laura Riojas la firma de una carta en la que Ãsta lo deslindara del homicidio de su esposo, sin que ella hubiese accedido a firmar dicha carta, no tanto porque considerara a Camacho responsable del homicidio, sino por razones procedimentales y de enojo por la actitud de Ãste en su anterior comportamiento polÃtico, ya que estimà que no podrÃa hacerlo sin que mediara una previa peticiÃn expresa del propio Camacho [â]
âLa insistente inquietud del licenciado Salinas para conocer las actividades de Diana Laura Riojas, segÃn seÃala Ãl mismo, fue en funciÃn de conocer su estado de salud y ver en quà podÃa apoyarla. Sin embargo, Diana Laura sintià el acoso y molestia por la insistencia de Carlos Salinas de comunicarse personal o telefÃnicamente con ella, teniendo como antecedente la propia peticiÃn que realiza a Diana Laura Riojas de otorgar una carta a Manuel Camacho desligÃndolo del suceso en que perdiera la vida su esposo y amÃn de las propias reservas y resentimiento que expresà Diana Laura con algunos de los testigos hacia Carlos Salinas, por la actitud de tolerancia que mostrà hacia Manuel Camacho y el sentimiento de que no apoyà suficientemente a Luis Donaldoâ.
Carlos Salinas de Gortari, en efecto, le pidià a Diana Laura que firmara una carta por peticiÃn de Camacho. El borrador, redactado por el propio interesado, tenÃa el propÃsito de reducir las actitudes hostiles en su contra. Buscaba frenar la animadversiÃn y el rechazo del priismo, manifestado claramente en la sede de ese partido y en la funeraria. SegÃn la apreciaciÃn de Camacho, si el clima de linchamiento polÃtico continuaba, podÃa registrarse algÃn acto de violencia en su contra, lo cual afectarÃa, por aÃadidura, el proceso de negociaciÃn con la guerrilla zapatista.
âAccedà a solicitarle la carta a la seÃora Colosio, con el Ãnimo de evitar un rompimiento mÃs y un riesgo fÃsico para Camacho. Ante la solicitud, Diana Laura mostrà disgusto, pues ella consideraba desleal y descortÃs la manera en que Camacho habÃa tratado a su esposo antes de la candidatura y durante ella. Entendà sus razones y le expliquà el motivo de su peticiÃn. Ella lo medità y me pidià que se modificaran algunos puntos. Me llevà la carta y al regresÃrsela con los cambios solicitados me hizo saber que preferÃa no firmarla. Aceptà sus razones y no insistà mÃsâ, revelà Salinas en su libro MÃxico, un paso difÃcil a la modernidad.
DespuÃs de la visita presidencial, varios colaboradores de Colosio se reunieron con su viuda para opinar sobre la peticiÃn de firmar aquella carta. Se indignaron. La conclusiÃn fue que Salinas habÃa vuelto a considerar a Camacho como candidato sustituto.
POR QUÃ CAMACHO NO FUE CANDIDATO
ÂPor quà Camacho, a pesar de ser su compadre, no fue el sucesor de Salinas? En su libro MÃxico, un paso difÃcil a la modernidad, Salinas lo explica asÃ: âEn realidad, Camacho fue un reformista que se opuso a varias de las reformas propuestas durante mi gestiÃn. Se opuso, por ejemplo, a la reforma al artÃculo 27 y a la reforma educativa; tampoco fue un entusiasta del TLC ni del Programa Nacional de Solidaridad. Pero, ademÃs, Camacho no tenÃa la estabilidad emocional que se requiere ante la enorme responsabilidad de la presidencia. En su desempeÃo, Manuel Camacho siempre oscilà entre los aciertos y los desaciertos. Era inestableââ
De nuevo Salinas:
âLo que realmente tuvo lugar en MÃxico a principios de los noventa fue una intensa batalla por llevar a cabo una reforma desde dentro del sistema polÃtico. Y ese proceso enfrentaba luchas tremendas. HabÃa una verdadera confrontaciÃn entre quienes promovÃamos los cambios y los que dentro del gobierno y del partido gubernamental se oponÃan a ellos [â] En el momento en que debià decidirse la candidatura presidencial del PRI, yo estaba convencido de que quien podÃa profundizar y conducir esas reformas era precisamente Donaldo Colosio: Ãl habÃa participado con talento y eficacia en su diseÃo y ejecuciÃn y tambiÃn conocÃa la resistencia de caciques y tradicionalistas. En cambio Camacho, a pesar de que tambiÃn tenÃa capacidad y talento, se habÃa opuesto a muchas de estas reformas y no era capaz de conseguir la adhesiÃn de la mayorÃa del PRI.
âCamacho ha tratado de presentar su imposibilidad para obtener la postulaciÃn del PRI como un asunto de orden personal. No fue asÃ. No fue el candidato a pesar de ser mi amigo personal. Es cierto. Fuimos cercanos compaÃeros en la UNAM y lo habÃa invitado a trabajar conmigo desde 1979, pero esa proximidad personal no podÃa bastar para que el PRI lo postulara. Obtener la candidatura a partir de la amistad con el Presidente: esa sà que hubiera sido una posiciÃn tradicionalista y de las mÃs durasâ.
El relato de Carlos Salinas de Gortari es ilustrativo: âEntre el lunes 22 y el martes 23 de noviembre recibà a varios de los contendientes por la candidatura presidencial [â] Cuando recibà a Camacho, no me tratà temas propios de un acuerdo presidencial, sino que me planteà su visiÃn acerca del gobierno y me hablà sobre el papel que Ãl mismo podrÃa jugar en la sucesiÃn. Lo escuchà con interÃs. Su talento era evidente, aunque siempre adoptaba un tono de sabidurÃa pontificial. Hablaba con cierta soberbia, tanta como para insinuarse para el puesto. Me hizo algunos comentarios generales sobre el proceso de transferencia del poder y ofrecià respeto para mà y para mi familia. Yo no se lo habÃa solicitadoâ.
DespuÃs de la tragedia, el columnista de El Universal, FÃlix Fuentes, adepto de Colosio, escribià el epitafio del ex regente: âSi Camacho hubiese guardado serenidad, Ãl serÃa hoy el candidato lÃgico, sin reprochesâ.
ABURTO PIDIÃ HABLAR CON CAMACHO AL LLEGAR A MÃXICO
Fragmentos del Tomo III del informe final del caso Colosio:
Primero. El traslado de la DelegaciÃn al aeropuerto de Tijuana se instrumentà por la PolicÃa Judicial Federal bajo el mando de AdriÃn Carrera Fuentes. Durante ese traslado se interrogà nuevamente a Mario Aburto, lo cual consta en una audiograbaciÃn y se escucha que el homicida pide hablar con un personaje en la ciudad de MÃxico, a lo que sus interlocutores le insisten que diga de quiÃn se trata, sin que Mario Aburto les conteste lo que ellos le preguntan, con lo que se patentizà el interÃs de sus custodios para que aportara mayores datos y no para que los ocultara [â] El vuelo hacia la ciudad de MÃxico durà 2 horas con 53 minutos; salià a las 8:04 horas de Tijuana y llegà a su destino a las 12:57 horas (tiempos locales con una diferencia de 2 horas). Aburto fue interrogado por el comandante Humberto Torices, que viajaba a su lado izquierdo; por la evidencia que existe, nuevamente se tratà de que Mario Aburto entrara en confianza y hablara, que dijera sus mÃviles y revelara si contaba con otros copartÃcipes en el crimen; Aburto al platicar se describe como un elegido âcapaz de hacer cualquier cosa por el paÃsâ, mas no revela algÃn dato concreto sobre posibles cÃmplicesâ.
Segundo. Una vez en las oficinas de la PolicÃa Judicial Federal, en las calles de Jaime Nunà y Paseo de la Reforma de la ciudad de MÃxico, Mario Aburto MartÃnez es llevado a las oficinas del subdirector operativo Manuel LÃpez de Arriaga, donde, segÃn el dicho del coronel Carlos Arturo Pancardo Escudero, manifestà que la persona con la que querÃa hablar era Manuel Camacho SolÃs, solicitando papel y pluma para hacer un escrito, el cual redacta en ese momento. El documento que hizo Aburto no contiene referencia a alguien en particular, ni describe los hechos del atentado, ni involucra en ellos a alguna persona, y sÃlo hace reflexiones de carÃcter personal no relevantes para esta lÃnea de investigaciÃn, pero que son Ãtiles para el estudio longitudinal de la vida de Mario Aburtoâ
Tercero. DeclaraciÃn del licenciado Diego ValadÃs RÃos de 31 de enero de 1997, en la que se le preguntÃ: âÂFue informado de lo manifestado por Mario Aburto en las oficinas de la PGR en Jaime NunÃ, en cuanto que su deseo era hablar con Manuel Camacho SolÃs? Respuesta.- Lo Ãnico que Aburto manifestà en el trayecto de Tijuana a Almoloya fue su interÃs de hablar con Manuel Camacho. No recuerdo con exactitud si esta informaciÃn la recibà antes o despuÃs de que Aburto fuera internado en Almoloya. En tanto que no hubo un planteamiento formal por parte de Aburto, no se considerà relevanteâ.
Cuarto. Carta del licenciado Manlio Fabio Beltrones Rivera, del 7 de junio de 1995, dirigida a Pablo Chapa Bezanilla, en la que indica: âEn la maÃana del 24 de marzo, acompaÃà al procurador general de la RepÃblica, quien se entrevistà nuevamente con el gobernador Ruffo Appel en sus oficinas de Tijuana, y de allà los tres nos trasladamos a la DelegaciÃn de la PGR en la misma ciudad; ahà estuvimos atentos a la redacciÃn del boletÃn al que luego dio lectura ante los medios de comunicaciÃn el propio procurador general, estando acompaÃado por el gobernador Ruffo Appel y el seÃor presidente municipal de Tijuana. En los momentos en que dicho boletÃn era redactado, el subprocurador Alfonso Cabrera informà al procurador general de la RepÃblica que el aviÃn que trasladà al detenido sin contratiempos habÃa arribado a la ciudad de MÃxico y que Mario Aburto solicitaba hablar con el seÃor Manuel Camacho SolÃsâ. Y en su declaraciÃn ministerial rendida el 23 de abril de 1998 se le preguntÃ: âCÃmo se enterà que una vez que arribà a la ciudad de MÃxico, Mario Aburto solicità hablar con el licenciado Manuel Camacho SolÃs. Respuesta.- Estando en las oficinas de la DelegaciÃn en Tijuana de la ProcuradurÃa General de la RepÃblica, cuando el subprocurador general de la RepÃblica le informà a Diego ValadÃs que el aviÃn ya habÃa aterrizado en la ciudad de MÃxico y que Ãsa habÃa sido la expresiÃn de Mario Aburtoâ.
Quinto. DeclaraciÃn de Manuel Camacho SolÃs del 8 de noviembre de 1996, en la que se le preguntÃ: âQue diga si sabe por quà Mario Aburto MartÃnez al llegar a las instalaciones de la PolicÃa Judicial Federal en esta ciudad, luego del crimen, solicità hablar con usted. Respuesta.- Eso fue lo que me dijo Manlio Fabio Beltrones, que a Ãl se lo habÃan dicho. Yo lo considerà exactamente en la misma jerarquÃa que a las mantas de Lomas Taurinas, como lo que se habÃa publicitado en la entrevista contra mi persona y la bajeza que se habÃa organizado en mi contra en la agencia Gayossoâ.
EL CRIMEN MATÃ TAMBIÃN EL ACUERDO DE PAZ EN CHIAPAS
Las negociaciones de paz en Chiapas tambiÃn fueron afectadas. Los zapatistas habÃan iniciado, el 6 de marzo, la consulta entre sus bases sobre los acuerdos alcanzados en la catedral de San CristÃbal. Sin embargo, el asesinato de Luis Donaldo Colosio trastocà todos los acuerdos alcanzados y el EZLN no los ratificÃ.
La larga cadena de desencuentros de Manuel Camacho con Ernesto Zedillo se incrementà con el asesinato de Colosio en marzo del 94. Menos de tres meses despuÃs, el 16 de junio, concluyà de manera abrupta su misiÃn como mediador en el conflicto chiapaneco, despuÃs de ser criticado acremente por el candidato del PRI a la presidencia, Ernesto Zedillo.
Desde el 1 de junio, Camacho habÃa enviado un informe confidencial al presidente Salinas sobre la situaciÃn del conflicto en el sureste mexicano, y las acciones polÃticas que podÃa tomar el gobierno. Ya habÃa concluido la consulta del EZLN. Por ello pedÃa respaldo para tomar decisiones que representaran una respuesta nueva, de concordia.
Los zapatistas dijeron no a los primeros acuerdos tomados por las partes, sujetos a ratificaciÃn por parte de las comunidades indÃgenas. Eso fue el domingo 12 de junio. Ese mismo dÃa, Zedillo manifestà su inconformidad y reclamà una explicaciÃn de âpor quà habÃan fracasado las negociacionesâ, pues antes âse habÃa dicho que concluyeron con Ãxitoâ.
Nuevamente Salinas defendià a Camacho y elogià su labor como negociador de la paz. Pero ya ni la defensa ni el elogio presidencial surtieron efecto. El jueves 16 el comisionado para la paz y la reconciliaciÃn en Chiapas cità a conferencia de prensa y anuncio su renuncia al cargo. TambiÃn dijo que se retiraba temporalmente de la polÃtica, hasta el 1 de diciembre de ese aÃo, fecha en la que entraba en funciones el nuevo gobierno. Antes, sin embargo, le endosà la factura a Zedillo:
âCuando el candidato del PRI dice que todo fracasÃ, y desata toda una ofensiva de medios contra mi persona, yo ya no tenÃa margen para seguir negociando, porque si a los ojos de la opiniÃn pÃblica uno de los hombres que podÃa ser el prÃximo presidente descalificaba mi esfuerzo, hubiera sido absolutamente inÃtil mi participaciÃn adicionalâ.
AÃos despuÃs, el lÃder mÃximo de la guerrilla trazà la siguiente metÃfora, durante una entrevista que le concedià a Yvon Le Bot para su libro Subcomandante Marcos: el sueÃo zapatista: âLa bala que matà a Colosio matà la posibilidad del acuerdo de paz con el EZLNâ.
LAS âMEMORIAS APÃCRIFASâ DE CAMACHO
Retirado de toda actividad pÃblica por voluntad propia, Manuel Camacho retomà una idea que tenÃa fija desde hacÃa meses, a partir de su derrota en la contienda interna priista por la presidencia del paÃs: escribir un libro.
Con base en sus Ãltimas experiencias, y apoyado por dos de sus colaboradores mÃs cercanos: Marcelo Ebrard y Alejandra Moreno Toscano, el ex comisionado para la paz empezà su ajuste de cuentas con el pasado y delineà la ruta que, en el futuro, lo reposicionarÃa polÃticamente. No menos de 16 horas diarias dedicà a la redacciÃn del libro que saldrÃa a circulaciÃn para finales de aquel aÃo de 1994.
Nada se supo de su determinaciÃn hasta que el ex comisionado tuvo un encuentro casual con dos reporteros de Reforma, el 22 de agosto, un dÃa despuÃs de los comicios.
A ellos les confià que prÃximamente publicarÃa un libro de memorias en el que fijarÃa su posiciÃn polÃtica, abordarÃa pasajes de su vida como funcionario y hablarÃa del futuro del paÃs. Sin entrar en mÃs detalles sobre el contenido del libro, comentà que ya habÃa entregado el texto original a la casa editora y que, si todo marchaba bien, en unos 40 dÃas la obra estarÃa en circulaciÃn.
âAhà dirà mi verdad sobre lo que he vivido y sobre lo que yo creo que es conveniente para nuestro paÃsâ, dijo el ex comisionado.
Ya no volvià a tocar el tema hasta el 29 de septiembre, despuÃs de asistir a los funerales de Josà Francisco Ruiz Massieu. Consternado, hablà de su amigo reciÃn asesinado âânos la jugamos juntosâ –, pero no quiso responder a una pregunta sobre la necesidad de hacer justicia, sino hasta que regresara a los asuntos pÃblicos en el futuro. Dijo que ya habÃa terminado de escribir el libro y que la versiÃn final estaba en poder de los editores.
Tres dÃas despuÃs, empezaron a circular presuntas versiones del libro de Camacho. El primero en ofrecerlas al pÃblico fue Edmundo DomÃnguez AragonÃs en El BÃho, suplemento cultural de ExcÃlsior. Con la advertencia de que se trataba de âfragmentosâ de las memorias, obtenidos de manos de un colaborador infiel y de que algunos pÃrrafos estÃn tachados y ostentan las indicaciones âÂrepensarlos?â y âÂsuprimirlos?â, el escritor dio a conocer estas supuestas reflexiones de Camacho:
âYo me habÃa preparado para el alto mayor designio al que un mexicano puede aspirar. TenÃa la certidumbre; soy yo. No iba yo a contener el inmenso bostezo que al ser designado le produjo a LÃpez Portillo. ControlarÃa mi descontrol sonriendo.
âNi FGB (Fernando GutiÃrrez Barrios) ni PGG (Patrocinio GonzÃlez Garrido) ni luego JCMcG (Jorge Carpizo Mc Gregor) me estimaban. Mi idea de las tareas de la SG (SecretarÃa de GobernaciÃn) era distinta y jamÃs hubiera ocurrido Chiapasâ.
En otra parte de los âfragmentosâ, se lee:
âNinguno de los candidatos mencionados entonces advirtià el peligro que representaba JMC (Josà MarÃa CÃrdoba), sobrado de una instrucciÃn que le impusiera barreras y hacÃa cumplir lo que S (Salinas) le ordenara. Subalterno por naturaleza, trataba a sus inferiores como si lo estuviera haciendo con vacas y bueyes; era realmente un patÃnâ.
Alejandra Moreno Toscano envià al diario una carta de reclamo: âUn escritor puede tomarse libertades, pero si en el escrito que publica dice: Fragmentos de las memorias de Manuel Camacho, deberÃa mostrar sus fuentes; si no lo hace su intenciÃn es suplantar. He visto los borradores del documento que, en su momento, darà a conocer al pÃblico el Lic. Manuel Camacho. Nada de lo que inventa (DomÃnguez AragonÃs) corresponde a ese textoâ.
El 9 de octubre, Manuel Aguilera GÃmez declarà a Reforma que Manuel Camacho habÃa decidido no publicar sus memorias y aÃadiÃ: âDesconozco el porquà de su decisiÃn. Eso pregÃnteselo a Ãl. Camacho y yo seguimos siendo grandes amigos. En ocasiones nos reunimos en algunos restaurantes a tomar cafà y a platicarâ.
El 18 de octubre, el mismo diario publicà una entrevista con el ex comisionado, fechada en Ginebra, Suiza, en la que ratificà que su libro aparecerÃa en noviembre y que en diciembre definirÃa su posiciÃn polÃtica.
Sobre el contenido del libro apuntà que abordaba aspectos importantes para el paÃs. âCreo que hay una serie de preocupaciones âaÃadiÖ, una serie de oportunidades en MÃxico. Y yo soy un ciudadano mÃs que quiere pensar con libertad y que quiere dar a conocer sus puntos de vista sobre la situaciÃn que vive MÃxicoâ.
En su ediciÃn del 19 de octubre, es decir del dÃa siguiente, la revista Siempre! cuestionà duro al ex comisionado para la paz:
âContrariamente a lo que se piensa, el ex regente de la ciudad de MÃxico, Manuel Camacho, no se va a quedar quieto. La suspensiÃn de sus âmemoriasâ no se debe a que pretenda evitarle mÃs problemas y escÃndalos a la turbulenta administraciÃn del presidente Salinas sino a que el candidato frustrado a la presidencia de la RepÃblica prepara la consumaciÃn de un proyecto polÃtico de carÃcter partidista que, con toda seguridad, nacerà como oposiciÃn en el prÃximo sexenioâ.
El Economista, ese mismo dÃa y bajo la firma de su director, Luis Enrique Mercado, empezà a publicar fragmentos de âLas memorias de Manuel Camacho SolÃsâ. En la introducciÃn al texto, el periodista explicà que la reproducciÃn de los diÃlogos y las anÃcdotas fueron entresacados del borrador de 306 pÃginas que obtuvo, fechado el 18 de julio de 1994.
Del miÃrcoles 19 al viernes 21, El Economista difundià el material bajo los siguientes encabezados: âEstaba listo para la candidatura, narra Camacho en sus memoriasâ. âTenÃa motivos para estar inconformeâ. Y âCarlos, una pregunta: Âpor quà no fui yo?â. Para el lunes siguiente âno se publicaba sÃbados y domingos–, el rotativo anunciaba un episodio mÃs: âEl asesinato de Colosioâ. Varios fragmentos mÃs habrÃa de difundir en los siguientes dÃas, desatando el escÃndalo.
SegÃn la versiÃn de la periodista Isabel Arvide, camachista asumida en aquella Ãpoca, alguien con acceso al ex comisionado para la paz âella presume que fue el mayor Jaime MedellÃn, jefe de ayudantes del polÃticoârobà el documento del escritorio de su casa, y despuÃs lo entregà a Ernesto Zedillo, declarado ya, para esa Ãpoca, presidente electo. Ãl, a su vez, lo puso en manos del mandatario saliente. Salinas, despuÃs de leerlo, le ordenà a Josà CÃrdoba que se lo hiciera llegar, con la discreciÃn correspondiente, al director de El Economista.
âY una vez que la primera entrega causà el mayor de los revuelos ârelatà Arvide en su libro Asuntos de Familia–, con un ejemplar del diario en su mano, mandà (el presidente) llamar a Marcelo Ebrard para reclamar lo que ahà se decÃa, ante la ausencia de Manuel del paÃs.
âComo podÃa esperarse de una esposa ofendida que primero manda sacar una fotografÃa de la amante para, a continuaciÃn, reclamar con la prueba de por medio. Una jugada que corresponde a su estilo, turbio para decir lo menosâ.
El problema era que aquellos fragmentos difundidos por El Economista correspondÃan, precisamente, al material que Manuel Camacho habÃa eliminado de su obra. DÃas despuÃs del escÃndalo, Ebrard explicà que desde el principio se habÃa analizado la conveniencia de hacer un libro anecdÃtico, como el del ex presidente LÃpez Portillo, o de ir mÃs lejos: elaborar un diagnÃstico de la vida polÃtica nacional y hacer algunas propuestas encaminadas a sortear los momentos difÃciles por los que atravesaba el paÃs. âSe discutieron ambas posibilidades y se llegà a la conclusiÃn de que la mejor opciÃn era la segundaâ, explicÃ.
EL INFIERNO POLÃTICO SEXENAL
Casi con exactitud, un aÃo despuÃs de que se divulgaran sus âmemorias apÃcrifasâ, y como consecuencia de la nueva ofensiva zedillista en su contra, Camacho puso fin, en siete minutos, a 30 aÃos de militancia priista. Se cumpliÃ, asÃ, el deseo presidencial de colocarlo en âla oposiciÃn declarada y formalâ âmanifestado en su famosa carta del 19 de marzo del 94–, para que asumiera âlos riesgos y dificultadesâ de tal condiciÃn. Era el 13 de octubre de 1995.
El evento definitivo que lo obligà a dar el paso fue la declaraciÃn de Alfonso Durazo, exigiendo que se le llamara a declarar en torno al homicidio de Luis Donaldo Colosio. Ya lo habÃa adelantado Zedillo, lo habÃa reafirmado Chuayffet, lo habÃa sugerido don Luis y lo confirmaba el ex secretario particular del candidato presidencial ejecutado en Tijuana.
âÂCuÃl es mi bronca con Zedillo? No lo sÃ. Yo lo apoyà cuando fue candidato. Cuando llegà a la presidencia yo estaba dispuesto a ser parte de su gabineteâ, confià a reporteros de diversos medios, el mismo viernes 13.
Cuando Reforma publicà la carta de Zedillo a Colosio, el 3 de octubre de 1995, Manuel Camacho SolÃs era, prÃcticamente, un cadÃver polÃtico. Pero todavÃa no se firmaba su acta de defunciÃn.
El presidente Ernesto Zedillo, en mancuerna con el secretario de GobernaciÃn, Emilio Chuayffet, intentà acorralarlo y enviarlo a la oposiciÃn, aplicando Ãl la estrategia que en su momento, como coordinador de la campaÃa presidencial, le pidià implementar al candidato, segÃn consta en aquella misiva.
Ante la batida polÃtica en su contra, Camacho tuvo que salir en su propia defensa, apenas tres dÃas despuÃs, el seis, mediante un programa especial del noticiario Hechos de TelevisiÃn Azteca.
Camacho acusà a Zedillo de colocarlo en una situaciÃn de riesgo personal, lo culpà de su renuncia como comisionado para la paz y le reprochà contradecirse en las investigaciones sobre el asesinato de Colosio. Su colaboradora Alejandra Moreno Toscano fue mÃs allÃ: asegurà que se habÃa montado desde el gobierno una operaciÃn en contra del ex regente para presentarlo como un chivo expiatorio en el crimen del sonorense.
ÂQuà habÃa ocurrido?
Apenas un dÃa despuÃs de haberse publicado el documento, el padre de Donaldo, Luis Colosio FernÃndez, declarà que Camacho no es un âdios ni un semidiosâ, por lo que considerà que la autoridad competente debÃa llamarlo a declarar. El mismo jueves 5 de octubre, Zedillo invità repentinamente a Los Pinos a siete periodistas. Ante ellos reafirmÃ, categÃrico, que en marzo de 1994 era clara la pretensiÃn de Camacho de ser candidato a la presidencia de la RepÃblica.
Sergio Sarmiento, columnista de Reforma, le preguntà por quà insistÃa en seÃalar las pretensiones de Camacho si Ãste habÃa hecho las paces con Colosio durante la cena que se realizà en casa de Luis MartÃnez.
–Con todo respeto âaclarà el presidente–, esas informaciones nunca provinieron de fuentes del licenciado Colosio. Varios escuchamos directamente del licenciado Colosio comentarios sobre la misma, y la impresiÃn que tenemos no coincide con lo que en principio se filtrÃ. No quiero que se le dà otra connotaciÃn. ÂDe ninguna manera!
âLa impresiÃn de la cena de Colosio no corresponde con lo que usted escribià el otro dÃa âSarmiento se habÃa referido al tema en su columna–. Y ya sà que usted refleja informaciÃn de muy atrÃsâ.
–Nos puede decir cuÃles fueron los comentarios del candidato sobre la cena? âpreguntà uno de los convocados a Los Pinos.
–No tiene remedio (Camacho). Ese fue su comentario.
El viernes 6, Emilio Chuayffet secretario de GobernaciÃn, aprovechà en CancÃn, Quintana Roo, el foro de un evento organizado por los concesionarios de la radio y la televisiÃn del paÃs, para arremeter contra Camacho:
âNo tienen remedio quienes siguen ostentÃndose en MÃxico como demÃcratas para solapar su ambiciÃn en la penumbra. Siguen igual. Siguen sin perdonarle a MÃxico el haberse privado de su liderazgo. Siguen tambiÃn con su perfil siempre ambiguo, cuidÃndose de usar un lenguaje claro: ni rompen de una vez ni se reconcilian, juega a regatear un apoyo que al gobierno le es innecesarioâ.
Eso no fue todo:
âEstÃn condenados a recrear obsesivamente la posibilidad de un regreso que no vendrÃ. Su estrategia es pura tragedia: la indefiniciÃn; la de ayer, defender al gobierno mientras les ofrecÃa esperanza; la de hoy, atacarlo porque no alcanzaron lo que suponÃan que debÃan merecer.
âQue no se vayan a llamar mÃrtires quienes generaban artificialmente problemas para emerger concertadores; quienes usaron sus cargos para reclutar propagandistas; quienes incurrieron en el desvÃo del poder, en su acepciÃn jurÃdica, para causar daÃo a MÃxico y alcanzar mÃs poder. Y aquà si no hay doble lenguaje ni cartas acadÃmicas; aquellos a los que les viene el saco, siempre turbados e hiperactivos, nos darÃn pronto una mÃs de sus equÃvocas y confusas respuestasâ.
Ese mismo dÃa se habÃa difundido en los medios una carta que, desde la vÃspera, Camacho habÃa enviado al padre de Colosio. En ella lamentaba que aÃn no se esclareciera el crimen y aludÃa tambiÃn a la cena que sostuvo con el sonorense:
âAhà coincidimos en la necesidad de una transiciÃn democrÃtica. DespuÃs vino mi decisiÃn de declarar que entre una candidatura y la paz escogÃa la paz. Vino tambiÃn su declaraciÃn del 22 de marzo dÃnde Ãl hizo pÃblica la convergencia personal y polÃtica entre nosotros. Mucho le agradezco a Luis Donaldo esas palabras generosas que dio a conocer desde Sinaloaâ.
DeslindÃndose, Camacho subrayÃ: âDon Luis, contra lo que quieren hacer aparecer algunos, yo no fui ni podÃa ser beneficiario de la muerte de Luis Donaldo Colosio. El dÃa 24 reiterà lo que habÃa dicho el dÃa 22: bajo ninguna circunstancia aceptarÃa ser candidatoâ.
Y concluyÃ:
âDon Luis, en lo que toca al esclarecimiento del asesinato de Luis Donaldo, yo estoy a su lado, cuenta usted conmigo en la forma que usted me indique. Su interÃs y el mÃo, como el de todos los mexicanos, es que se identifique plenamente y se juzgue a los responsables del crimenâ.
AdelantÃndose a su futuro, el entonces acadÃmico escribià en la revista Vuelta de Octavio Paz, en 1977:
âEntre quienes estÃn en el grupo gobernante y quienes son expulsados o no serÃn aceptados existen estadios intermedios. Los mÃs comunes son los de aquellos que estÃn âpurgando sexenalmente sus pecadosâ y los de quienes estÃn en el limbo, o sea, âquienes al nacer murieron polÃticamenteâ. Pero lo mÃs terrible ocurre cuando se condena a un polÃtico al âinfiernoâ.â
