El 16 de junio de 2000 llegà a los cines Amores perros, la pelÃcula que cambià para siempre al cine mexicano. A 25 aÃos de su estreno, miembros del equipo revelan detalles poco conocidos del complejo rodaje que Alejandro GonzÃlez IÃÃrritu y su equipo enfrentaron en las calles mÃs crudas de la Ciudad de MÃxico.
Uno de los mayores desafÃos ocurrià en Tacubaya, donde bandas locales interrumpieron el rodaje de escenas de peleas de perros, vaciando el set e incluso amarrando al cuidador que se quedà vigilando. La soluciÃn llegà tras negociar directamente con las âautoridades no oficialesâ de la zona.
Carlos Hidalgo, asistente de direcciÃn, recuerda el ambiente tenso: âNos decÃan que fuÃramos a hablar con los que nos asaltaronâ y ahà vivÃan, en la esquinaâ. La cinta, que tardà cuatro meses en planearse, rompià esquemas de producciÃn en MÃxico.
Gabriela Diaque, diseÃadora de vestuario, fue clave en la estÃtica callejera del filme. Inspirada por vendedores del Tianguis del Chopo y jÃvenes en el mercado de Meyehualco, perseguÃa personajes reales para capturar su esencia. La icÃnica chamarra de Octavio fue comprada a un joven por mil pesos, directamente en la calle.
La famosa escena del choque en la Condesa se logrà en un solo dÃa con 14 cÃmaras, un par de autos y una lluvia inesperada que casi lo arruina todo. «El stunt frenà justo antes del impacto real, solo rompià una calavera. Fue mÃgico», cuenta Hidalgo.
Incluso el perro protagonista, El Cofi, tuvo maquillista y doble. David Ruiz Gameros diseÃaba sus heridas con maquillaje especial para evitar cualquier daÃo real, y se grabà un making of para mostrar a protectoras de animales que ningÃn perro fue lastimado.
Con mÃs de 3 millones de espectadores en su estreno y premios en Cannes, Amores perros se convirtià en piedra angular del nuevo cine mexicano. A un cuarto de siglo de su estreno, su historia detrÃs de cÃmaras tambiÃn merece ser contada.
