Hermosillo, Sonora. Viernes 2 de octubre de 2026. Durante las jornadas de temperaturas elevadas, es común experimentar una sensación inmediata de pesadez, aletargamiento y un deseo incontenible de tomar una siesta. Lejos de tratarse de simple pereza, esta reacción responde a una serie de procesos fisiológicos y adaptativos que el organismo activa de manera automática para regular su temperatura interna y evitar el sobrecalentamiento.
Especialistas en fisiología explican que mantener los órganos vitales en el rango térmico óptimo —entre los 36.5 °C y 37 °C— exige una cantidad considerable de energía al cuerpo humano, lo que se traduce de forma directa en cansancio y somnolencia durante las horas de mayor radiación solar.
Mecanismos del cansancio térmico y la paradoja nocturna
La interacción entre el calor ambiental y el organismo involucra cuatro factores determinantes:
- Gasto calórico en termorregulación: El sistema nervioso autónomo activa la sudoración y redirige la circulación para expulsar calor; este esfuerzo constante demanda reservas de energía y genera fatiga física.
- Vasodilatación y baja de presión arterial: Los vasos sanguíneos se dilatan para liberar calor por la piel, lo que disminuye levemente la presión arterial y reduce el flujo oxigenado hacia el cerebro y músculos, provocando letargo.
- Pérdida de agua y minerales: A través del sudor se pierden electrolitos (sodio y potasio), espesando ligeramente la sangre y obligando al corazón a trabajar con mayor intensidad para oxigenar el cuerpo.
- Insomnio por calor nocturno: Aunque durante el día el calor genera somnolencia, por la noche dificulta el descanso profundo, ya que el cuerpo necesita enfriar su núcleo entre 0.5 °C y 1 °C para liberar melatonina y alcanzar las fases reparadoras (REM y delta).
