De acuerdo con la Agencia Meteorológica de Japón y el Servicio Geológico de Estados Unidos, información retomada por CNN, el movimiento telúrico encendió las alertas en varias prefecturas. Con el paso del tiempo, el nivel de riesgo se redujo de alerta a advertencia, aunque las autoridades mantienen vigilancia constante.
El temblor se percibió durante varios minutos incluso en Tokio, lo que llevó al gobierno a activar protocolos de emergencia, realizar evacuaciones preventivas y suspender algunos servicios. Hasta ahora no se han reportado víctimas ni daños de consideración, pero la situación continúa bajo evaluación.
El epicentro se localizó frente a la costa este de la isla de Honshu, con afectaciones en regiones del noreste como Iwate, Aomori y Hokkaido. Inicialmente se emitió una alerta por olas de hasta tres metros, que posteriormente se ajustó a un aviso de oleaje de aproximadamente un metro en distintas zonas costeras.
El especialista en hidrodinámica Ioannis Karmpadakis advirtió que no es necesario que un tsunami sea de gran tamaño para causar daños, ya que el peligro radica en la fuerza con la que el agua entra y sale de forma repentina.
Tras el sismo, la primera ministra Sanae Takaichi exhortó a la población de las zonas bajo alerta a trasladarse de inmediato a áreas elevadas como medida preventiva.
