Las cosas por su nombre

Por RamÃn Alfonso Sallard

El de MÃxico es uno de los movimientos feministas mÃs potentes del mundo. Y este 8 de marzo, a lo largo y ancho del paÃs, quedarà demostrado una vez mÃs. En realidad, no existe un solo movimiento feminista, sino diversidad de corrientes y perspectivas, que se nutren de afluentes distintos e incluso contrapuestos. Debemos hablar de feminismos en plural. Aunque existen rezagos importantes visibilizados por la segunda y tercera ola, relacionados con la desigualdad y la discriminaciÃn que padece un amplio segmento de la poblaciÃn femenina empobrecida, està ya en marcha la cuarta ola, que se caracteriza por el activismo online y la lucha contra el acoso sexual, la violencia machista y los feminicidios. En esa materia, al igual que en el Ãmbito polÃtico, MÃxico està a la vanguardia. ÂEn comparaciÃn con quiÃn? Con Estados Unidos, para empezar.

Mientras que aquà se hicieron reformas legales que garantizan la paridad de gÃnero en puestos de representaciÃn popular y este aÃo se elegirà por primera vez a una mujer como presidenta de la RepÃblica, nuestros vecinos han sido incapaces de aprobar la enmienda constitucional de igualdad de derechos entre hombres y mujeres, redactada en 1923. En ese sentido, les llevamos casi medio siglo de ventaja (diciembre de 1974).

A mi juicio, para honrar a las primeras sufragistas nacionales (primera ola del feminismo) el gobierno federal tendrÃa que sumar a la conmemoraciÃn de Felipe Carrillo Puerto a su hermana Elvia Carrillo Puerto, porque fue la primera mexicana electa diputada al Congreso local de YucatÃn hace mÃs de 100 aÃos. Esta mujer, revolucionaria y bolchevique, segÃn sus detractores, compitià y ganà su curul el 18 de noviembre de 1923.

En esos comicios tambiÃn fueron elegidas Beatriz Peniche y Raquel Dzib, postuladas todas por el Partido Socialista del Sureste. Sin embargo, Elvia fue la que mÃs resistiÃ. Durà dos aÃos en el cargo. Fue obligada a renunciar porque a la oligarquÃa local, pero tambiÃn a los revolucionarios misÃginos, les resultaba inconcebible que una mujer hubiese derrotado a un hombre en elecciones directas, libres y secretas. Y mÃs agraviante resultaba para ellos que esa mujer libre apoyara el divorcio sobre la base de la igualdad entre mujeres y hombres.

Las amenazas de muerte pesaron mÃs y Elvia se tuvo que exiliar en la Ciudad de MÃxico, donde continuà su lucha. CorrÃa el riesgo de ser fusilada, como le sucedià a Felipe Carrillo Puerto y a tres de sus hermanos. Felipe era gobernador de YucatÃn cuando una asonada militar lo depuso y lo pasà por las armas el 3 de enero de 1924. El siguiente paso fue cancelar el derecho de las mujeres a votar y a ser votadas. Y nadie mÃs lo intentà de nuevo hasta que en 1953 se reconocieron finalmente esos derechos a nivel federal.

El impulso feminista yucateco no naciÃ, sin embargo, con los hermanos Carrillo Puerto, sino con la administraciÃn precedente. El gobernador de entonces, un general revolucionario, fue quien promovià los dos congresos feministas que se realizaron en MÃrida en junio y diciembre de 1916, con la idea de que sus resultados se vieran reflejados en la ConstituciÃn de 1917. Pero los diputados constituyentes rechazaron a las sufragistas por el presunto clericalismo que prevalecÃa en el segmento femenino, lo cual podÃa influir en su voto y en el retorno de los conservadores al poder. En realidad, prevalecià la misoginia y el machismo.

ÂQuiÃn fue ese gobernador que impulsà los dos congresos feministas de 1916 y el reconocimiento al derecho de las mujeres para votar y ser votadas? Nacià en Sinaloa. Era sonorense por adopciÃn y yucateco por su gran obra. Hijo del Partido Liberal magonista, formado polÃticamente en Cananea. Me refiero a Salvador Alvarado.

Por su parte, el movimiento sufragista estadounidense, que inicià mucho antes que el mexicano –a mediados del siglo XIX–, estuvo inspirado por la DeclaraciÃn de Independencia y la lucha por la aboliciÃn de la esclavitud. En 1920, la primera ola del feminismo, integrada por diferentes corrientes y estrategias, logrà que se aprobara la Decimonovena Enmienda a la ConstituciÃn de los Estados Unidos, que reconoce el derecho al voto a las mujeres. Ese mismo aÃo Jeannette Rankin se convirtià en la primera mujer en ser elegida al Congreso de los EU.

Sin embargo, la Enmienda de Igualdad de Derechos (ERA), redactada en 1923 por Alice Paul y Crystal Eastman, fue congelada por los sectores mÃs conservadores de ese paÃs durante casi medio siglo. En la dÃcada de 1960, con el auge de la segunda ola del feminismo, que se centrà en la liberaciÃn sexual de las mujeres, la lucha contra la violencia de gÃnero y la reivindicaciÃn de la igualdad en el Ãmbito laboral y familiar, se retomaron las demandas insatisfechas de la primera ola, que, en sÃntesis, exigÃa la igualdad legal de las mujeres, lo cual incluÃa el derecho al voto, el derecho a la educaciÃn y el derecho a la propiedad.

La ERA obtuvo un apoyo cada vez mayor y, tras ser reintroducida por la congresista Martha Griffiths en 1971, la CÃmara de Representantes aprobà finalmente la enmienda el 12 de octubre de 1971. El Senado hizo lo propio el 22 de marzo de 1972. La ERA fue enviada entonces a las legislaturas de los estados para su ratificaciÃn, segÃn lo dispuesto en el artÃculo V de la ConstituciÃn de los Estados Unidos (se requiere la aprobaciÃn de tres cuartos de las legislaturas estatales para la promulgaciÃn de una enmienda constitucional).

Desde 1959, la uniÃn americana cuenta con 50 estados. Por tanto, la enmienda necesitaba de 38 ratificaciones. Para 1977, 35 entidades federativas la habÃan avalado. En ese momento, la reforma contaba con amplio apoyo bipartidista. El plazo para la ratificaciÃn vencÃa originalmente el 22 de marzo de 1979. Antes de esa fecha, sin embargo, cinco legislaturas estatales votaron para revocar sus ratificaciones. Y aunque el plazo se amplià hasta el 30 de junio de 1982, la revoluciÃn conservadora de Ronald Reagan congelà nuevamente la enmienda de igualdad.

A partir de entonces, y fuera de los plazos original y ampliado, las legislaturas de varios estados mÃs han ratificado la enmienda de igualdad. Virginia fue el Ãltimo en hacerlo en 2020, convirtiÃndose asà en el voto 38. Ese mismo aÃo, durante el gobierno de Donald Trump, el Departamento de Justicia declarà que la ERA no habÃa sido ratificada y, por tanto, no forma parte de la ConstituciÃn de EU. En 2021 el Congreso aprobà una resoluciÃn para eliminar el plazo de ratificaciÃn de la enmienda. En 2022, la CÃmara de Representantes aprobà la ERA por tercera vez, pero hasta la fecha el Senado no lo ha hecho. Cuando suceda, habrà que enviar de nuevo el documento a los estados para que al menos 38 legislaturas estatales lo ratifiquen.

ÂQuà dice la cuestionada enmienda? Lo siguiente:

ARTÃCULO-

SecciÃn 1. La igualdad de derechos ante la ley no serà negada o coartada por los Estados Unidos ni por ningÃn Estado por razÃn de sexo.

SecciÃn 2. El Congreso tendrà la facultad de hacer cumplir, mediante la legislaciÃn apropiada, las disposiciones de este artÃculo.

Sec. 3. Esta enmienda entrarà en vigor dos aÃos despuÃs de la fecha de su ratificaciÃn.

Dicho de otra manera: a pesar de que los feminismos de derecha ponen de ejemplo a Estados Unidos, la verdad es que allà siguen peleando por un derecho que se ha exigido desde la primera ola y que, en la actualidad, ninguna democracia constitucional cuestiona ni mucho menos restringe. De esa magnitud el atraso.

Por Redaccion

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