RamÃn Alfonso Sallard
El acrÃnimo TACO (Trump Always Chiken Out), atribuido al orate naranja, surgià en Wall Street por operadores de bolsa que detectaron un patrÃn consistente en su conducta: retrocedÃa sin rubor despuÃs de amenazar, insultar, extorsionar y agredir a su objetivo cada vez que la realidad fÃctica le imponÃa lÃmites. Los dos elementos medibles que suelen predecir el retroceso son los nÃmeros rojos del sistema financiero y las encuestas de aprobaciÃn a la baja.
Pues bien: Trump se echà para atrÃs de nuevo. DespuÃs de dar un ultimÃtum de 48 horas a IrÃn para reabrir el Estrecho de Ormuz, se inventà una inexistente ânegociaciÃn exitosaâ con el gobierno persa para justificar la cancelaciÃn de su amenaza de borrar a ese paÃs de la faz de la tierra. Y los iranÃes, que ya le tomaron la medida, respondieron con una baterÃa de bombas reales, y otras de construcciÃn yucateca. Imaginemos, en este caso, al nuevo lÃder mÃximo de la RevoluciÃn IslÃmica bailando una jarana con su pareja gringa, sobre las espaldas de los esbirros sionistas y los lacayos Ãrabes en la regiÃn.
La guerra es un asunto trÃgico, doloroso, serio. Sin embargo, en la cosmovisiÃn de algunos pueblos con civilizaciones antiguas como los persas o los mayas, la muerte y la dignidad tienen significados distintos y distantes de los de los que prevalecen en Estados Unidos, un paÃs de reciente conformaciÃn en donde la cultura individualista de origen anglosajÃn arrasa con todo. En el paÃs de las barras y las estrellas el honor es lo de menos. Lo que importa es el Ãxito, principalmente econÃmico, al margen de lo que se haya hecho para conseguirlo. En la naciÃn que divide a sus ciudadanos en ganadores y perdedores, la mÃxima de Vince Lombardi resume su constructo social: «Ganar no es todo, es lo Ãnico» (Winning isn’t everything, it’s the only thing). Si no ganan se desmoralizan. Son producto social desechable.
En IrÃn, en cambio, el magnicidio de su jefe de Estado y lÃder espiritual, el ayatolà Jamenei, lejos de desmoralizar a su pueblo, lo estimulà y unià frente a los agresores estadounidenses e israelÃes. La muerte causada por el enemigo, desde su perspectiva religiosa, significa martirio y coloca al mÃrtir en el reino de dios. Sobre esa concepciÃn se ha construido la identidad y pertenencia de la naciÃn iranÃ. Asà que el asesinato de dirigentes polÃticos, militares y religiosos de la cÃpula gobernante en esta guerra, solamente estimulan la moral del pueblo, en contraposiciÃn con lo que sucede en Israel, Estados Unidos y paÃses âaliadosâ.
Ahora que los agresores estÃn empezando a dimensionar la magnitud de su error estratÃgico, la bomba pÃcara es mejor que la real, porque no mata pero sà tizna, sobre todo si los destinatarios exhiben tan claramente su narcicismo patolÃgico. Como es sabido, las bombas yucatecas se componen, generalmente, de una cuarteta o una redondilla octosÃlaba, que se declama en honor de la persona con la que se baila o que hace alusiÃn al momento que se vive y goza. En pleno baile, uno de los integrantes de la pareja lo interrumpe gritando: ÂBomba! Enseguida la recita, buscando la aprobaciÃn del pÃblico, antes de continuar la jarana. Van pues:
ÂBomba!
El persa baila jarana
con su pareja del norte,
sobre la espalda villana
del lacayo y su consorte.
ÂBomba!
El ayatolà bailÃ
jarana con el villano;
Trump quiso ser muy tirano,
Âpero el TACO se rajÃ!
ÂBomba!
Trump dio un plazo de dos dÃas
pa’ borrar a todo IrÃn,
pero Âay, quà grandes porfÃas!:
se inventà un trato, ÂgalÃn!
ÂBomba!
Trump inventà un arreglito
pa’ tapar su cobardÃa,
pero IrÃn, con ironÃa,
le bailà un son bien bonito.
